Es una rareza gráfica ver una imagen del hermano del rey de España. Esta foto es del año 1955, durante un paseo en un bote alquilado en el lago Albufera de Valencia, España. Arriba y en el centro del bote el actual rey Juan Carlos I y su hermano, el príncipe Alfonso (a su derecha); al frente, observándolos, su padre don Juan de Borbón. Un año después, Juan Carlos mataría a su hermano de un disparo en la cara
Alejandro Ruiz
Venezuela Cantaclaro 30 de Marzo de 2008
No tuvo la misma suerte de Chávez el hermano menor de Juan Carlos de Borbón. Al príncipe Alfonso de Borbón no le apuntó con la mano solamente. A él lo calló para siempre. Transcurría la Semana Santa del 29 de marzo de 1956.
Es un hecho lamentable, pero indispensable reseñarlo para demostrar el manto de misterio y reserva sobre aquellos acontecimientos que puedan perjudicar la imagen del rey Juan Carlos. Es tanto así, que usted no conseguirá fácilmente una foto, una referencia periodística o reseña del malogrado hermano, Alfonso de Borbón. Es como si nunca hubiese existido
Como siempre, la gran prensa española y el gobierno franquista trataron de liberar de toda responsabilidad y acusación al elegido por el "Caudillo", pero los hechos saltaron la barrera de la manipulación. La primera versión difundida señalaba que el príncipe Alfonso se había disparado a sí mismo en la frente limpiando un revólver.
A la censura se sumaron los nobles de España que regularmente visitaban la ciudad portuguesa de Estoril; así como la prensa de Portugal, sometida a la dictadura del derechista general Salazar.
Ante el controversial suceso, es interesante destacar el relato del libro Don Juan Carlos. El Rey de un pueblo, de Paul Preston (Editorial Plaza & Janés, 2003).
Paul Preston no es uno de esos articulistas de farándula de la realeza en la revista Hola. Tampoco se le puede calificar de comunista, antimonárquico o de "chavista". Paul Preston es un reconocido historiador e hispanista, nacido en Inglaterra, autor de diversas obras de Historia Contemporánea de España, es Doctor en Historia por la Universidad de Oxford, y es miembro de la Academia Británica de Historia.
"El 29 de marzo, Jueves Santo, después de una misa vespertina en la iglesia de San Antonio de Estoril, la familia había regresado a casa. A las ocho y media de la noche, el coche del médico de la familia, el doctor Joaquín Abreu Loureiro, paró en seco a las puertas de Villa Giralda. Según parece, ambos muchachos habían estado en el cuarto de juegos, en el primer piso de la casa, entretenidos en tirar al blanco con un pequeño revólver, del calibre 22, mientras esperaban la hora de la cena. El comunicado oficial distribuido por la Embajada de España en Lisboa sobre la muerte de Alfonso decía: «Mientras su Alteza el Infante Alfonso limpiaba un revólver aquella noche con su hermano, se disparó un tiro que le alcanzó la frente y le mató en pocos minutos. El accidente se produjo a las 20:30, después de que el Infante volviera del servicio religioso del Jueves Santo, en el transcurso del cual había recibido la Santa Comunión». La decisión de silenciar los detalles fue adoptada personalmente por Franco", describe Paul Preston.
LUEGO LA VERDAD EMERGERÍA
Pronto se revelaría que ese jueves santo, Juan Carlos había matado a su hermano Alfonso, de 14 años, de un disparo en la frente, con su revólver calibre 22 que le había regalado Francisco Franco. Para la fecha de la tragedia el futuro rey de España contaba con 18 años de edad y un año de instrucción militar en la Academia General Militar de Zaragoza. Todo fue un accidente.
La propia madre de Juan Carlos y Alfonso, "Doña María de las Mercedes -continúa Preston- dio a entender tiempo después que Don Juan Carlos, jugando, había apuntado el arma hacia Alfonsito y, sin saber que la misma estaba cargada, había accionado el gatillo. En parecidos términos, parece que el propio Don Juan Carlos confesó a un amigo portugués, Bernardo Arnoso, que él había apretado el gatillo sin saber que el arma estaba cargada…".
En otro pasaje de su libro Don Juan Carlos. El Rey de un pueblo, Paul Preston explica cómo las relaciones familiares se deterioraron irremediablemente.
"Don Alfonso [el malogrado hermano menor] recibió sepultura en el cementerio de Cascais, al mediodía del sábado 31 de marzo de 1956. Don Juan Carlos asistió a la ceremonia vestido con el uniforme de oficial cadete de Zaragoza. Incapaz de soportar la presencia de su hijo mayor, Don Juan le ordenó que volviera a la Academia Militar. El general Martínez Campos y el comandante Emilio García Conde se habían presentado allí con un avión militar español en el que el Príncipe [Juan Carlos] fue devuelto a Zaragoza", por orden de Franco, obviamente.
"Don Jaime de Borbón, hermano de Juan de Borbón y tío de Juan Carlos y Alfonso, exigió, en su calidad de jefe de la Casa de Borbón, que se abriera una investigación al respecto para depurar la responsabilidad del príncipe Juan Carlos, al considerar que tal suceso podía afectar a la línea sucesoria, que no llegó a ninguna conclusión. Este hecho afectó mucho emocionalmente a su madre, Doña María de las Mercedes de Borbón, que estaba presente durante el accidente y tuvo que recuperarse en una clínica alemana a causa de depresiones (…) porque se creía responsable por haber dejado a sus hijos jugar con el arma, para evitar que, aburridos en un atardecer lluvioso, siguieran peleándose".
¿Homicidio culposo? Lo menos, irresponsabilidad de parte de Juan Carlos de Borbón, quien con sus conocimientos de armas, puesto que cursaba en la Academia Militar de Zaragoza, y con 18 años de edad "jugaba semejante juego" con su hermano menor.-







Hola José Domínguez Domínguez:
Conocía ese hecho de la muerte del hermano del sucesor de Franco.
En cuanto a la Negritud que me comentaste muy amablemente, te diré que no estoy poniendo como un referente revolucionario. Ya sé y estoy contigo que la sociedad ha cambiado. Tampoco conozco bien a Sartre como para ponerlo de ejemplo de nada. Quizás de honestidad en su comportamiento. Del que tengo una vaga idea. Mi intención es dar a conocer el caudal poético de 'los pobres del mundo'. Los 'ricos del mundo' ya tienen todos los medios para hacerse publicidad.
Y estando, como estoy, en la creencia de toda esa transformación en las conciencias, sobre todo a partir del desmoronamiento del mal llamado 'mundo socialista' que en realidad era una sociedad de unos pocos, y teniemndo esa percepción de la falta de conciencia de clase, del aborregamiento de los sindicatos, no tengo tan claro que no haya lucha de clases. Eso si, no hay un confrontación abierta por
porque no hay una organización que pueda recoger y lanzar la protesta la rebeldía de un amplio abanico de habitantes dispuestos a esa lucha. Que lo están. Pero parar ello se necesita tiempo. Todo esto me surge del hecho de ver como el sueldo de numerosos no sobrepasa los 1000 euros. Con lo que se sienten agobiados buena parte del año. Y de ahí a la revuelta va un paso y solo falta esa chispa que le de confianza en su fuerza. De modo que confío.
Lo que no estoy de acuerdo es con el juicio de la Negritud que la reduces a un libro de Anón que yo tengo y que le publicó la Revista de Occidente. Un mal libro por cierto. No, no estoy de acuerdo con esa reducción. Fue un movimiento que removió laas conciencias de numerosas personas sobre África y fue una toma de conciencia de los mismos negros, descendientes de esclavos, sobre su situación en el mundo. Ese movimiento no tan minoritario pues llevó a sublevaciones en muchos lugares de Africa y al derrocamiento del colonialismo.
¿Que eso no ha traido la felicidad mas que para unos pocos? De acuerdo. ¿QUé los dirigentes se han hundido en la corrupción? De acuerdo ¿Que no han sabido romper con las ataduras de la potencia colonial? De acuerdo. Eso es verdad. Y las potencias coloniales han actuado de una manera salvaje. Baste el ejemplo de la Guinea francesa entonces liderada por Seku Ture: como votó no a la unión con Francia les desmontaron todas las instalaciones y les llavaron hasta el cable de los postes eléctricos, si mal no recuerdo.
En fin, estando de acuerdo en la mayoría de lo que escribiste, tenía que decirte estas palabras. Perdona si me extendido un poco. Y perdona mi torpe dicción.
Conocía el hecho, pero tampoco hace muchos años, como se dice, se cuidaron muy mucho de que no se supiera o se supiera lo menos posible.
Gracias una vez más por ampliar tantos datos y tantas circusnatncias.
Un abrazo y feliz semana
Okonkwo, amigo,
Empezaré por tu final: No hay nada que perdonar, al contrario, te agradezco la extensión y la claridad de tu exposición y por ello te invito a que así lo hagas tantas veces cómo lo consideres oportuno.
Es muy cierto lo que dices y yo mismo me dí cuenta del error que había cometido al interpretar en clave política tu post sobre la Negritud en pluma de Sartre. Por supuesto que mi capacidad intelectual se encuentra a años luz del Maestro para poder tan siquiera soñar con realizar un análisi crítico bajo el prisma filosófico o poético del mismo, y por ello elegí, -erróneamente, ya digo-, la vía político-social basada en la experiencia empírica que tengo del continente africano, al que tanto debo y quiero.
Obviando el libro de Anson, -al que por cierto, nunca he leído, ya que me cayó fatal desde que era un simple reportero del ABC, y si me referí a él fue usándolo como algo a no considerar-, en mi pobre conocimiento, la Negritud, -siempre desde un plano político, reitero-, fue un magnífico sueño que inició su andadura en los lejanos años del último tercio del XIX y que culminó en los Padres de la Independencia Africana, en nombres tan señeros cómo Julius K. Nyerere, Nwame Krhuma, Nnandi Azikiwe, Ahme S. Ture, y otros. A los que habría que añadir, en el plano intelectual, a Leopold S. Senghor; Patricio Lumumba o Eduardo Mondale, en el revolucionario; y, para finalizar, a Nelson Mandela y su lucha contra el apartheid sudafricano. Sueño que perteneció a una minoría ilustrada que intentó poner en marcha un Pan-Áfricanismo imposible.
Imposible porque, en primer lugar, la descolonización de África no fue otra cosa que una acción tutelada por parte de las Metrópolis colonizadoras incapaces de afrontar los gastos en infraestructuras que requeria el continente para modernizarlo, pero que no estaban dispuestas a perder el mercado de materias primas que este ofrecía. En segundo lugar, el hecho de la Conferencia de Berlín en cuanto al establecimiento de fronteras y que fueron ratificadas por la Organización de Estados Africanos, lo que significaba la pérdida de cualquer sueño de unificación política y traía como consecuencia una atomización de Estados multiétnicos y de composición tribal, muchas de ellas viviendo en la edad de piedra.
Tampoco resultó baladí las consecuencias de la Guerra Fría y la división en dos bloques que esta supuso. Norteamericanos, soviéticos y chinos jugaron su influencia e intereses en el panorama africano y condicionaron el porvenir político y económico de sus Estados, hipotecándolos para generaciones al embarcarlos en guerras interminables e imposibilitando la estructuración de sus sociedades. Guerras que, finalizada la confrontación política entre las potencias hegemónicas, se perpetúan actualmente en la forma económica por el control de minerales estratégicos, los hidrocarburos o el enfrentamiento étnico
Nada, amigo, me agradaría más que África encontrase su camino pero me temo que a corto y medio plazo no va a ser posible mientras siga bajo la dependencia, de una u otra forma, del Primer Mundo. Nada me gustaría más que equivocarme en mis previsiones, pero mucho tendrán que cambiar las circunstancias que allí se dan para que esto pueda ocurrir. Algo que no compete, por desgracia para ellos, únicamente a los africanos.
Un fuerte abrazo.
Amiga Mar,
Esto, cómo tantas cosas referentes a la "familia", siempre se procuró dejarlo alejado del conocimiento general.
Nada nuevo por otra parte. Hay motivos fundados para creer que el golpe militar de Primo de Rivera se dió para evitar la comparecencia en las Cortes del informe Picasso referente a los desastres y la corrupción en Marruecos, y las implicaciones políticas y militares, entre las que no estaba exento Alfonso XIII.
Un beso, e igualmente, una felíz semana.