El nacionalismo sionista (XIII).
El Holocausto y el Estado de Israel (II).
La teología judía de la posguerra se ha dividido radicalmente, y ha encontrado serias dificultades para asimilar la excepcionalidad de la Shoáh -su carácter único, excesivo, tanto entre los males que han afligido a los hombres, como entre las durísimas "pruebas" que el pueblo judío ha soportado a lo largo de su triste historia -en el marco de una teodicea que no sólo concibe a Dios como bueno y todopoderoso, en lo que coincide con el cristianismo, sino que además cree que eligió al pueblo judío para desempeñar un papel especial, salvador, en la historia del mundo. ¿Cómo puede ese Dios haber querido, previsto o consentido el Mal Absoluto para su pueblo elegido? ¿Cómo no pensar que no es omnipotente, no es bueno, o simplemente no es?
A la mayoría de los judíos no les satisfizo la respuesta ultraortodoxa que interpretó el Holocausto como una desgracia análoga a las pasadas "destrucciones" del primero y el segundo Templos (al "exilio babilónico" y a la diáspora provocada por la represión romana) y lo consideró un justo castigo de Dios por la blasfemia sionista. Tampoco llegó por ello la mayoría de los creyentes al extremo opuesto de concluir, como Richard Rubinstein en After Auschwitz, Radical theology and contemporary Judaism (1966), que el Holocausto era simple y llanamente irreconciliable con la noción de un Dios bueno, todopoderoso y salvador que actúa en la historia: para Rubinstein, en tanto que acontecimiento decisivo de la historia judía, el Holocausto sería la evidencia conclusiva de que Dios no existe, y los pueblos harían bien, por consiguiente, en dejar de centrarse en Dios, esperando derivar de él el sentido de la existencia, para centrarse en la comunidad de Israel y entregarse a la tarea de crear su propio significado. En medio de ambas posturas extremas se encuentra Eliezer Berkovits, que explora desesperadamente - en Faith alter the Holocaust (1973) y God in Hell (1979)- todas las posibles respuestas que puede suministrar la tradición bíblica: el "Dios que se esconde" (Isaías, 45:15) y que parece ausente de la experiencia del creyente; el "siervo sufriente" (Isaías 52:13-53:12) que padece por los pecados de otros, la "santificación del nombre" (Kiddush Ha-Shem) de quienes entregan su vida antes que traicionar al judaísmo, el "sacrificio de Isaac, la historia de Job, etc. Cuatro aspectos de sus conclusiones, más alternativas que conciliables, nos interesan aquí: 1) El Holocausto no puede considerarse una "castigo a la impiedad" (sionista o de otro tipo), porque entre sus víctimas abundaban los más piadosos y fieles de los judíos, y porque ningún pecado puede ser merecedor de tan desmesurado castigo: 2) Las víctimas del Holocausto no fueron mártires, elegidos para morir por su fe judía, porque perecieron juntos, indistintamente, piadosos judíos, conversos al cristianismo y ateos; 3) No hay posible "respuesta" al Holocausto sin referencia a alguna forma de vida después de la muerte (¡hasta Job pudo asistir al final de sus incomprensibles males!); 4) la prueba de la final vindicación de las fuerzas del bien sobre el mal, que muestra a Dios actuando en la historia en el Estado de Israel.
El resultado final de la difícil conciliación de esas "respuestas" es un sionismo religioso "cristianizado" que halla una tenue "compensación" al mal padecido por las víctimas en la esperanza de una bienaventuranza ultraterrena y en los beneficios terrenales del Estado de Israel, pero que tiene al menos la decencia de no apropiarse de las víctimas como mártires. Algo que, sin embargo, no tendrá escrúpulo alguno en hacer desde muy pronto (simbolizándolo en la proclamación, en 1951, del día de la Shoáh) el sionismo secular huérfano de justificación pragmática.
No hay apropiación religiosa judía de las víctimas de la Shoáh, pero sí apropiación sionista de esos seis millones de muertos, muchos de los cuales ni se creían ni se querían judíos, convertidos en mártires de una nación que no les preexistía y que nace de sus cenizas, de la fraudulenta comparecencia de los ciudadanos israelitas como herederos de los beneficios políticos producidos, a modo de pobre compensación de una deuda infinita, por el dolor y la muerte irreparables de los condenados al eterno silencio. Mediante la identificación trascendental de los israelitas actuales con las víctimas del Holocausto, el sionismo secular encuentra su propio fundamento religioso autónomo, independiente del judaísmo, en su conversión de los seis millones de muertos de la Shoáh en cuerpo místico de la nación judía que legitima su explotación de la culpa infinita de un Occidente antisemita, autor o cómplice del genocidio judío, y se blinda emocionalmente, mediante esa identificación tabuizada, a toda crítica ideológica.
Por lo general, las naciones nacen de quienes entregan voluntariamente su vida por esa entelequia y perduran enviando periódicamente a sus hijos a la muerte; sólo Israel se ha encontrado ya realizada la acumulación originaria del capital de muertos que constituye los cimientos de toda nación y no ha desdeñado rentabilizarla. La más grosera instrumentalización política de esa capitalización ideológica fue la declaración del entonces primer ministro Menahem Begin, durante la invasión israelita de Líbano en 1982, de que su objetivo era "capturar a Adolf Hitler", Yasser Arafat, en su búnker de Beirut, declaración que suena doblemente cínica a la luz de las afinidades con el fascismo europeo de los años 30 del sionismo revisionista de la Irgum contra los británicos. Begin estuvo mezclado en todos los episodios de guerra civil entre los judíos (*) y se formó en las filas del movimiento sionista juvenil Bétar, cuyo héroe inspirador, Joseph Trumperdor, murió el 1 de marzo de 1920, combatiendo a los árabes en el pueblo palestino de Tel Haï y pronunciando al expirar el necrófilo epitafio de todos los nacionalistas -"Es bueno morir por la patria"- que el sionismo se atrevió a colocar sobre los seis millones de víctimas involuntarias del Holocausto.
Nada más revelador de esa fraudulenta apropiación simbólica que la apretada sucesión ritual de festividades laicas establecidas por la "religión civil" sionista en la estación de la regeneración, en primavera: siete días después del día del recuerdo de la Shoah (denominado oficialmente "día de la Shoah y del heroísmo"), se celebra en Israel el Memorial Day de los soldados muertos en las diferentes guerras emprendidas por el Estado y, al día siguiente de este recuerdo de los mártires por la patria, se festeja el Día de la Independencia. Esas tres festividades son los símbolos más respetados y compartidos en Israel, y sólo los haredim ultra-ortodoxos y anti-sionitas se atreven a ponerlos en cuestión.
(Fuentes: J.Aranzadi: El escudo de Arquíloco)







Querido amigo
No hay "dios" que solucione este enfrentamiento. Da igual que cambie de Presidente (Obama ha reconocido a Israel el derecho a defenderse) porque hay mucho dinero e intereses no sólo políticos sino culturales, territoriales,económicos...
Observa y lee este enlace. Gaza asentada en un territorio de gas natural descubiertas en 1999
http://www.kaosenlared.net/noticia/gas-eslabon-perdido-invasion-g...
Y por otro lado, si tenemos a "enfermos" que pudieran llegar al poder y que a pesar de ser judios se declaran admiradores de Hitler
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Likud/Netanyahu/esco...
No seré yo quien defienda a Hamas (estaría bueno) pero últimamente estoy escuchando a más gente de la que debiera, justificar que Hitler ganó unas elecciones por mayoría ¿eso le hace bueno? por ese razonamiento Hamas también con 78 de los 138 escaños.
Estas varas de medir de tolerar o condenar a conveniencia es lo que tiene al mundo descolocado y si hablamos del genocidio que por "omisión de auxilio" está ocurriendo en Africa, es para volverse loco.
Y de postre, te dejo este otro enlace porque los Mass Media, también tienen mucha culpa.
http://www.dailymotion.com/video/x7zvef_las-reglas-del-terrorismo...
Sitos
Muchos criterios ante un hecho aberrante, el holocausto como castigo, concebido como prueba de que Dios no existe...en fin, personalmente creo que el único responsable fue un maldito loco que se creía un elegido,
Hitler, un ser abominable.
Se ve bien en tu blog Bush.
Un abrazo.
Amiga mía,
¡Excelente tu aporte y muy ilustrativos los enlaces que propones!
Dices bien en que ésto no hay ni "dios", que pueda resolverlo; es más -añado- la invocación a ese otro Dios (judío o árabe) no hace otra cosa que complicarlo aún más y hacerlo "imposibe" al intervenir la religión, con todo lo que ésta tiene de sectária, dogmática y su gran capacidad para atraer adeptos.
Debido a su complejidad y para no caer en maniqueísmos preconcebidos, en ésta primera parte de mi extensa exposición he querido sacar a la luz los fundamentos teórico-filosóficos y político-religiosos que se encuentran en la raíz del imaginario sionista previo a la creación del Estado de Israel. Más adelante, iremos asistiendo -en diferentes partes- al momento fundacional, a los diferentes conflictos armados entre árabes y judíos y comprobaremos cómo, en la actualidad, el sionismo nacionalista, en íntima conexión con los ultra-ortodoxos religiosos de tinte mesiánico y la extrema-derecha política, se han hecho con el control del Estado. Me basaré para ello en documentos de primera magnitud y de indudable fiabilidad ya que corresponden a documentación desclasificada - secreta en su día- del propio Estado judío.
En el orígen de tamaño desastre humano y político se encuentra la visión imperialista y étno-céntrica de las potencias occidentales que dieron luz verde a la creación del nuevo Estado, las mismas potencias que, hoy día, bajo una concepción geo-estratégica y con el mismo étno-centrísmo -Israel, es uno de "los nuestros"- lo apoyan y defienden. En todo caso, no es otra cosa que una muestra más de la doble moral con la que actúan las potencias occidentales.
Hamás, amiga, no es otra cosa que una creación del Mossad -al igual que el movimiento Talibán fue creado por la CIA- para debilitar a Al-Fatah, y, en la actualidad, Israel busca el enfrentamiento entre ambas facciones árabes ya que una guerra civíl entre éstas le vendría "de perlas".¿Hamás, un movimiento terrorista? ¡Todo estará en función de en dónde situamos el listón de partida! ¿Cabría calificar cómo terroristas a los guerrilleros españoles que combatieron a las tropas napoleónicas? ¿Y, a los "maquis" franceses durante la II Guerra Mundial? Si lo colocamos en una posición más acorde con la realidad y, por tanto, más objetiva, ¿de qué forma calificaríamos un bombardeo "de saturación" realizado por aviones B-52 y desde 30.000 pies de altura? ¿qué decimos del lanzamiento de bombas "de fragmentación" o de fósforo blanco por parte de la aviación isrelí?
Por otra parte, si Hamás ha merecido el apoyo del pueblo alguna razón habrá para ello y no creo que sea porque los árabes de Gaza sean todos unos terrorista en potencia sedientos de sangre y de venganza, independientemente de que, en Hamás -cómo en todo movimiento político-, intervengan factores externos y prime la ideología más radical. ¿No será acaso que, ese pueblo, se siente traicionado por el cambio de actitud de Fatah -mucho más acomodaticio con Israel y aceptando, prácticamente, el statu quo actual- mientras que ve en Hamás -aparte de una ayuda material más efectiva y directa- la defensa de sus intereses territoriales, culturales y como pueblo, frente a un enemigo implacable que les condena al confinamiento, que les ataca por tierra, mar y aire y que demuestra no tener piedad alguna como, por ejemplo, fracturando los huesos de la mano de aquellos niños que se atreven a lanzar piedras contra los tanques hebréos o arrasando con buldozers casas y tierras de las familias de los activistas árabes considerados "terroristas" -o simples activistas- por los judíos. Hecho que llegó a costarle la vida a Rachel Corrie, activista norteamericana perteneciente al Movimiento de Solaridad Internacional y que murió aplastada -asesinada, diría yo- por un buldozer judío cuando defendía con su propio cuerpo una casa árabe.
Querásmolo o no, amiga mía, la Verdad al igual que la Libertad absoluta, no existe en nuestro mundo, hay demasiados intereses en juego para ello. Por eso los Mass Media no hacen otra cosa que repetir "la voz de su amo", y toda información obtenida a través de ellos debe ser pasada por el tamiz del sentido común y de nuestro propio conocimiento. Esta misma tarde, aburrido, he visto en el canal "Historia" de la Tv un documental sobre un cuerpo jurídico que opera dentro de las FFAA de los Estados Unidos y he sentido vergüenza ajena: todo un panfleto propagandístico en la línea que denuncia el clip al que me has remitido.
Supuestamente, los altos mandos norteamericanos reciben -en sus operaciones militares- consejo y asesoramiento por parte de este cuerpo jurídico para cumplir con las leyes de guerra y no contravenir los distintos Convenios de Ginebra en esta materia -por cierto, se menciona el ataque al hotel Palestina en el que asesinaron a dos periodistas, entre ellos, a nuestro compatriota, Couso-, en definitiva, para no incurrir en crímenes de guerra. Si no supiéramos lo que es la guerra, si no hiciéramos uso de nuestra experiencia y nuestro conocimiento sobre estos temas, podríamos llegar a creer lo que se nos propone pero, lamentablemente, nuestra memoria alcanza hasta Dresde, Hirosima o Mi Lai y ya no "mordemos el anzuelo" tan fácilmente. Por cierto, estos tres hechos históricos que señalo en qué capítulo habría que incluirlos..¿acciones de guerra, o actos de terrorismo?
Sitos.
Amiga Laurencia,
Creo que te he dicho ya que no creo en dioses, sería capaz de creer en un Jesús que intentó una revolución socio-política en su tiempo, pero para nada, en una Iglesia que predica y practíca algo diametralmente opuesto a su mensaje.
El Holocausto judío es la mejor prueba de hasta dónde pueda llegar la locura humana cuando levanta ideologías racistas, máxime , si se mezclan con componentes religiosos o clasistas. Lamentablemente no ha sido el único en la historia de la humanidad y lo más dramático es que, de éstos hechos, algunos obtienen ventajas. ¿Cómo si no el contemplar hoy día la forma con la que se "celebra" en occidente el "descubrimiento de América", obviando lo que supuso el genocidio de los pueblos indígenas que la habitaban?
Habría que preguntarse lo que, magistralmente, explica Eduardo Galeano:
"...los que vivían allí, acaso....¿eran ciegos"
Gracias amiga, por permitirme hacer uso del cartel sobre Bush.
Un beso.
Hombre, un Saludo y encantao de tenerte de nuevo por aquí.
Artxil, amigo,
Cierto, de nuevo por aquí y encantado de verte por casa.
Abrazos.