El Valle de los Caídos es básicamente una obra personal de Franco, él tuvo la idea, la concepción del programa e hizo la selección del lugar, allí se realizaron diversos actos conmemorativos, festejos, etc, que claramente transmiten ideología fascista. "Los hombres se olvidan de las cosas, y por ello es necesario repetírselas una y otra vez. El ritual religioso ha sido un instrumento crucial en este proceso recordatorio. Una y otra vez, este proceso hace presentes a quienes participan en él las fundamentales definiciones de la realidad y las legitimaciones que a ellas corresponden". (Berger, 1981:67).

"Desde que el General entregara en la madrileña iglesia de Santa Bárbara su "espada triunfadora", en mayo de 1939, y desde que Pío XII publicará la Encíclica sobre el final de la guerra, la identificación entre el régimen y la Iglesia oficial fue completa".

( Historia de España. La época de Franco, 1997: 5)

La muerte es el principal desafío a todas las definiciones de la realidad socialmente objetivadas, tanto del mundo, como de los demás, como de uno mismo, y en tanto que el conocimiento de la muerte no puede ser evitado en sociedad alguna, las legitimaciones de la realidad del mundo social cara a la muerte se convierten en exigencias necesarias para cualquier sociedad. La importancia del lugar que la religión ocupa en este tipo de legitimación es obvia. Ello permite al individuo continuar "existiendo" en el mundo de su sociedad, no como si nada hubiera ocurrido. " Cuando una determinada sociedad debe "motivar" a sus miembros, bien a matar, bien a poner en peligro su vida aceptando verse en situaciones marginales extremas, las legitimaciones religiosas se vuelven muy importantes". (Berger, 1981:72-73). El tema que nos ocupa es un claro ejemplo de ello, cómo se tratan de justificar los caídos por "la patria" haciendo creer que sus almas están en reposo eterno y que éstos han muerto por una causa justa. "Las orientaciones religiosas trascendentes, la creencia en otra vida después de la muerte, y determinados rituales facilitan la superación de la muerte. Por otro lado, el miedo a las sanciones en el más allá, tuvo una gran importancia para asegurar un tipo de conducta en las acciones del más acá." (Hillman, 2001:617-618).

Todos pasamos por este mundo, sin saber cuánto tiempo estaremos. A su vez, el ser humano posee el deseo de perpetuarse y le aterra la noción de quedar en el olvido, y que a nadie le importe si alguna vez existió o no.

"Las ciudades de Lenningrado y Stalingrado, son ciudades de Rusia que antes se llamaban Volgogrado y San Petersburgo. Fueron cambiados sus nombres cuando los mandatarios de alli quisieron adquirir su boleto hacia la perpetuidad. Es costumbre de los dictadores el creer que son irremplazables y eternos. Todos ellos intentaron inmortalizarse mediante monumentos que colocaron en plazas y lugares públicos para ser venerados. Sin embargo, serán recordados por sus actos atroces más que por sus monumentos".

( en www.ajdnt.com.ar/ajdnts/208.htm)

"Tras la muerte de Franco, sus estatuas ecuestres empezaron a desaparecer con mucha lentitud y discreción, pero permanecen algunas tenazmente en su sitio".

(Historia de España: El régimen de Franco y la transición de la democracia, 1995:8) [7]

La arquitectura contemporánea está muy alejada de aquella imagen de poder que en su momento desarrollaron hasta el cansancio los regímenes totalitarios de Stalin, Hitler y Mussolini. Allí el simbolismo de poder estaba dirigido a exaltar el culto a la personalidad, dentro de un revival de la arquitectura clásica.

En estos regímenes, se utiliza el monumentalismo arquitectónico como propaganda política. El desprecio de las proporciones armónicas y la tosquedad de los detalles condujeron a la construcción de edificios que servían sólo como decorados colosales que escenificaban el poder del estado, dejando de lado consideraciones artísticas. Los planes de Albert Speer para Berlín, o los proyectos para Núremberg, la ciudad de las celebraciones del partido nazi, evidenciaron los delirios de grandeza arquitectónicos, al igual que las construcciones de Marcello Piacentini en Roma. Paradójicamente, el monumentalismo estaba al servicio de modelos sociales ideológicamente contradictorios. Era a un tiempo seña de identidad del fascismo italiano o alemán, y símbolo del socialismo de la Unión Soviética.

"En un primer momento hubo un deseo de imitación de la arquitectura de la Alemania nazi. De acuerdo con estas pautas estéticas, se proyectó, por ejemplo, el Ministerio del Aire y el Valle de los Caídos; a esa misma actitud corresponden muchas de las utopías arquitectónicas de la época que incluso prevén la destrucción de la Gran Vía madrileña. Pero todo ello quedó en nada, en parte debido a las debilidades económicas del momento y en parte también a los propios cambios en la vida del régimen. Sin embargo, si que se siguió adelante con las obras del Valle de los Caídos, lo que supuso un desembolso económico que la España de la autarquía difícilmente podía soportar".

( Historia de España. La época de Franco, 1997: 182)