El nacionalismo sionista (XVIII)

Entre el pragmatismo y la ideología étnico-religiosa.

La primera tesis expuesta, la que hace referencia a la opción entre la justificación pragmática o la legitimación étnico-religiosa del Estado de Israel, se desprende por sí misma del análisis anterior a las variantes ideológicas del sionismo antes de 1949. Como se ha visto, la justificación del objetivo último del movimiento sionista, la creación del Estado de Israel, osciló, desde sus orígenes, entre dos polos: la necesidad pragmática de un "refugio estatal" que proteja a los judíos de un antisemitismo que se considera incurable y eterno, y la legitimación religiosa, basada en una u otra modalidad, más o menos ortodoxa o herética, de judaísmo sionista o de sionismo mesiánico. Las formas intermedias de sionismo "nacionalista" que se presentan como un nacionalismo secular basado en planteamientos "étnico-culturales", o son teóricamente inconsistentes y contradictorios, o son una versión aguada, un mal disfraz, del sionismo religioso.

Por lo que se refiere a la segunda tesis, la que ve la creación del Estado de Israel como el acta de defunción de los principios liberal-democráticos de la Modernidad Ilustrada, cabe dividirla en la respuesta a dos preguntas: 1) ¿Cuál es la relación entre la ideología sionista y los principios ideológicos liberales y democráticos característicos de la ilustración?, y 2) ¿Cuál fue la relación, en el proceso histórico-político efectivo de creación del Estado de Israel, entre los principios liberal-democráticos supuestamente profesados por el Occidente Moderno y los acontecimientos que hicieron ver como necesario un Estado judío?

En cuanto a la ideología sionista, creo que ha quedado sobradamente ilustrado -y el análisis de su evolución hasta hoy no hará sino corroborar esta conclusión- lo siguiente: Que el sionismo pragmático nace precisamente de la reflexión sobre el fracaso de los principios liberal-democráticos de la Ilustración para resolver el "problema judío" y para terminar con el antisemitismo (dos caras de una misma moneda); 2) Que el sionismo ideológico asigna a la política un fundamento religioso, teopolítico, incompatible con la secularización liberal-democrática de lo política que relega la religión al ámbito de lo privado; y 3) Que el sionismo práctico de los "constructores socialistas" de la sociedad judía en que se asienta el Estado de Israel es un sionismo socialista cuyos principios comunistas nacen como una explícita crítica, rechazo y superación de los principios individuales del liberalismo.

Que esto no impida a los ciudadanos y dirigentes del Estado de Israel, incluidos los laboristas provenientes de esa tradición socialista, adoptar la democracia como forma de gobierno y la economía de mercado, así como confesarse públicamente irreligiosos (nunca anti-religiosos) y defensores de ideologías seculares, no afecta ni un ápice a cuáles fueron los principios ideológicos en que se basó el sionismo y sobre los que se estableció el Estado de Israel. Únicamente nos obliga a reflexionar sobre la conciliación entre la democracia como forma de gobierno y los principios y valores étnico-religiosos en que se asienta en los sistemas políticos hegemónicos tras la Segunda Guerra Mundial: los representados por los Estados Unidos e Israel.

En cuanto al proceso histórico-político que condujo a la creación efectiva del Estado de Israel, la reflexión sobre su relación con principios de la Modernidad Ilustrada pasa por la reflexión sobre la relación con esos principios y valores del acontecimiento que es unánimemente considerado como el principal empujón práctico, la auténtica casa y condición de posibilidad del mayoritario apoyo judío a la creación del Estado de Israel y de su final aceptación internacional: la Shoah.

(Fuentes: J.Aranzadi: El escudo de Arquíloco)