El nacionalismo sionista (XIX)
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La Shoah y el sionismo (I).
Más allá de la controvertida significación religiosa e ideológica de la Shoah para el judaÃsmo y el sionismo, más allá de la patética paradoja de que la comunidad polÃtica internacional (la ONU) sólo se decidiera a crear un "Estado-refugio" para los judÃos de Europa después de casi su completo exterminio, más allá de los variables usos ideológicos del Holocausto por el sionismo y el Estado de Israel para obtener "comprensión" y legitimación, más allá de la polémica sobre la contribución positiva o negativa de la creación del Estado de Israel a la desaparición o disminución del antisemitismo, y con independencia de cuáles fueron los motivos "reales" y los intereses últimos ( de carácter económico, geopolÃtico, etc.) que llevaron a las potencias entonces hegemónicas (estados Unidos y la URSS) y a los Estados dependientes de ellas a fundar, reconocer y -en el caso norteamericano- apoyar y defender al Estado de Israel, lo que aquà quiero destacar -y sobre lo que creo hay un consenso mayoritario, incluso entre los que mantienen posturas absolutamente opuestas sobre los puntos anteriores- es que, del mismo modo que el nacimiento del sionismo es inexplicable sin comprender lo que tiene de reacción judÃa al antisemitismo europeo, el nacimiento del Estado de Israel es inexplicable sin comprender lo que tiene de reacción judÃa e internacional a la manifestación más extensa y criminal de su antisemitismo, la Shoah. Lo cual quiere decir que, al margen de cuál sea su significación religiosa o ideológica para los judÃos y sionistas, para la comunidad internacional, especialmente para los ciudadanos "occidentales" euro-norteamericanos, la significación polÃtico-ideológica del Estado de Israel es en gran medida deudora de la significación polÃtica-ideológica del Holocausto.
Lo cual es tanto como decir que es deudora de la significación polÃtico-ideológica del nazismo en la historia de la civilización occidental, asunto éste complejo donde los haya, que se entrelaza inevitablemente con el problema de la significación polÃtico-ideológica del comunismo soviético, y que sigue siendo objeto -como el problema general del totalitarismo occidental del siglo XX- de enconadas polémicas.
No obstante, dejando parcialmente al margen lo que pueda pensarse sobre esos complejos problemas, hay algo que sà va progresivamente reconociéndose de forma prácticamente unánime en el estricto terreno de los hechos. La responsabilidad por omisión de todos los Estados de Occidente, incluidos los liberal-democráticos, en el exterminio de los judÃos de Europa por los nazis, su escasa disposición -antes de la Solución Final- a servir de "refugio" a los judÃos huidos de la Europa Nazi (*), y su nula disposición durante la guerra, a reconocer y hacer pública su temprana información sobre los campos de exterminio y a emprender acciones bélicas que pudieran impedir, o cuando menos dificultar, el genocidio.
(*) El ejemplo más paradigmático de este rechazo internacional a ofrecer refugio a los judÃos perseguidos en Alemania es el caso del "St. Louis", un barco que zarpó de Alemania el 13 de mayo de 1939 con 930 judÃos que contaban con certificados de aceptación, con arreglo a las cuotas de inmigración, en Estados Unidos y Cuba. Pese a ello, ambos paÃses invalidaron esos documentos y se negaron repetidamente a permitirles desembarcar en sus puertos. Los intentos de que fueran aceptados por Chile, Paraguay, Argentina y Colombia fracasaron también y en junio emprendieron viaje de regreso a Europa, donde finalmente, tras vencer innumerables resistencias, fueron aceptado por Holanda, Bélgica y Gran Bretaña. Los que se refugiaron en los PaÃses Bajos no tardaron en caer en manos alemanas y en ser enviados a campos de concentración, los acogidos por Gran Bretaña, que en ese mismo momento ponÃa fuertes restricciones a la emigración judÃa a Palestina, entonces Protectorado inglés, fueron internados al poco tiempo, cuando comenzó la guerra, como "extranjeros enemigos; al menos salvaron la vida. Como muestra de modo muy gráfico el mapa "The search for safety. 1933-1945" elaborado por Martin Gilbert, los paÃses del mundo se clasificaban durante ese periodo, desde el punto de vista de las posibilidades de refugio para los judÃos, en cuatro categorÃas: paÃses bajo ocupación alemana en los que eran perseguidos, paÃses enteramente cerrados a la recepción de judÃos y paÃses parcialmente cerrados, que restringÃan la inmigración de judÃos por un sistema de cuotas más o menos rÃgido, o por otras barreras. En comparación con los 8 millones de judÃos que, en 1941, habÃa en Europa bajo el "control" de los nazis, de los cuales 6 millones morirÃan en el Holocausto, el número de judÃos que encontraron "refugio" en otros paÃses, entre 1933 y 1945, es trágicamente escaso; las cantidades más elevadas fueron 90000 en la Palestina bajo mandato británico, 250000 en la URSS, 71000 en la Gran Bretaña (cuyo gobierno rechazó en 1943 el llamamiento del Arzobispo de Canterbury a abandonar el sistema de cuotas) y 240000 en Estados Unidos (donde el congreso rechazó en 1940 la apertura de Alaska a los refugiados judÃos, y el Departamento de Estado se negó en 1943, a participar con el gobierno sueco en un plan de rescate de 20000 niños judÃos de Alemania).
 (Fuentes: J.Aranzadi: El escudo de ArquÃloco)







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