Ventana de Opinión. La República que no dejaron Ser.

«Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo» La Vida de la Razón, George Santayana
Edwin Krales (Para Kaos en la Red) [13.04.2008 20:09]
"El escritor George Orwell tenía toda la razón cuando dijo que la guerra civil española era una guerra de clases. La España democrática ofrecía una promesa de mejor vida a sus ciudadanos. El gobierno republicano promulgó la reforma agraria, redistribuyendo las haciendas feudales en secciones más pequeñas y otorgándolas a los campesinos empobrecidos. Los republicanos iniciaron la educación laica y gratuita. La seguridad social se convirtió en una prioridad nacional. La España fascista, por otro lado, ofrecía privilegios a los propietarios de las tierras y a los capitalistas urbanos, prometiendo el retorno al status quo pre-republicano, "los buenos viejos tiempos" cuando la gente trabajadora era puesta en su sitio."
«Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo»
La Vida de la Razón, George Santayana
Como parte de mi educación, me enseñaron que los hombres y mujeres que lucharon contra los fascistas en la Guerra Civil española eran gigantes. Recuerdo que, siendo un niño, me dijeron en tonos reverenciales mientras comía en el restaurante Ratner en el Lower East Side de Nueva York, que una persona a la que acababa de conocer había luchado en España con la Brigada Abraham Lincoln. Mis padres, que eran miembros del Partido Comunista durante la guerra civil, no pudieron alistarse en la Brigada porque tenían a cargo a personas dependientes. El Partido Comunista, como intermediario de voluntarios, prohibía a cualquier persona con dependientes que fuera a luchar a España. Me gusta pensar que hubieran ido si se lo hubieran permitido. Cuando me hice mayor, también me enseñaron sobre los "bastardos", principalmente capitalistas, que apoyaron a Franco durante la revolución fascista en contra de los republicanos de izquierdas democráticamente elegidos.
Actualmente, mientras los gigantes se extinguen, la importancia de la Brigada Lincoln está siendo reconocida en los EEUU. La Biblioteca Tamiment de la Universidad de Nueva York se ha convertido en el depositario de todas las cosas relacionadas con la Brigada. El año pasado el Museo de la Ciudad de Nueva York organizó una exhibición importante: "Enfrentando el Fascismo: Nueva York y la Guerra Civil Española". También en 2007, el Centro Internacional de Fotografía en la ciudad de Nueva York expuso una exposición de fotografías de la Guerra Civil Española hechas por Robert Capa y su mujer Gerda Taro, que a los 26 años murió mientras fotografiaba en España. Sin embargo, si bien se reconocen los esfuerzos heroicos de la Brigada, estas instituciones están minimizando el rol de los comunistas y otros de izquierdas que eran la mayoría de los luchadores y organizadores de la Brigada. Estas instituciones están también olvidando las fuerzas capitalistas que operaban en los EEUU y que alimentaron y financiaron el fascismo desde sus inicios en Italia y Alemania y apoyaron la toma del poder por Franco y el secuestro de España. Sin el apoyo corporativo al fascismo alemán e italiano, el fascismo español hubiera sido abortado o derrotado. En lugar de eso, los EEUU tenían que contender con tres países fascistas y una guerra mundial que mató al menos a 50 millones de personas.
La Brigada Lincoln estuvo apoyada por la Unión Soviética y las pequeñas donaciones que la clase trabajadora mundial hizo durante la Depresión. Se necesitaron tres años y el dinero y apoyo de los fascistas de todo el "mundo libre" para derrotar a la España democrática. Los EEUU se mantuvieron oficialmente neutros, pero el propósito de la así llamada neutralidad era de hecho el apoyo a los fascistas españoles. Las compañías estadounidenses fácilmente minaron las dos leyes de neutralidad de 1937 usando su red global de subsidiarias, afiliados, junta de directores, bancos y control directo sobre la producción extraterritorial de EEUU como conductos para enviar dinero y material de guerra a los fascistas españoles. General Motors, Ford, Standard Oil, IBM, y otras tenían plantas de manufactura en la Alemania Nazi. No es posible que los defensores de las leyes de neutralidad no supieran esto. Un número suficiente de ellos eran favorables al fascismo para permitir que las leyes –irrelevantes para las líneas de provisión de Franco pero no para los republicanos desesperados— se aprobaran. Cuando el material de guerra era enviado directamente de los EEUU a los fascistas españoles, las compañías de EEUU contaron con la ayuda de Cordell Hull, el Secretario de Estado bajo el Presidente FDR, el "Santo", para cubrirles (véase el buen artículo de Vicenç Navarro).
El mito para explicar el apoyo de EEUU al fascismo era el temor a la Unión Soviética y a la difusión del comunismo "represivo". De hecho, el único criterio que los EEUU ha seguido siempre para apoyar o rechazar cualquier régimen o política es si daría la bienvenida a, cuando no fomentar, las necesidades de beneficio capitalistas.
En las colonias americanas británicas y después en los recién fundados EEUU, el racismo y genocidio eran tolerados y fomentados mientras los beneficios llegaran en abundancia. La esclavitud enriqueció a los propietarios de plantaciones en el sur y a los mercaderes, consignadores y compañías en el norte. Durante 246 años la muerte, el dolor y el sufrimiento de los esclavos afro-americanos fue legal e institucionalizado. La constitución estadounidense legalizó la inferioridad negra (Artículo 1, sección 2, P 3). El racismo "científico" floreció. La revista Eugenical News: Current Record of Human Genetics and Race Hygiene [Noticias Eugénicas: Registro Actual de Genética Humana e Higiene de Raza] publicó muchos artículos "científicos" verificando el racismo jerárquico. Miles fueron linchados, y miles fueron esterilizados cuando la tecnología estuvo disponible. Los Americanos Nativos fueron masacrados y sus culturas vilipendiadas por los misioneros cristianos financiados por capitalistas como John D. Rockefeller y J.P Morgan. Sacados de tus territorios, los Nativos fueron puestos en campos de concentración llamados "reservas" o, desprovistos de su fuente principal de comida y vestimentas, murieron de hambre. Después de que los trabajadores chinos finalizaran la mitad occidental de la línea de ferrocarril transcontinental en 1869, fueron recompensados con la Ley de Exclusión China. Aprobada el 6 de mayo de 1882, bloqueó la inmigración china a los EEUU hasta 1943, cuando China se convirtió en el aliado 11 contra Japón en la Guerra Mundial, cuyos inmigrantes y descendientes en los EEUU también fueron colocados en masa en campos de concentración.
Cuando la Guerra Civil española tuvo lugar, los militares de EEUU estaban segregados y sólo los blancos eran promocionados a rangos superiores. Cuando los fascistas europeos empezaron a legalizar su propia marca de racismo opresivo, usaron el modelo estadounidense para diseñar sus leyes. Sólo cambió el objetivo humano. El laboratorio de horror del trastornado doctor nazi Josef Mengele tuvo un precedente en los horrores consumados a jóvenes esclavas afro-americanas por el Dr. J. Marion Sims. En el libro Medical Apartheid, Harriet Washington escribió que Sims llevó a cabo operaciones vaginales sin anestesia a estas mujeres. Sims estaba intentando perfeccionar un procedimiento para corregir un problema ginecológico, pero solamente las mujeres blancas ricas se beneficiaban.
En la edición de octubre de 1937 de la revista Story, el dramaturgo George Bernard Shaw escribió que el fascismo hundiría a la civilización occidental si continuaba siendo "solamente la última mascara del capitalismo". El escritor George Orwell tenía toda la razón cuando dijo que la guerra civil española era una guerra de clases. La España democrática ofrecía una promesa de mejor vida a sus ciudadanos. El gobierno republicano promulgó la reforma agraria, redistribuyendo las haciendas feudales en secciones más pequeñas y otorgándolas a los campesinos empobrecidos. Los republicanos iniciaron la educación laica y gratuita. La seguridad social se convirtió en una prioridad nacional. La España fascista, por otro lado, ofrecía privilegios a los propietarios de las tierras y a los capitalistas urbanos, prometiendo el retorno al status quo pre-republicano, "los buenos viejos tiempos" cuando la gente trabajadora era puesta en su sitio. Bajo el capitalismo, los beneficios deben de anteponerse a las necesidades de la gente. Incluso antes de que surgiera la necesidad de apoyar al fascismo español, el capital estadounidense se afanaba en la ayuda al desarrollo de otros países fascistas como la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini. Ellos, a su vez, ayudaron a los rebeldes fascistas a derrotar a la España democrática con dinero y recursos estadounidenses redirigidos.
Italia fue el primer Estado moderno fascista. Cuando Mussolini empezó a "organizar" a Italia, el mundo estaba contemplando. Mussolini consiguió que los trenes fueran puntuales, domesticó a los díscolos sindicalistas, liquidó a la oposición política y juró lealtad a los intereses de las finanzas estadounidenses. Su violencia contra la oposición fue aceptada como necesaria para eliminar los elementos que interferían con el desarrollo del totalitarismo corporativo. Para estadounidenses como Henry Luce, fundador y editor de las revistas Time, Life y Fortune, este panorama era tan natural como arar antes de plantar. Para Luce, el único propósito del gobierno –o de cualquier otra institución— fue promover el negocio. Cualquier organización social preocupada por el bienestar de la gente trabajadora era el enemigo. En 1928, Luce proclamó: "El líder destacado del mundo hoy es Mussolini".
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