El nacionalismo sionista (XIII)

La militancia comunista de Moses Hess.

Roma y Jerusalén

se publica en 1862, casi 20 años después de la redacción de La esencia del dinero y de La cuestión judía. Aunque es preferible dejar para después de la exposición de las ideas de ese libro la reflexión acerca de su relación con la evolución teórica respectiva de Hess y de Marx tras su estrecha colaboración en la década de 1840, es preciso sin embargo que demos antes una sucinta información sobre ella y sobre las principales actividades de Hess durante ese largo intervalo de tiempo y aún después.

En 1845, Hess y Engels fundan, en Alemania, una revista mensual titulada El Espejo de la Sociedad, y juntos se ponen a dirigir una "biblioteca de los mejores escritores socialistas del extranjero".

También en 1845, Hess colaboró con Marx y Engels en la redacción de La Ideología Alemana, principalmente en la polémica contra Stirner, y juntos forjaron el proyecto irrealizado, de una revista trimestral dirigida por los tres. Como miembro de la Liga de los Justos, Hess colaboró en varias revistas socialistas de la época, principalmente en la Gaceta Alemana de Bruselas. Un largo artículo de Hess, "Preguntas y respuestas: El trabajo y el placer. El dinero y la servidumbre", aparce en el Vorwärts en diciembre de 1844, en el que armoniza ideas de Fourier y Proudhon en el marco feuerbachiano de su teoría de la enajenación del dinero. En el Congreso de la Liga encargado de elaborarlo, se presentó junto a los Principios del Comunismo redactado por Engels, un Catecismo Comunista, redactado por Hess, que se ha perdido. Del encargo hecho por el Congreso a Marx y Engels surgió el Manifiesto Comunista (1848), publicado con el tiempo justo para orientar la acción de los miembros de la Liga en la revolución que estalla en Alemania ese mismo año.

Cabe suponer que las ideas expuestas por Hess en ese proyecto de manifiesto no eran muy distintas a las que desarrolla en sus tres artículos sobre "Las consecuencias de la revolución del proletariado", publicados en la Gaceta Alemana de Bruselas en octubre y noviembre de 1847, cuya lectura constituye el más rotundo mentís a la difundida tesis, tanto por autores marxistas como sionistas, de que el socialismo de Hess, siempre fundado únicamente en razones morales, se opone al socialismo de Marx y Engels, finalmente basado en exigencias puramente históricas y económicas

El problema que Hess aborda en esos artículos no puede ser más concreto, más "histórico" ni más "económico": "qué medidas habrán de adoptar los proletarios, una vez que, derrocando a las clases gobernantes, hayan conquistado el Poder político". Hess empieza por discutir si a los trabajadores les conviene más el librecambio o el proteccionismo, para acabar concluyendo que la "meta de toda la economía moderna, cualquiera de los dos sistemas que abrace, es siempre la explotación del trabajo en interés de los que no trabajan, en interés de los burgueses ricos". En su análisis de la gestación histórico-económica de "las condiciones previas a la revolución", Hess expone con toda claridad las nuevas ideas que Marx había ido elaborando entre 1844 y 1847, sobre "la ley económica según la cual todos los precios de las mercancías se reducen a su coste de producción", sobre la conversión del obrero en "una simple mercancía" y su necesidad de "venderse a los señores burgueses", sobre "el capital como trabajo almacenado, acumulado", sobre la simultánea génesis de las crisis capitalistas de sobreproducción y del empeoramiento de las condiciones de vida del proletariado, etc. Cabría decir que, en estos artículos, Hess se cobra la deuda teórica que Marx tenía con él desde que el artículo de aquél sobre La esencia del dinero abrió el camino de la filosofía joven-hegeliana hacia la economía política.

El fracaso de la revolución de 1848 no terminó con la militancia comunista de Hess: en 1850 la Liga Comunista se escindió y, mientras Marx quedó como líder de la mayoría, Hess se decantó por el sector minoritario liderado por Willich y Schapper, al que Marx estigmatizó como "fracción ultraizquierdista" y voluntarisa, incapaz de entender que las condiciones sociales de Alemania convertían en una empresa "aventurera y reaccionaria" cualquier intento de la Liga Comunista, condenada a la clandestinidad, de "derribar el Poder político imperante" en nombre del proletariado. En ese momento (1850) y no antes, hay que situar la ruptura entre Marx y Hess; una ruptura cuya causa fue, por sorprendente que pueda resultar a quienes prefieren ver al padre del sionismo como un moralista moderado, lo que Marx juzgó como el comunismo ultraizquierdista de Hees

 Ambas facciones de la Liga se disolvieron en 1852 y Hess se retiró entonces de la actividad política y aprovechó para estudiar antropología, fisiología y ciencias naturales en general, "pues estaba convencido de que la humanidad debería ser regenerada por el conocimiento científico aplicado por hombres capaces y de espíritu público"

Inspirándose en Spinoza, de quien Hess se declaró discípulo desde el título de su primera obra, La Historia Sagrada de la Humanidad según un discípulo de Spinoza, integra el socialismo en "la armoniosa conformidad a una ley que se manifiesta en diferentes esferas, lo cósmico, lo orgánico, lo físico y lo social, sin que haya posibilidad alguna de derivar una de otra". Proyectada a escala cosmológica, la idea central es la misma que presidía, aplicada entonces al ámbito socio-religioso, aquella temprana obra: la idea de una unidad armónica originaria de todas las esferas del Ser, cuya escisión debe ser reparada por la restauración mesiánica de aquella. El comunismo no será sino la manifestación social de esa ley mesiánicamente restaurada, y bajo el restablecimiento del matrimonio entre la tierra prometida y el pueblo escogido, que el sionismo de Hess propugna, no deja de latir la regeneración mesiánica de la naturaleza-física y orgánica nuevamente obediente a esa ley del Todo.

Hess, colaboró con Ferdinand Lassalle en la creación de su nueva Federación de Trabajadores Alemanes, que sentó los cimientos de toda la socialdemocracia europea, y su incorporación, en 1867, a la Asociación Internacional de Trabajadores, donde volvió a encontrarse con Marx y en la que combatió, representando al sector marxista de la misma, a la fracción anarquista de aquel mismo Bakunin a quien él había convertido al comunismo.

Lo menos que cabe concluir, por tanto, es que, como Isaiah Berlin se ve obligado a reconocer:

"Su sionismo no hizo que abandonara el socialismo. Evidentemente no sintió incompatibilidad entre los ideales comunistas y la creencia en un resurgimiento nacional judío... Hess no abandonó ni el socialismo ni el sionismo porque no vio incompatibilidad entre ellos".

(Fuentes: J.Aranzadi: El escudo de Arquíloco