El nacionalismo sionista (XII).
Bruno Bauer, Carlos Marx y Moses Hess ante La cuestión judía. (III)
Sin embargo, aunque mucho menos abundante en expresiones antisemitas de este tipo, el artículo de Hess no olvida referirse a los judíos como quienes "en la historia natural de los animales sociales, han tenido la tarea histórico-mundial de trabajar por la expulsión de la bestia de presa de la humanidad". Y han cumplido ya "su tarea profesional", desde el momento en que "el misterio del judaísmo y de la Cristiandad se ha vuelto manifiesto en el moderno mundo Judeo-Cristiano de tenderos mercenarios".
¿De qué modo y por qué, articula Marx -y en menor medida, Hess -la teoría de la enajenación de los hombres en el Dios-dinero, elaborada por el fundador del sionismo, como consideraciones "antisemitas" sobre la religión judía y sobre la condición social de los judíos?
Retomemos para contestar a esta pregunta, el artículo de Marx sobre La Cuestión judía en el punto en que lo dejamos. Después de haber justificado su rechazo a la posición de Bauer, para quien los judíos -y los Cristianos- sólo podían emanciparse políticamente si abandonaban su religión, después de haber mostrado que, como ocurre en Estados Unidos, la conservación de la religión privada, judía o cristiana, es perfectamente compatible con un Estado ateo, Marx afronta el problema de la emancipación humana de los judíos, de los cristianos, de los Hombres en general.
En este punto, se muestra de acuerdo con Bauer, con Feuerbach y con Hess en que, para conquistar su libertad, los hombres, sean judíos, cristianos o mahometanos, deben liberarse de toda religión. Pedro añade -de acuerdo en esto, sólo con Hess- que, para poder hacerlo realmente no basta, como Bauer quisiera, con un acto voluntario de la Conciencia, no basta con la negación ideológica de Dios, sino que es preciso suprimir las condiciones sociales que generan la religión; y estas condiciones son la oposición entre Estado y sociedad civil, y la propiedad privada que genera esa oposición. Lo cual equivale a decir que, para Marx, -como para Hess-, liberarse de la religión equivale a liberarse de toda escisión entre Cielo y Tierra, entre lo espiritual y lo material, de toda enajenación de la esencia, la vida y la actividad de los hombres es una instancia exterior a ellos (Dios, Estado, Dinero) convertida en ídolo que los domina y les permite, a cambio de su esclavitud, llevar una vida ilusoria proyectada en sus fetiches religiosos, políticos o económicos.
Consecuente con sus premisas -que comparte con Hess- de que la supresión de la religión (de la escisión) sólo puede lograrse mediante la suspensión de las condiciones sociales responsables de su surgimiento y perduración. Marx plantea que
"El problema de la capacidad del judío para emanciparse se convierte, para nosotros, en el problema de cuál es el elemento social específico que hay que vencer para superar el judaísmo..Fijémonos en el judío real que anda por el mundo, no en el judío del sabbat como hace Bauer, sino en el judío de todos los días. No busquemos el misterio del judío en su religión, sino busquemos el misterio de la religión en el judío real"
Ese "judío real" era el judío europeo de la diáspora, el judío que vivía en los intersticios de la sociedad cristiano-burguesa, cumpliendo las funciones y papeles que esta sociedad le asignaba. Con demasiada frecuencia, los juicios simplificadores y denigratorios vertidos sobre este texto de Marx ocultan u olvidan que el objeto de su reflexión no es ni el judaísmo en su compleja historia (la variable tradicional cultural y religiosa judía desde el antiguo Estado de Israel hasta hoy), ni una supuesta "condición judía" entendida como una esencia permanente e invariable a través de los tiempos ("racial" o étnicamente determinada), sino la condición social del judío real y concreto de la sociedad cristiano-burguesa de la Europa moderna. Y se olvida también con frecuencia que, para Marx, "el espíritu práctico de los judíos es el espíritu práctico de los pueblos cristianos", pues "los judíos se han emancipado en la medida en que los cristianos se han hecho judíos"; es decir, que no hay nada específicamente antisemita en las afirmaciones de Marx sobre los judíos, pues todo lo que dice de ellos es igualmente aplicable a los cristianos del Occidente moderno. (Marx hace una mención explícita, en este texto, a Estados Unidos: "el señorío práctico del judaísmo sobre el mundo cristiano ha alcanzado en Norteamérica una expresión inequívoca y normal"), es igualmente aplicable a todos los individuos alienados de la sociedad burguesa.
La conclusión final de Marx podría muy bien haber sido -y Moses Hess no habría tenido dificultad alguna en compartirla- la siguiente: la emancipación total de todos los hombres -judíos, cristianos, o lo que fuere- consiste en la supresión comunista del capitalismo judeocristiano.
El origen de la contradictoria identificación "prismática" del judío con las dos clase sociales opuestas del sistema capitalista y la precondición histórico-sociológica, por tanto, del antisemitismo moderno, es la condena del judío, por el antisemitismo cristiano medieval, a una posición social marginal que le excluía de la propiedad de la tierra y le reservaba el ámbito, prohibido a los cristianos, de las finanzas y la usura. La simultaneidad de la transición moderna de la sociedad cristiano-feudal a la sociedad cristiano-burguesa, con las nunca consumadas emancipación y asimilación de los judíos y con la disolución de la oposición simbólica tierra vs usura, homóloga a la oposición social cristianos vs judíos, permite ser la lógica subyacente a la congruencia entre carácter antisemita de las reacciones anti-modernas de las dos clases opuestas del capitalismo, la equiparación de judíos y cristianos en su común sumisión al Dios-dinero "judio-cristiano" (que Marx analiza en La cuestión judía) y la necesaria complementariedad en el sionismo "positivo" (aquél que, como el de Hess, trasciende el simple anti-semitismo) de la reclamación de una tierra para los judíos (no sólo de una "patria", de una" nación", sino de un suelo material que pisar, que trabajar y sobre el que construir) con el rechazo de la condición social "anómala" del judío en la sociedad cristiano-burguesa en transición.
Desde esta perspectiva, la complementareidad entre el "antisemitismo" de Marx y el mesianismo terrenal de Hess no sería sino el anuncio de una argumentación que se hará clara y explícita en Roma y Jerusalén: uno de los motivos por los que los judíos necesitan su tierra es porque sólo así podrán evitar el "parasitismo" al que les condena una condición social "anómala), derivada de su exclusión cristiana del arraigo productivo en la tierra y de su correlativa condena al vagabundeo usurero y comercial del dinero
(Fuentes: J.aranzadi: El escudo de Arquíloco).







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