El nacionalismo sionista (V).

Judaísmo y sionismo.

Por otra parte, desde los comienzos del sionismo (político, práctico, espiritual, cultural o "sintético"), la actitud del judaísmo, tanto del liberal-reformado como del conservador y del ortodoxo, la postura de la mayoría de los rabinos, fue considerar como impío, herético y blasfemo cualquier intento de "sustituir a Dios" en la tarea de suscitar el advenimiento del Mesías, cualquier proyecto de establecimiento de Sión por medios exclusivamente humanos y seculares.

El Jundestaat de Hertzl provocó el Nationaljudentum del rabino principal de Viena, Moritz Guedermann, tratado antisionista en el que se defendía que el nacionalismo judío era contrario a la religión judía. En reacción al Primer Congreso Sionista, el órgano ejecutivo de los rabinos alemanes, a quienes los sionistas llamaron "rabinos de la protesta", declaró que el objetivo de establecer un Estado nacional judío estaba en contradicción con la expectativa de la promesa mesiánica. No faltó, incluso, quien acusó a los sionistas de ser parcialmente responsables del antisemitismo con el que se proponía acabar.

En 1901 se fundó en Kovno, Lituania, una Asociación de los defensores de la fe, cuya finalidad era extirpar las tentaciones de alterar la tradición religiosa, en particular la "herejía sionista". Al año siguiente, los líderes de las comunidades hasídicas de Polonia publicaban una obra colectiva, La opinión de los rabinos, donde proclamaban: "El corazón de la idea sionista no es otro que la destrucción de la religión de Moisés y de Israel".

Los rabinos ortodoxos de varios países fundaron en 1912 la Agudat Israel, cuya posición doctrinal conciliaba el deber de todo fiel de establecerse en Tierra Santa y de rezar por el retorno a Sión con la condena del intento pecaminoso y pseudomesiánico de "acelerar activamente la redención" y establecer un Estado judío que, de acuerdo con la tradición, era un privilegio del Mesías. Uno de los dirigentes de Agudat Israel, el rabino Moses Blau, escribió:

"Los sionistas transgreden el shabat e insisten sin embargo en detentar un monopolio sobre el judaísmo, considerándose perfectos judíos. Utilizando la noción de nacionalismo, un nuevo concepto en el interior del judaísmo –definido hasta entonces por la religión y la Toráh- , han llegado a apoderarse del judaísmo y a ponerlo al servicio de su empresa de rebelión contra la Toráh y los mandamientos. Han borrado las diferencias entre un judío que observaba la Toráh y un judío que abandonaba la Toráh y han creado un conflicto en torno a la definición del pueblo judío".

Para los ideólogos del ala ultraortodoxa, como Isaac Breuer, los judíos eran una nación, pero una nación religiosa, una nación diferente a todas las demás en la medida en que la religión era su único contenido: el intento del sionismo secular de definir a la nación judía con independencia de su religión era, para los ultraortodoxos, la peor clase de asimilación, pues suponía abandonar el rasgo específico de los judíos, su religión diferencial, para sustituirlo por el nacionalismo moderno de la Europa occidental; en su opinión, al hacerse nacionalistas, los sionistas irreligiosos dejaban paradójicamente de ser judíos y se quedaban sin fundamento alguno de su invocada diferencia étnica.

Hubo sin embargo judíos ortodoxos que se hicieron sionistas, dando origen al sionismo religioso del movimiento Mizrahi, fundado en 1902 por el rabino de Lida Isaac Yaacov Raimes. Coincidían con los ortodoxos de Agudat en defender que la nación judía sin religión era un cuerpo sin alma, pero para ellos la unidad indisociable de religión y nacionalismo afectaba a ambas caras de la moneda: la fe religiosa sin espíritu nacional, el judaísmo sin sionismo, sería sólo "medio judaísmo" Su divisa fue: "La tierra de Israel para el pueblo de Israel según la Toráh de Israel".

Fue un talmudista de gran autoridad, Abraham Kook, Gran Rabino de Palestina en tiempos del mandato británico, el primer y principal teórico del sionismo religioso: "Hemos olvidado que tenemos una carne sagrada, no menos que un espíritu sagrado. La regeneración de Israel debe ser también corporal". Para Kook, lo específico de la vocación judía era precisamente sacralizar lo profano, y pensaba que los sabios podían revelarse bajo las más diversas y contradictorias apariencias, incluso la de hombres alejados de la vía religiosa, como los sionistas ateos y socialistas, que participaban, sin tener conciencia de ello, en el gran designio divino y anunciaban los tiempos mesiánicos. El rabino Kook murió en 1915, pero sus ideas inspiraron, tras la creación del estado de Israel, los planteamientos del Partido Nacional Religioso, Mafdal: cooperación con el gobierno laborista, preservación del statu quo entre religiosos y laicos, subvenciones para las escuelas talmúdicas (yeshivoth) y un mínimo de enseñanza judía en los programas escolares.

Postura "colaboracionista" a la que se fue acercando, de forma mucho más reticente y muy poco a poco, un sector de Agudat, como consecuencia de las realizaciones sionistas en Palestina y, sobre todo, después de la tragedia de la Shoah: sin llegar nunca a aceptar el sionismo, y sobre todo, sin asignarle nunca significación religiosa al estado de Israel, intensificaron la importancia de sus deberes religiosos hacia la Tierra Santa, lo cual les llevó de facto a colaborar con los sionistas y a presionar para que éstos adecuaran su acción a los principios religiosos. Sin embargo, otro sector ultraextremista de Agudat, Naturei Carta ("Guardianes de la Ciudad"), han seguido hasta hoy considerando apóstata al Estado de Israel, rehusándole cualquier forma de reconocimiento, e incluso haciendo todo lo posible por su destrucción, como prestar su apoyo a la OLP.

Tenemos pues, desde el principio, un amplio abanico de posiciones de los judíos ante el sionismo, un abanico que se despliega entre dos polos extremos. En un polo se sitúa el mesianismo de carácter estrictamente religioso y, por eso, explícitamente antisionista. En el polo opuesto se sitúa el "territorialismo" inicial de Pinsker y Hertzl, exclusivamente reactivo al antisemitismo y tan completamente secular y pragmático que prescinde del concepto de "tierra santa" y somete a discusión racional, con criterios estrictamente utilitarios, la conveniencia de que sea Palestina u otro lugar cualquiera, como Argentina o Uganda, el "hogar", el refugio, la tierra donde los judíos han de construir el Estado que les permita vivir libres de la constante amenaza antisemita.

En honor a la verdad, hay que decir que aún llegó más lejos el pragmatismo de la corriente hegemónica del sionismo, pues lo cierto es que, durante mucho tiempo, pese al título del manifiesto inaugural de Hertzl, ni tan siquiera fue claro y explícito que el objetivo del movimiento sionista fuera la construcción de un Estado (y no de un "hogar" o un "refugio" con un estatuto político indefinido), y mucho menos aún si ese Estado debía ser un Estado judío o simplemente un Estado de los judíos (étnicamente homogéneo o compartido con los árabes; con mayoría judía o sin ella). La disidencia del movimiento revisionista de Jabotinsky tuvo mucho que ver con la claridad o ambigüedad en la definición de ese objetivo político final.

Es cierto que el revisionismo de Jabotinsky –quien en 1923 renunció al ejecutivo sionista en protesta por lo que consideraba una política de renuncia y compromiso de Weizmann y en 1935 estableció su propia Organización Sionista independiente, con su propio brazo armado, la Irgun –se diferenció de la tendencia principal del sionismo por sus posiciones en el terreno social; frente al inequívoco carácter socialista y de "izquierdas" de ésta, los revisionistas se declararon representantes de la burguesía, de las clases medias, y adoptaron una ideología –y, sobre todo, una "estética"- muy próxima a los movimientos europeos fascistas de las décadas de 1920 y 1930. Los núcleos ideológicos y organizativos de la "derecha" y la "izquierda" del Estado de Israel provienen básicamente de aquella lejana escisión del sionismo.

Sin embargo, el motivo principal de la ruptura no fue esa diferencia ideológica, sino la definición o indefinición respecto a los objetivos últimos del movimiento sionista. Los revisionistas se llamaron así porque propugnaban la revisión de la política sionista del momento, no porque revisaran la ideología sionista: muy por el contrario, se consideraban los únicos herederos auténticos del sionismo político de Hertzl, que había definido como objetivo la consecución de un Estado judío. Si hay algo que no se le puede reprochar a Jabotinsky es falta de claridad; ya en febrero de 1924 escribió:

"El programa no es complicado. El objetivo del sionismo es un Estado judío. El territorio: ambas riberas del Jordán. El sistema: colonización masiva. La solución del problema financiero: un préstamo nacional. Estos cuatro principios no se pueden realizar sin la sanción internacional. Por lo tanto el mandato es: una campaña política nueva y la militarización de la juventud judía en Eretz Israel y en la diáspora".

Frente a esa claridad dogmática y ese maximalismo, lo que caracterizó a los principales dirigentes sionistas (tanto a Weizmann como a Ben Gurion) y a la tendencia hegemónica, socialista, del sionismo, fue el oportunismo político, el pragmatismo, la ambigüedad respecto a los objetivos políticos últimos, la constante adecuación de los objetivos concretos a los problemas más urgentes del momento, a la coyuntura internacional y a la relación de fuerzas: desde la Declaración Balfour hasta la proclamación de la Independencia de Palestina, la actitud de la dirección liberal y socialista del movimiento sionista puede verse como una conciliación entre la adaptación posibilista a las circunstancia –de un objetivo máximo compartido con los revisionistas- y la adopción oportunista, como objetivos coyunturales de aquellos fines concretos (emigración de los judíos de Europa del Este, refugio a los judíos perseguidos, etc.) que aparecían en cada ocasión como la mejor solución posible a los variables problemas creados en cada momento por el antisemitismo.

El sionismo político tuvo como germen originario y como núcleo permanente el anti-antisemitismo pragmático, que fue siempre –hasta el establecimiento del Estado de Israel- el criterio último inspirador de sus objetivos políticos concretos: la resolución de los problemas humanos creados por el antisemitismo fue la más constante vocación histórica –y la más profunda justificación moral- del sionismo. Pero nunca un movimiento político se ha sostenido sobre una justificación estrictamente pragmática y heterónoma, y la progresiva búsqueda sionista de una definición dogmática y autónoma de los propios objetivos políticos fue acompañada de una paralela ideologización del movimiento que dio origen a las diversas variedades ideológicas del sionismo.

Entre los polos extremos del "territorialismo" anti-antisemita secular y pragmático y del judaísmo religioso antisionista, podemos situar todas las variedades del sionismo ( político, "práctico", "espiritual", "sintético", revisionista, nacionalista, cultural y religioso): desde el sionismo político-religioso que se las apaña para permitir que el pueblo judío comparta con Jehová la responsabilidad en la llegada del Mesías y la restauración de Israel, hasta el sionismo étnico-cultural, nacionalista, que convierte al pueblo judío en una "nación" definida con arreglo a criterios "raciales", lingüísticos, étnicos y culturales que no son sino una secularización más o menos acabada de la religión judía.

(Fuentes: J.Aranzadi: El escudo de Arquíloco)