Piel Blanca, Corazón de Piedra.

Colofón, ( III ):
El Circuito Atlántico
Dos hechos fundamentales en este proceso fueron la conquista de América por la corona hispánica y el desarrollo de la navegación moderna, que permitió un inmenso traslado de seres humanos desde África hacia las colonias americanas. Estas colonias requerían de una inmensa fuerza de trabajo: el Caribe se vió casi despoblado apenas pasadas dos décadas de aquel traumático "encuentro" de los dos mundos. El maltrato, las enfermedades, la super-explotación y la violencia de la conquista aniquilaron completamente a las poblaciones originales caribeñas pasado un par de décadas y produjeron una hecatombe demográfica sin parangón en la historia humana en el continente americano. Ante la incapacidad de conseguir mano de obra suficiente y para explotar en la medida necesaria[3], los hispanos solucionaron el problema de la mano de obra mediante la esclavitud de africanos. El negro africano, además, se veía mejor capacitado físicamente para el trabajo arduo en climas tropicales que el europeo. Esto no quiere decir que los esclavos no murieran como moscas con las inhumanidades del trabajo esclavo: de hecho, los africanos eran explotados hasta el agotamiento, teniendo una esperanza de vida bajísima (que en muchos casos, no pasaba de ser más que un par de años) y siendo el crecimiento demográfico de la población esclava negativo. El flujo de esclavos, por tanto precisaba de ser constante. Pero, como decían los piadosos hacendados de la época, África resultaba ser una buena madre.
Esto convertía al tráfico de esclavos en un excelente negocio, donde la inversión tenía casi siempre un seguro retorno. Si bien fueron portugueses y españoles quienes inauguran el tráfico del Atlántico, Francia e Inglaterra pronto se convierten en las principales potencias esclavistas, con sus propias posesiones en el Caribe, establecidas hacia fines del siglo XVII y con una burguesía mercantil más desarrollada capaz de tomar a su cargo esta tarea de manera más eficiente[4]. Pero Inglaterra llevaba, de lejos, ventaja a cualquier otra potencia en el terreno del tráfico esclavista y del comercio atlántico. Esto, por una serie de ventajas como ser la existencia de un sistema financiero estable y una banca nacional, así como de un sistema estatal eficiente en cuanto a las finanzas, supervisado rígidamente por un parlamento que ya desde mediados del siglo XVII, tras una serie de revoluciones, estaba en manos de la burguesía; además, contaba con un poderío naval y con una clase mercantil vibrante, que se expandía y re invertía las ganacias, y generaba un importante sector crediticio[5]. Después de la revolución de 1688, Inglaterra gozará de un período de estabilidad política, con un Estado fuerte que respaldará en todo a los monopolios mercantilistas, a la sombra del cual se desarrollará el tráfico esclavista y, con él, se acrecentará meteóricamente la acumulación capitalista en ese país. Francia, en cambio, si bien de la mano del absolutismo pudo desarrollar en un comienzo un sistema monopolista eficaz, que estimuló la formación de una burguesía mercantil vigorosa, la cual catapultó, a su vez, el desarrollo capitalista en Francia, hacia mediados del siglo XVIII padecía de un sistema financiero desastroso y de una monarquía en bancarrota, que no ayudaron a darle ventaja por sobre sus rivales ingleses –la revolución estallaría en 1789, con la nueva burguesía (incluídos importantes sectores mercantes) a la cabeza, mientras Inglaterra, cuya burguesía ya se había hecho del poder hacía un siglo, seguía sacando ventaja[6].
Inglaterra pasó a convertirse rápidamente en la principal potencia esclavista: durante el siglo XVIII el 42% de los esclavos fueron traficados por barcos ingleses, y si nos concentramos en el período exclusivamente entre 1791 a 1807 (años de agitación social en Francia), la proporción del tráfico esclavista correspondiente a los capitalistas ingleses aumenta a un 52%. En términos numéricos, esto significa que entre 1791 y 1800 cerca de 400.000 esclavos fueron traficados por Inglaterra, y desde 1690 hasta 1807, la cifra es de casi tres millones de esclavos[7].
Así nació el llamado "Circuito Atlántico", mediante el cual las potencias europeas proveían a África de manufacturas (armas, herramientas, textiles, licores, etc.)[8], África proveía de esclavos, los esclavos eran explotados inmisericordemente en las plantaciones y la producción de éstas era llevada de vuelta a la metrópolis en Europa, donde enriquecía a la burguesía mercantilista y proveía de materias primas a la naciente industria europea, cuya producción era destinada a los mercados de las colonias y de África, empezando el circuito nuevamente. Este circuito, en el que se victimizó a los esclavos hasta extremos insospechados, sin lugar a dudas no hubiera sido posible sin la complacencia y participación activa de algunos reyes africanos, que se enriquecieron enormemente a costa de este tráfico[9]. Pero enriquecerse no es lo mismo que acumular capital. Y es evidente que el circuito acumuló capital en Europa, que de la mano de las demandas de sus manufacturas, entró de lleno al proceso de acumulación de capital que permitió durante el siglo XVIII la revolución industrial. Mientras tanto, África permanecía en el estancamiento, exportando aquella mano de obra que podría haber seguido desarrollando las sociedades africanas.
"Al exportar esclavos, los Estados africanos exportaban su propio capital sin ninguna posibilidad de retorno en intereses o en la expansión de su sistema económico. (...) Los traficantes de África, sin lugar a dudas, recibieron pagos por los esclavos que vendieron; pero la naturaleza de su pago fue, estrictamente hablando, improductiva (...) Desde un punto de vista económico, en breve, el esclavismo europeo puede ser correctamente visto como (...) el intercambio (...) de bienes de consumo por la materia prima del trabajo esclavo"[10]
Pero, para comprender la enorme complejidad del proceso que llevó a la abolición del tráfico esclavista, así como del tráfico mismo, es necesario comprender que el mero tráfico de esclavos no constituye sino una mínima parte de una sistema económico mucho más amplio, que incluía la producción de manufacturas, el comercio con tres continentes y la prodigiosa producción de las plantaciones en el Caribe.
[3] En el caso de la colonia de St. Domingue, los franceses intentaron solucionar el problema de la mano de obra con un sistema de trabajo temporal en condiciones de servidumbre, en el cual, luego de un cierto tiempo (tres a cuatro años) el engagé –como eran llamados estos siervos- adquiría la libertad. Ciertamente, se trató de prolongar, por parte del terrateniente lo más posible el plazo de servidumbre del engagé –particularmente, mediante el endeudamiento. Pero la alternativa de mano de obra permanentemente esclava, proveniente de África y por tanto libre de la clase de consideraciones morales a las que la servidumbre o esclavitud de un crisitano europeo podría despertar, desplazó definitivamente el uso de estas formas de provisionamiento de mano de obra en servidumbre. Lo notable, es que se trabajaron alternativas que no fructificaron por cuestiones circunstanciales y porque la necesidad de mano de obra era mayor que los siervos disponibles en Europa. Tentativas semejantes fueron desarrolladas por españoles y británicos también. Al contrario de lo que se quiere hacer creer a veces, no hubo nada de natural o lógico en que los africanos hayan terminado siendo esclavos, sino que una serie de circunstancias económico-sociales determinaron tal desenlace de los acontecimientos (ver "Haiti in the World Economy", Alex Dupuy, pp.18-20, Westview Press, 1989)
[4] Durante el siglo XVII, Francia carecía de una burguesía mercantil importante y tuvo que depender de las compañías navieras holandesas para desarrollar el comercio y la importación de esclavos. Recién en 1664 comienza a desarrollar su propia fuerza mercantil, pero para el siglo XVIII ésta ya estaba plenamente desarrollada, como el resto de su clase burguesa que se desarrolló durante ese siglo y el previo a un ritmo vertiginoso. Dupuy, op.cit. p.12
[5] "Making the Black Atlantic", James Walvin, pp.156-161, Ed. Cassell, 2000.
[6] CLR James, op.cit., p.46
[7] http://www.bbc.co.uk/history/british/abolition/
[8] En un comienzo, los europeos cambiaban caballos por esclavos (hacia 1550 los portugueses cambiaban un caballo por cinco esclavos); el desarrollo progresivo de la industria fue desplazando a los caballos del circuito, el cual terminó basándose fundamentalmente en las manufacturas. Esto es la prueba de que, mientras Europa se desarrollaba, África, por la naturaleza misma del intercambio, quedaba rezagada.
[9] Es mérito de Basil Davidson el analizar en profundidad, en un libro pionero, escrito en 1961 ("Black Mother", luego renombrado "The African Slave Trade") el impacto de la esclavitud y del tráfico atlántico en las sociedades africanas y del rol de ciertos líderes africanos en esta execrable actividad. Los medios para hacerse de esclavos usados por los europeos consistieron en incursiones esclavistas dirigidas por reucidas bandas de europeos, el estímulo del conflicto inter-tribal como medio para obtener prisioneros de guerra como esclavos y, por último, por alianzas comerciales con ciertos líderes africanos. Las dos últimas opciones, requirieron del consentimiento, y en ocasiones, de la participación activa de ciertos líderes o reyes africanos (pp.100-101). Muchas veces, mediante la estimulación de conflicto, muchos líderes fueron arrastrados al circuito esclavista. El impacto que esta participación tuvo fue notable en estimular estructuras políticas autocráticas en África y en desarrollar la dependencia que llevará al desarrollo posterior del colonialismo.
[10] Davidson, op.cit. p.274
”









isabel61 dijo
¡¡¡Ayyy!!! mi lobo marino, siempre luchando por los más desfavorecidos. Sigue así siempre y no desfallezcas que en cuento pueda vuelvo a las trincheras.
Sssssss!!!!!!
No se lo digas a nadie... me estoy preparando unas "opos" y me quedan dos meses. Tú me envías la energía positiva que me hace falta (te sobra) y ya está.
Sitos
19 Abril 2008 | 03:18 AM