Colofón, ( IV ):
Esclavitud y Expansión del Capitalismo

La enorme acumulación generada con el circuito atlántico (según Blackburn, del orden de los £4.336.000 en el caso inglés, hacia 1770 solamente[11] -en dinero actual, esto es equivalente a más de £500.000.000; para el período de 1783-93, los esclavistas de Liverpool producían ganancias del orden de los £2.360.000[12]) permite una inusitada expansión de la industria metropolitana, que llevará al desarrollo del industrialismo capitalista[13]. El indicador más evidente del vínculo entre esclavitud y el capitalismo industrial, es el desarrollo que tuvieron todas las ramas de la industria vinculadas a las materias primas provenientes de las plantaciones: en Inglaterra la industria textil floreció en lugares como Lancaster y Manchester alimentada por el algodón producido en las colonias americanas por mano de obra esclava. Hacia fines del siglo XVIII tres cuartas partes de las importaciones de algodón de Inglaterra provenían de las plantaciones[14]; durante este mismo período, las importaciones algodoneras de quintuplicaban en volumen[15]. Pero hacia 1803, menos del 8% de las importaciones de algodón provenían de Turquía o lugares con mano de obra libre, siendo todo el resto del algodón producido por esclavos[16]. Las exportaciones de productos de algodón de Inglaterra, aumentaron de un valor de £23.000 en 1701 a £5.500.000 en 1800[17]. Las refinerías de azúcar de Londres, Bristol y Liverpool, al igual que las industrias tabacaleras de Maryland en EEUU y de Glasgow en Escocia, todas dependían del producto de los esclavos.

La industria metalúrgica tuvo una gran expansión con los requerimientos de herramientas y maquinaria para las plantaciones, así como con la producción de manufacturas para enviar a África. Para dar una idea de la proporción del tráfico de manufacturas en metal hacia África, hacia fines del siglo XVIII, Inglaterra exportaba, anualmente, entre 283.000 y 394.000 armas de fuego al África occidental[18]. En 1770 el 96% de los clavos producidos en Inglaterra iban a África[19].

Pero los mercados coloniales no solamente requerían de textiles y herramientas: harina, aceite, vinos, carnes saladas, entre otros, constituían los productos cuyo comercio enriquecía a la burguesía mercante. Además, crecientemente, las economías antillanas requerían de la importación de madera y alimentos, pues los efectos de la monoproducción intensiva de productos de plantación (café, tabaco, algodón, azúcar) ya se comenzaban a hacer sentir, en términos del hambre y la deforestación. Estando la producción centrada en las necesidades de la metrópoli y no en las necesidades internas de las colonias, frecuentemente, no se producían suficientes productos alimentarios de primera necesidad[20]. A su vez, el margen de control de esta burguesía mercante sobre los precios era considerable, particularmente en el caso de St. Domingue donde, dependiendo de la época, el margen de diferencia en los precios coloniales y metropolitanos, variaban de 6 a 70%[21].

Las exportaciones de Liverpool, por citar al puerto más próspero del circuito, aumentaban de 18.371 toneladas registradas en 1719 a 260.382 en 1792[22]. La demanda por manufacturas aumentaba exponencialmente, y fue el aumento de esta demanda, íntimamente ligada al circuito atlático, lo que estimuló los genios inventores de Watt, Kay, Hargreaves y Arkwright a aplicar los principios y descubrimientos científicos al desarrollo técnico de la industria durante el siglo XVIII, constituyendo la llamada "Revolución Industrial".

En el caso francés, los puertos que participaron activamente en el circuito –Bordeaux, Nantes, La Rochelle y Rouen, entre otros- también se beneficiaron enormemente de esta acumulación de capital, y vieron prosperar la industria de la refinación del azúcar, la metalurgia, la cordelería y los astilleros. La industria textil francesa desarrollada en Normandía también dependía casi exclusivamente de la importación de algodón antillano[23], y esta industria, a su vez, estimuló el desarrollo, hacia 1770 de una industria química vinculada estrechamente a la textilería[24]. Se calcula que hacia 1790 unos 5.000.000 de franceses dependían directa e indirectamente, de las actividades vinculadas y alimentadas por el trabajo esclavo[25]. Sin embargo, el desarrollo industrial en Francia durante el siglo XVIII no fue sino un desarrollo localizado e incapaz de impulsar un mercado capitalista nacional unificado[26] hasta después del período revolucionario abierto en 1789 que aseguró la hegemonía burguesa y la modernización del Estado. Pero no nos cabe ninguna duda de que el desarrollo logrado por las colonias y el trabajo esclavista durante los siglos XVII-XVIII precipitaron el conflicto entre el antiguo régimen y la burguesía que culminó en la Gran Revolución Francesa.

Pero los efectos del circuito atlántico en la expansión del capitalismo se hacían sentir también en el terreno del crédito y el préstamo. Muchas industrias y negocios pudieron expandirse y comenzar por el capital adelantado en forma de préstamo por parte de la burguesía mercante[27]. La burgesía mercante invertía o prestaba capital para inversiones, que tejieron una red de créditos sólida que jugó un papel de gran importancia en las economías metropolitanas de esa época[28].

La relación entre la acumulación del capital que produjo la esclavitud y la expansión capitalista que llevó al desarrollo industrial es un hecho suficientemente demostrado[29]. Pero no es un hecho mecánico: la acumulación de riquezas, como hemos dicho, no se traduce necesariamente en inversión ni en desarrollo industrial si no están las relaciones sociales capitalistas necesarias para producir este resultado. Los ejemplos de España y Portugal, naciones involucradas en el tráfico esclavista desde sus inicios, nos recuerda que la esclavitud por sí sola no producía más que fabulosas ganancias que, en el mejor de los casos, no fueron más que eso, fabulosas ganancias, y en el peor de los casos, sirvieron solamente para engordar a los banqueros alemanes y holandeses quienes sí supieron darle buen uso al flujo de capitales[30]. Solamente se pudo producir con la riqueza generada por la esclavitud un salto al industrialismo en las sociedades inglesa, y en menor medida, en la francesa y norteamericana, por las relaciones sociales prevalecientes en éstas, que hicieron que la burguesía, como clase social hegemónica, capitalizara este inmenso flujo de riquezas y lo transformara en desarrollo industrial y capital productivo.

Hacia comienzos del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, el circuito atlántico pasaba por uno de sus mejores momentos. Pese a que St. Domingue se encontraba en pleno proceso revolucionario y que la demanda de esclavos decreciera en la Sudamérica Hispana[31], las colonias inglesas aumentaban su producción y demanda de esclavos. Inglaterra transportó entre 1791 y 1800, 400.000 esclavos hacia el Caribe, pese a las dificultades causadas por la guerra con Francia en esos años[32]. Jamaica producía 60.000 toneladas de azúcar en 1791, y hacia 1805 casi duplicaba la producción, llegando a las 100.000 toneladas. Cuba también expandía dramáticamente su producción azucarera, aumentando el número de acres dedicados a la plantación de zafra de 3.000 en 1762 a 500.000 en 1792[33], e importando entre 1790 y 1810 unos 150.000 esclavos[34]. Portugal no se quedaba atrás y entre 1801 y 1810, 200.000 esclavos fueron importados al Brasil[35]. Ya hemos visto a comienzos de este capítulo las ganancias que el circuito produjo para la ciudad de Liverpool durante el decenio de 1783-93. ¿Qué factores son, entonces, los que llevan al término del tráfico? Para responder a estas preguntas no podemos dejar de ver el contexto general dentro del cual el tráfico tuvo lugar, ni podemos pasar por alto las profundas transformaciones sociales vividas por los países involucrados en el circuito durante esos años, así como tampoco podemos ignorar, como frecuentemente se hace, el rol activo que los mismos esclavos tuvieron a la hora de romper sus cadenas.

[11] Cit. en Walvin, op.cit. p.160
[12] Davidson, op.cit., p.82
[13] El trabajo de Eric Williams (Capitalism and Slavery, "El capitalismo y la esclavitud", publicado en Londres en 1944) es pionero en este sentido.
[14] El resto, provenía de países donde el algodón era trabajado por mano de obra libre, como Turquía. Thomas, op.cit. p.515
[15] Walvin, op.cit., p.161
[16] Thomas, op.cit., p.540
[17] Davidson, op.cit. p.79
[18] Walvin, op.cit., p.125. Birmingham fue la ciudad en Inglaterra que alcanzó gran notoriedad en la manufactura de armas de fuego.
[19] "Enslavement and Industrialisation", Robin Blackburn, p.4, http://www.bbc.co.uk/history/british/abolition/
[20] La dependencia de la importación de alimentos es uno de los efectos más devastadores de la monoproducción y del desarrollo económico centrado hacia la exportación primaria. Ni hace falta mencionar que tal panorama, desafortunadamente, es aún demasiado familiar en América Latina.
[21] Dupuy, op.cit., p.16
[22] Davidson, op.cit. p.77
23] Ver por ejemplo el artículo de Elizabeth Crawford "Women: from abolition to the vote" http://www.bbc.co.uk/history/british/abolition
[24]Crawford, op.cit., http://www.bbc.co.uk/history/british/abolition
[25] Ibid
[26] Walvin, op.cit., p.153
[27] Ibid, p.164
[28] Este proceso se detalla en el libro de Adam Hochschild "Bury the Chains", Pan Books, 2006.
[29] Thomas, op.cit., p.550
[30] Walvin, op.cit., p.165
[31] Thomas, op.cit., p.788
[32] Davidson, op.cit., p.256
[33] En la cultura popular jamaicana, con la fusión de elementos bíblicos, Babilonia se asocia frecuentemente a la sociedad moderna y Sión a África, a aquel paraíso prístino del que los esclavos fueron arrancados. La idea del retorno a África está omnipresente en la cultura afro-antillana; los esclavos haitianos sostenían que el arcoiris era el camino de regreso al Congo –que, al igual que Sión, servía de sinónimo para África. Entendiéndose a África no solamente como una entidad física y temporal, sino como un proyecto utópico de libertad y bienestar.
[34] "Of Inhuman Bondage" Steve King, The Economist, p.94, "The World in 2007" (Edición Especial, Diciembre del 2006)
[35] "21st Century Slaves", Andrew Cockburn, National Geographic, Septiembre del 2003.