Ventana de Opinión. Gasteiz....¿Por quién doblan las Campanas...? (II)
Tras estos acontecimientos la indignación es máxima, y la tensión se hace insoportable. Se suceden los disturbios y Gasteiz presenta un panorama desolador de destrozos. Alguien llega incluso a arrojar una granada de mano contra la sede del gobierno civil. Se suceden las cargas policiales.
El entonces ministro de la gobernación, Manuel Fraga Iribarne, se encuentra cuando estallan los disturbios en Alemania, intentando convencer a la cancillería alemana de la naciente democracia española, habiendo delegado en Adolfo Suárez. Fraga es telefoneado para informarle de los sucesos y para requerir su presencia, pero la respuesta que el ministro da es desconcertante: "ese es un problema de trabajo: que se ocupe el ministerio del trabajo y de relaciones sindicales". Suárez, que será presidente en alrededor de un año, se encuentra así con su primer reto político importante.
El presidente Arias propone imponer de inmediato el estado de excepción en Vitoria. Por fortuna se le oponen Suárez, Rodolfo Martín Villa (ministro de relaciones sindicales) y Osorio, convenciéndole de enviar más refuerzos desde las provincias limítrofes. Suárez comienza a analizar y gestionar la situación, confiando en frenar cualquier derramamiento de sangre.
El cinco de Enero, viernes, tuvo lugar el funeral. Fue imposible de calcular, incluso a día de hoy, la asistencia: miles de personas se apiñaban en el interior de San Francisco de Asís para despedir a sus compañeros, mientras miles de miles seguían el funeral por megafonía desde el exterior. Mientras tanto, las fuerzas de seguridad se mantenían acuarteladas y dispuestas a actuar.
En el interior, el funeral, concelebrado por ochenta sacerdotes, adquiere en sus sermones de tintes de reivindicación obrera. Interviene en el acto Jesús Fernández Naves, líder sindical de aquellas jornadas, aprovechando para hacer un llamamiento a secundar la huelga general que tendrá lugar en Euskadi.
De camino al cementerio, 50.000 personas forman el cortejo fúnebre. No habían salido muy bien los ataúdes de la iglesia cuando una voz fuerte surcó el aire gritando: "¡Gloria a los muertos del mundo del trabajo!", que se convirtió en el lema del funeral. Algunos policías se encuentran apostados en formación en algunas calles: la multitud indignada les insulta, pero algunas personas, mujeres, hombres y niños, deciden hacer un cordón humano alrededor de ellos para evitar agresiones. La tensión va subiendo de grado conforme el cortejo se acerca a la sede del gobierno civil. El capitán general de la zona informa al gobierno de que está dispuesto a dar la orden de atacar si la asaltan. Suárez le disuade y asume plena responsabilidad de lo que pueda ocurrir.
La visión política más clara que el gobierno tuvo fue que peligraba el proyecto de ley de asociaciones, ya que esto venía a confirmar la teoría principal de la ultra-derecha de que el orden y la paz de la que hasta ahora habían gozado estaba desapareciendo.
El Sábado día 6 de Marzo, Fraga y Martín Villa visitan a los heridos. Los familiares les reciben con miradas hostiles, y alguno se atreve a preguntarles que si es que venían a rematar a los heridos. Otro de los heridos del 3 de Marzo fallecería en esos días.
Pero Vitoria daría todavía algún muerto más. Aquel mismo día seis, durante los enfrentamientos con la policía en una manifestación por lo de Vitoria, un joven moría tiroteado por la policía en Basauri (Vizcaya). En esa semana venidera se proclama la huelga general en el País Vasco.
Tras esos incidentes, el gobierno quedó muy tocado, especialmente el ministro de la gobernación y el de relaciones sindicales, cayendo en desprestigio ante una sociedad, cuya lectura era, como dice Victoria Prego en la serie "La Transición", "el rotundo fracaso de un gobierno que promete democracia, pero practica el totalitarismo; que promete libertades, pero actúa con violencia".
Han pasado 32 años desde estos tristes sucesos. 32 años desde los que no se ha podido procesar a los responsables políticos. Si bien poca cosa se le puede reprochar a Adolfo Suárez, que se hizo cargo de una situación debido a la indolencia e irresponsabilidad de Maniel Fraga -a quien estaba sustituyendo mientras éste vendía en tierras germanas la borbónica faz democrática de Juan Carlos-, sí que tuvieron una responsabilidad absoluta el ministro de relaciones sindicales, Rodolfo Martín Villa, el ministro de la presidencia, Alfonso Osorio, y, por supuesto, el ministro de la gobernación Manuel fraga, más por su indolencia, irresponsabilidad e incompetencia que por otra cuestión. A estos tres hombres, junto a su presidente Carlos Arias Navarro, no sólo no se les han exigido responsabilidades políticas, no sólo no han sido condecorados por "traernos" la democracia, no sólo no han pedido perdón, sino que desde entonces se han dedicado a verter mentiras. Fraga, en aquellos días, sentenciaba que esto sirviera como ejemplo para aquellos que quisieran romper el orden y la normalidad: unas declaraciones francamente democráicas. El propio Osorio, en el documental "La Transición", no sólo declaraba que con los huelguistas en los meses anteriores a Marzo se había sido tolerante en exceso, sino que asegura que detrás de la huelga estaba, no la mano de CC. OO o de UGT, sino de ETA: ¡Fíjese señor Osorio! ¡Fíjese si eran de ETA que hasta hicieron un cordón humano para evitar que nadie agrediera a las fuerzas de seguridad! De hecho, he visto muchos vídeos y en ninguno se llega a oír a nadie gritar ni uno solo de los lemas más coreados por entonces por la extrema izquierda abertzale, ni siquiera se oye a nadie hablar en vasco.
A pesar de todo hay buenas noticias. Si, como venía en algunos medios, prospera la iniciativa de un grupo de estudio del gobierno vasco, es muy posible que se consiga llevar a juicio a estos tres hombres.
Ignoro si, como dicen ellos, fue culpa de los sindicatos y su manera irresponsable de llevar la huelga. No lo sé, pero no lo creo. Sólo me constan dos cosas: que éste es casi el único capítulo de "La Transición", el documental, en el que no se es objetivo y claramente culpa a la actuación del gobierno, y que, como dijo George Orwell, si veo a un obrero enfrentado a un policía, no necesito mucho tiempo para posicionarme. Por eso no me avergüenzo, porque soy de la clase obrera, gritar como entonces:
¡GLORIA A LOS MUERTOS DEL MUNDO DEL TRABAJO!
COMPAÑEROS... ¡UNIDOS!
http://www.loquesomos.org/lacalle/memoria/vitoria.htm
http://www.foroporlamemoria.info/documentos/2005/fraga_pcm_junio2005.htm
”








Gustavo dijo
Agradezco profundamente que te haya interesado tanto mi entrada como para publicarla aquí. Saludos.
13 Marzo 2008 | 10:57 AM