El nacionalismo sionista (XXI)
La Shoah y el sionismo (III).
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Una sociedad que, como la sociedad moderna, promociona una ética formal del cumplimiento del deber en unas condiciones caracterizadas por "la producción social de indeferencia moral". (las acciones no tienen valor moral intrÃnseco; es bueno lo que la autoridad ordena) y por "la producción social de invisibilidad moral" (la multiplicación de mediaciones hace invisibles los efectos de las propias acciones), carece de resortes morales para reaccionar en contra de la movilización de su eficaz aparato burocrático-industrial al servicio de fines (sanitarios, por ejemplo), cuya bondad está socialmente sancionada por la autoridad cientÃfica (de los biólogos racistas, por ejemplo, que consideraron un imperativo higiénico la eliminación de la enfermedad judÃa, o de los psicólogos innatistas que consideraron inútil invertir en la educación de los negros con "inteligencia natural" inferior). En esas condiciones, personas normales, excelentes y bondadosos padres de familia, intachables ciudadanos respetuosos de las leyes, pueden convertirse en "irresponsables" ejecutores de un plan racional de erradicación y exterminio de las "malas hierbas" de la sociedad.
No obstante, aun cuando se diverja de ese diagnóstico autocrÃtico y se considere ciegamente a la Civilización Moderna libre de toda responsabilidad en la realización del Holocausto y a las sociedades democráticas contemporáneas libre de toda contaminación con los resortes sociales y morales que posibilitaron su ejecución, no es posible evadir, cuando menos, la responsabilidad histórica de Occidente en su perpetración. No es posible ocultar que el Occidente liberal-democrático se mostró incapaz, a lo largo de dos siglos, de emancipar polÃticamente y asimilar culturalmente a los judÃos (y a los antiguos judÃos que habÃan abandonado su religión e incluso su nombre) la prometida igualdad ante la ley, sin discriminación por motivos de raza, credo, condición social o ideológica, se mostró incapaz de garantizarles ni siquiera la supervivencia y los dejó solos y abandonados frente al exterminio masivo organizado por una de sus naciones más modernas, civilizadas, cultas y desarrolladas.
No es posible ocultar que, con independencia de la responsabilidad que la Modernidad tuviera en su génesis, el Holocausto fue la tumba de la ilustración, la muestra más acabada de la incapacidad de las sociedades de Occidente de organizarse con arreglo a los principios liberal-democráticos que proclaman.
(Fuentes: J.Aranzadi: El escudo de ArquÃloco)







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