España, ( III )

En Sevilla, los poderosos tenían un gran número de esclavos, pero también algunas familias relativamente modestas poseían al menos uno. Se compraba un esclavo, por lo general, para valerse de su trabajo o para disponer de él a su antojo. Así, el esclavo servía para pagar una deuda o para terminar embargado o hipotecado cuando las dificultades de su dueño le llevaban a la ruina. El esclavo era una propiedad más del dueño, sujeta, por tanto, a las variaciones y cambios normales en la situación económica y en la vida de su propietario. Si su amo le permitía trabajar por su cuenta, adquiría entonces una cierta libertad que no la tenían otros. En ocasiones el dueño se servía de su esclavo como confidente. En concreto, las hembras esclavas podían en ciertos casos proporcionar al dueño lo que podría definirse como salario del placer, aunque la Iglesia no viera con buenos ojos el amancebamiento de amo y esclava (como ningún otro).

Hemos comentado que el clero secular (canónigos, presbíteros, beneficiados...) era un sector muy activo tanto en las ventas como en las compras de esclavos. En cuanto al clero regular, a las órdenes religiosas, también son propietarias de siervos. Normalmente vendían más esclavos que compraban, pues los que tenían solían proceder de donaciones hechas al convento. Estas ventas tienen como objetivo tener dinero en metálico para hacer frente a las necesidades del convento o por expreso del donante:

"Fray Cristobal de Aguilar, del orden de predicadores, prior del monesterio y conbento de Sto. Domingo de la ciudad de Oran el real, estante al presente en Sevilla vendo... (dos muchachos moros) que su exelensia el duque de Maqueda, gobernador y capitán general de la dicha ciudad de Orán dio de limosna a el dicho monesterio de una presa que hiço en una escaramusa que tubo con los moros que confinan con la dicha ciudad de Oran, para hacer de su presio una lampara para alumbrar la ymagen de Nuestra Señora del Socorro que esta en el dicho monesterio..."

Se tiene constancia que poseen esclavos y los venden las siguientes órdenes masculinas: Dominicos, Mercedarios, Jesuítas, Franciscanos y la Orden de San Juan de Dios.

En los conventos femeninos, que mueven más esclavos que los masculinos, la situación es similar, con la particularidad que el esclavo podía entrar en el convento sirviendo a la dueña cuando esta profesa. Destaca la presencia de esclavos en los conventos de Santa María de Gracia, de Pasión, Madre de Dios, Santa Clara, Santa Paula, Asunción...

"[La esclava] nos pertenece por donación que della fizo Francisco de Collantes, vezino desta ciudad para que sirbiese a mi la dicha soror Maria de San Gabriel su hija, y se la bendemos para feto de comprar otra en su lugar..."

"vendo a soror María de la Soledad monxa profesa del monasterio de santa Maria de Graçia de Sevilla para ella y para el dicho convento y las demas monjas que se pudieren servir de la esclaba conforme a la licencia de sus prelados..."

Los Hospitales también contaban con esclavos para vender, procedentes de donaciones: tal es el caso del Hospital de las Bubas, el Amor de Dios, el de Nuestra Señora de la Paz o el de los Inocentes.

En cuanto a los malos tratos que pudieran recibir los esclavos por parte de sus señores, lógicamente dependería de la crueldad de estos. Lo cierto es que el señor dispone hasta de la vida de su cautivo, sin que la autoridad civil pueda inmiscuirse, la Iglesia le aconseja que sea justo y moderado en los castigos; en caso de que muera el esclavo por malos tratos, será considerado pecador y todo pecador tiene su penitencia: "el daño no se le causó al esclavo, ni a sus hijos, i herederos, sino a sí mismo, pues con la muerte de su esclavo, quedó privado de su servicio..."