3. DESARROLLO.
A. El concepto de ideología.
En la acepción más corriente, las ideologías son creencias acerca del modo en que debería organizarse políticamente una sociedad. El socialismo, el nacionalismo, el liberalismo, son ideologías. Las ideologías totalitarias, en extremo, son aquellas más hostiles o intolerantes hacia otras ideologías y dictan a la vez un estilo de vida para sus creyentes. Para la sociología del conocimiento, las ideologías son sistemas de creencias acerca del mundo, verdaderos o falsos, no importa, pero causados o determinados socialmente. Como vemos, el concepto de ideología se plantea desde diversas aproximaciones. Podemos decir, entonces, que: a) se trata de un conjunto de construcciones mentales con diferentes grados de racionalización y distintas formas discursivas, b) su necesaria referencia a la práctica vital conlleva una dimensión moral y política (valorativa) no fácilmente discernible, aunque se postule su distinción con respecto a las meras creencias y a los sistemas de pensamientos o puro conocimiento, c) plantean un sentido global o de totalidad (incluso, pretenden cierta universalidad y no evitan el esquematismo) para una esfera amplia de experiencia colectiva: sociedad o actores sociales estructuradores de la sociedad; d) por último, su validación por referencia a la práctica social-histórica no puede restringirse a la pertinencia lógico formal o a la capacidad explicativa de esa construcción, pero tampoco a la simple constatación de la existencia de esos discursos. Su significatividad descansa en su capacidad legitimadora, persistente y amplia, de la acción social. Respecto a este concepto, Norberto Bobbio (1982: 785) propone distinguir entre ideología débil e ideología fuerte. En su significado "débil", ideología designa el genus de los sistemas de creencias políticas: un conjunto de ideas y valores concernientes al orden político, que tienen la función de guiar los comportamientos políticos colectivos. El significado "fuerte" tiene su origen en el concepto de ideología de Marx, entendido como falsa conciencia en las relaciones de dominación entre las clases. Este concepto, se diferencia claramente del primero porque mantiene en el propio centro (diversamente modificada, corregida o alterada por los distintos autores) la noción de falsedad: la ideología es una creencia falsa. En el significado "débil", la ideología es un concepto neutro, que prescinde del eventual carácter mistificante de las creencias políticas; en el significado "fuerte", ideología es un concepto negativo que denota precisamente el carácter mistificante, de falsa conciencia, de una creencia política. El significado fuerte de ideología ha sufrido, por su parte, una singular evolución. En Marx, ideología denotaba las ideas y las teorías que son socialmente determinadas por las relaciones de dominación entre las clases, y que justifican tales relaciones dotándolas de una falsa conciencia. En la evolución posterior del significado de la palabra, ha sido generalmente olvidada la conexión entre ideología y poder. En cuanto al resto, este significado se ha planteado en las relaciones entre dos de los elementos constitutivos de la formulación original: el carácter de falsedad de la ideología y su determinación social. Por una parte, se ha mantenido firme y se ha generalizado el principio de la determinación social del pensamiento, perdiendo así de vista el requisito de la falsedad: la ideología está disuelta en el concepto general de sociología del conocimiento. Por otra parte, se ha mantenido firme, se ha generalizado y se ha reinterpretado el requisito de la falsedad, olvidando a su vez la determinación social de la ideología: el punto de llegada es aquí la crítica neopositivista de la ideología (N. Bobbio y N. Matteucci, 1982: 785-786). En relación a la función social de la ideología, el problema más espinoso es, probablemente, el de explicarla como una creencia que cubre o enmascara los intereses de los detentadores del poder, que puede operar como una falsa conciencia incluso en quienes se encuentran subordinados al poder, ya que refleja los intereses inmediatos y, por tanto, diferentes tanto de los dominadores como de los dominados. La creencia ideológica puede desarrollar su función de integración política y social. La tradición sociológica arranca, sobre todo, de la propuesta polémica de Marx, que se rebela en La ideología alemana (escrita en Bruselas entre mediados de 1845 y Agosto de 1846) contra las ideas falsas que los hombres se han forjado desde siempre sobre sí mismos, y ataca corrosivamente a los ideólogos, que creen que cambiando las ideas cambia el hombre, contribuyendo con sus quimeras o sombras de la realidad a la ensoñación y somnolencia del pueblo. El desarrollo crítico avanzado por Weber derivará hacia el análisis objetivo de los valores y los correspondientes intereses ideales y materiales que las distintas sociedades propugnan en la legitimación de sus acciones. En ambos casos, se trata de hacer patente la particularidad histórica y social de las ideologías y sistemas ideales valorativos, frente a su pretensión de eternidad, naturalidad o universalidad. En resumen, el concepto ideología, en su acepción marxista, es el conjunto de creencias falsas de las que se han servido las clases dominantes para mantener su posición privilegiada. Por ello, es necesario prestar especial atención sobre el vínculo existente entre ideología y poder. Los sistemas de creencias políticas, que pueden tener un carácter ideológico, interpretan y justifican situaciones de poder dadas. En ellas, los juicios de valor califican como legítimo, bueno y/o útil el poder. De este modo, motivan los comportamientos de dominación y los comportamientos de obediencia. En la definición de Giddens (S. Giner y E.Lamo: 1998:367), el concepto de ideología está estrechamente relacionado con el poder, puesto que los sistemas ideológicos sirven para legitimar el poder diferencial que mantienen los grupos.
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