¿Las dos Españas o la España a la contra? ( I )
Jose Antonio Cerrillo Vidal
Rebelión !6 de marzo de 2008
Los resultados de las recientes elecciones generales tienden a confirmar los peores augurios sobre las tendencias sociales en nuestro país que algunos -o al menos yo mismo y otras personas de diferente signo político con las que a menudo comparto tertulias- venimos advirtiendo en los últimos tiempos. Ratifican la, en principio, imparable tendencia hacia la derechización de un importante porcentaje de la sociedad española. Por que cualquier ciudadano que lea con un mínimo de atención los resultados electorales y se haya interesado siquiera brevemente por la vida política nacional los últimos cuatro años tiene que llegar a una sola conclusión: la pírrica victoria del PSOE es debida única y exclusivamente a que es el partido anti PP. Lo fue hace cuatro años y lo ha sido en 2008. Profundicemos en ello. Nos hemos acostumbrado a escuchar aquello de las dos Españas, reminiscencia de aquellas que se enfrentaran en la gran tragedia del siglo XX español, la Guerra Civil. Y como entonces, tampoco ahora es verdad, o al menos sólo lo es a medias. En 1936 concurrieron a la contienda dos bloques sociales bien diferenciados. Por un lado una derecha que estaba cerca de ser la mitad de la población española, compacta ideológicamente en su conservadurismo pese a un indudable grado de diversidad interna, reducida pero real. Por otro, un conglomerado heterogéneo, plural y sin duda contradictorio de sujetos políticos que incluían a social demócratas, anarquistas, comunistas (tanto estalinistas como trotskistas), republicanos, liberales, intelectuales y nacionalistas periféricos que tan solo tenían en común su rechazo a esa otra España reaccionaria, cuyo autoritarismo y voluntad de involución respecto al progreso que había representado la II República les amenazaban a todos por igual. El desenlace es por todos conocido, y no en poca medida por esa diferencia de compactación social e ideológica de un bloque histórico, por emplear la feliz expresión del gran Gramsci, sobre otro. Desde entonces la sociedad española ha cambiado mucho: se ha hecho mucho más compleja, se ha transformado profundamente, se ha modernizado, como se suele decir desde discursos dominantes. Pero determinadas constantes se mantienen aún hoy, y el del enfrentamiento de estas mal llamadas dos Españas es una de las principales. Como tantas otras cosas tampoco esta situación se solucionó tras la popularmente conocida como Transición. Hoy como ayer una mayoría social de derechas, de ideología conservadora y, por que no decirlo, autoritaria, se contrapone a todas las demás Españas en las que caben desde el nacionalismo periférico neoliberal de CiU y PNV a la izquierda radical, en perfecto buen sentido, de los movimientos sociales. Como en 1936, la derecha es la minoría mayoritaria, pero quiere imponer por la fuerza a todos los demás su "visión de España", como no se cansa de expresar Rajoy. En 2008 como en 1936 la mayoría numérica que conforman el resto de minorías unidas lucha por que esto no suceda. Claro está, hoy día no tenemos la constitución más progresista de la historia de la humanidad, ni políticos de la talla de Azaña, ni un contexto internacional de lucha contra el fascismo, ni intelectuales tan importantes como Ortega, Buñuel, Lorca, Dalí o Unamuno. Hoy el Frente Popular es el del desencanto y lo aglutina principalmente el PSOE de Zapatero, que no es precisamente Largo Caballero, como Ana Belén no es Miguel Hernández. Afortunadamente, si algo ha cambiado es que no hay demasiados militares dispuestos a tomar el gobierno por las armas. Al menos eso hemos ganado. Porque, ¿qué tengo yo en común con un votante medio de CiU?, ¿qué tiene que ver mi anticapitalismo con un militante meapilas del PNV? Evidentemente, lo único que nos une es la conciencia de que el PP es absolutamente nocivo para este país, y en especial para su cultura política. De ahí que el PSOE recoja votos de todas las tendencias a la izquierda de los Populares: viejos socialdemócratas convencidos, clases medias progresistas con abundancia de profesionales liberales más o menos intelectuales, nacionalistas periféricos con miedo al centralismo de los de Rajoy, desencantados de todo que sólo tienen claro que no quieren ver ni en pintura al mencionado gallego en la presidencia, izquierdistas que votan con la nariz tapada (frase que tomo literalmente de un amigo mío, comunista de siempre), minorías que no comulgan con ciertos conservadurismos, clases populares que siempre han votado socialista simplemente porque para ellos es la única izquierda posible, agradecidos de cierto desarrollismo en territorios tradicionalmente deprimidos, creyentes del voto útil... Una amalgama profundamente contradictoria entre sí, de difícil encaje programático y discursivo por más que desde Ferraz se intente, que se intenta. No extraña entonces el vaivén ideológico del partido en el gobierno. Que a veces quieran ser más de derechas que nadie en cuanto al control de la emigración, el aumento de la presencia policial o la "firmeza" contra el terrorismo y tenga como promesa estrella la bajada de impuestos, mientras que en otras ocasiones apueste por conceder el derecho de matrimonio a los homosexuales, opte por el diálogo como principal arma política y afirme, aunque sea de boquilla, separarse de la estrategia de dominación estadounidense. No debe extrañarnos si tenemos en cuenta que entre sus votantes hay españolistas y separatistas, liberales y anticapitalistas, republicanos y monárquicos, cristianos y ateos. Contentarlos a todos es imposible, claro. Si se tapa la cara se destapa los pies. En misa y repicando. La clave de su permanencia en el gobierno es entonces obvia. Ya que a nadie contenta por entero, al menos se nutre del mínimo común denominador del mal menor que es evitar la presencia Popular en la Moncloa. Y eso es débil, es pobre, es volátil. Depende del grado de miedo al enemigo, algo que sus rivales se encargan de provocar solos. Ahora bien, ¿es esta estrategia sostenible a largo plazo? En mi opinión rotundamente no, más aún teniendo en cuenta como evoluciona la sociedad española. La mayoría socialista está cogida con alfileres y si todo sigue como está caerá en cuanto el gobierno actual se desgaste, el temor al PP se diluya, los derechones presenten un candidato adecuado o simplemente si su electorado fiel sigue creciendo, situaciones todas ellas harto probables. La débil victoria del 9 de marzo, pese a la ventaja que siempre da estar en el gobierno, es la muestra más palpable de la caducidad del zapaterismo.







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