Más allá de las elecciones en España
Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada 24 de Febrero de 2008
Las diferencias entre un partido conservador xenófobo, situado en el extremo de la derecha europea, y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es abismal, no digamos con Izquierda Unida u otros partidos del espectro político institucional. Ello se traduce en tiempo de elecciones en un miedo al oscurantismo con un efecto consecuente, llamar al voto útil, todos contra el Partido Popular (PP). No se llama a votar, sino hacerlo instrumentalmente. No se busca un voto en conciencia. Muchos podemos coincidir en el diagnóstico, no en la solución. Hoy, el PP encarna lo más retrógrado y espurio de la política. Rancio en sus actuares, ejercita un caciquismo en el siglo XXI bajo una forma oligárquica. Es decir plutocrática, excluyente y represiva. Desprecia los valores de la igualdad, la justicia social, la democracia radical y la ciudadanía ejercida con dignidad. Rehúye el cambio social y se atrinchera en un mundo decimonónico el cual añora. Bajo un discurso peculiar quiere recuperar el papel estelar de Dios y la familia católica en la sociedad política. El Estado laico debe aparcarse hasta nuevo aviso. La Iglesia, en tanto institución, según reza su credo, debe recuperar el protagonismo e imponer sus normas de conducta, proyectar su verbo divino en el mundo terrenal. Un fundamentalismo de nuevo cuño, en el cual el túnel del tiempo nos transportaría a las catacumbas de los colores purpurados, las conferencias episcopales y las órdenes en los púlpitos de las iglesias para el amén de todo quisque. Se acabó la separación de poderes entre la Iglesia y el Estado. Los ateos, agnósticos y el resto de confesiones pasarán por el aro. Ni laicismo ni secularización.
Para el PP, España ha sido traicionada. Hoy vive su peor crisis desde la transición, una pérdida de identidad, se tambalea la gobernabilidad y su unidad territorial. Sufre una degeneración de principios morales cuando se proclama la unión de matrimonios homosexuales, la promiscuidad se extiende y la prostitución no se combate. La cotidianidad es un sin mar de pesadumbres: violencia, terrorismo, drogas, delincuencia juvenil, alcoholismo e inseguridad ciudadana. Sin olvidar las lacras del narcotráfico y el terrorismo internacional. En conjunto, una situación en la cual la corrupción del espíritu y la emergencia de falsos dogmas perturban la verdadera salida. Dogmas impulsados por los lobos con piel de corderos, fariseos del mercado de las ideologías, cuyo fin es quebrantar la fe católica, desprestigiar al Papa de Roma y destruir a Occidente. En otras palabras, son los progresistas, ellos quieren acabar con el sistema de libertades, la economía de mercado y el liberalismo. Hay que desenmascararlos, son portadores de la ideología del buenísimo; nos llevan hacia un abismo, oscuro y desangelado.
Bajo estas circunstancias es necesario poner orden. Proponer un director de orquesta que sepa mover la batuta. Devolver la confianza a los concertistas. Deben recuperar el ritmo y saber que han nacido para obedecer. Por consiguiente, el nuevo caudillo se erige en un salvador de la patria. Frente a la oscuridad la luz, al caos el orden. Así se transforma en Cid Campeador contra los inmigrantes. Se convierte en un capitán Garfio contra una tripulación amotinada. Muta en empresario prometiendo más despido libre y flexibilización del mercado laboral. Tampoco olvida su condición de hombre proclive a enfermar y ofrece la privatización de la salud pública. Así se mejora la gestión. Las mil y una cara del candidato. Practica la ética de la responsabilidad para salvar la nave y recalar en puerto seguro. Antes mano dura que ser mojigato. Desea una España grande, libre y unida bajo el poder central de la Inquisición. La derecha es redentora, y su caudillo, Rajoy, recupera un tono mesiánico iluminado por el grandioso. Motivo suficiente para entender de los problemas del común, ya puede alumbrar certezas. Aduce a la economía doméstica, a subir los salarios, crear empleo, reducir impuestos y bajar alquileres. Se acerca a los mercados, pregunta por el precio del pan, la leche, la carne, frutas y verduras. Toma nota y muestra interés, firma autógrafos y se retrata sin importarle si ríen o lloran. Dice tener sensibilidad. Atiende las reivindicaciones de estudiantes, deportistas, investigadores, universitarios, agricultores, campesinos, jóvenes y pensionistas, todos tienen su espacio. Él no genera incertidumbre. Seguro de sí mismo, es parte del poder, jefe de la oposición, expresa con gesto paternalista: el poder no puede decir un día blanco y al siguiente negro. No debe jugar con el futuro. Para la derecha, el destino social y político de las personas está como Edipo Rey, formando parte de su propio ser. De su ethos. Profesión, clase, carácter, estatus, ideología, deben adquirirse desde la cuna y no ser modificados. Se acabó la movilidad social y la idea del progreso. Partidarios de la creación inteligente, de la existencia del infierno, sus actuales cosmovisiones lo ubican en la franja del espectro político más a la derecha del conservadurismo mundial.
Aunque lo más significativo de este fenómeno es su traslación al mercado electoral, es decir lo anterior, forma parte de un consumo de ideas para votantes adictos a dichos mensajes. En España existen 8 o 9 millones de consumidores que compran regularmente la visión del PP. Se relamen en temporada electoral. El programa con sus colores, sus candidatos, en sus ofertas y sus rebajas los hace atractivos, compran compulsivamente, se exponen productos en forma de promesas y eslóganes electorales. Pero lo mismo ocurre en la otra orilla. El PSOE, Izquierda Unida y los partidos que han gobernado y gobiernan en las comunidades autónomas asumen la misma práctica. Tal vez no se dan cuenta del grado de hastío y la sobrecarga del sistema. El riesgo acecha. Si esto continúa, España podrá tener a su manera un ¡Ya Basta! Una alternativa al orden político neo-oligárquico. Quizás emerja la Tercera República de sus cenizas. Con ello se recuperaría la ciudadanía plena, la democracia política y la memoria histórica, esencia para ejercer el principio de dignidad humana, secuestradas desde la Segunda República.







Ante todo muchas gracias por la visita. HE LEIDO EL COMENTARIO Y LA VERDAD ES QUE EL PUEBLO IGUAL NACESITA UN PARTIDO MAS CENTRADO Y LO DIGO EN TODOS LOS SENTIDO, TENGO LA SENSACION CUANDO OIGO
Y VEO A LOS POLICOS QUE SON COMO VENDEDORES DE ILUSIONES Y AL FINAL TODO ES FANTASIA, LO PROMETIDO SE QUEDO EN OLVIDO, Y LA CULPA DE TODO LA TIENE EL CONTRARIO; PERO BUENO POR LO MENOS TENEMOS PARLAMENTO QUE YA ES ALGO, EL PROBLEMA ES QUE LOS PARLAMENTARIOS PIENSAN QUE ESTAN EN EL OLIMPO Y SE COMPORTAN COMO DIOSES.
ATTE M.C. UN ABRAZO.
M.C., amiga, ha sido un verdadero placer pasar por tu casa,
A mi modesto entender, claro, no se necsita más "centro", entre otras cosas porque el centro no existe, o se está comprometido con las injusticias y las desigualdades sociales o no se está. Por lo tanto, se necesita una deriva general hacia la "izquierda" o, si se prefiere, una política que tenga más encuenta a quellos que por las causas que sean disponen de menos medios para llevar una vida digna. No es de recibo, hablando en términos de "civilización" y de "humanismo", que mientras unos pocos dilapidan fortunas en cosas superfluas más de la mitad del planeta vea como sus ciudadanos mueren de hambre o de enfermedades.
Efectivamente tenemos un Parlamento pero hay que procurar que sirva para algo más que para que se den en él espectáculos vergonzosos entre sus señorías. También existió un Parlamento desde el siglo XIII en Gran Bretaña y ello no fue óbice para que desaparecieran las clases sociales, más bien, ayudaron a mantenerlas. También existió un Parlamento en nuestro país durante la Restauración y el pueblo llano vivió en la miseria y se instauró el caciquismo. El Parlamento, por sí solo, no es garantía de democracia y nos corresponde a nosotros los ciudadanos luchar por ella.
Los políticos han formado una "clase" o "casta" que, instaurada en el poder, lo utiliza en su propio beneficio. Salvando a aquellos que de buena fe luchan y se esfuerzan en modificar las cosas, la gran mayoría aprovecha la política para salvarguardar sus intereses de clase. Resulta absolútamente lógico que la derecha, que conforma la elite económica, realice una política que le favorezca y no lo haga a favor de los obreros. Y también resulta lógico que la izquierda, teniendo en cuenta la derechización globalizada que ha tenido lugar trasla caída de la Unión Soviética, se apunte a este neo-liberalismo victorioso que es capaz de, en su ceguera, de realizar guerras preventivas o destruir el propio planeta buscando objetivos económicos inmediatos e hipotecando el futuro.
Pero, aparte de planteamientos económicos, existen otros de tipo humano y no se deberían obviar. Mientras que existan seres humanos sumidos en la miseria, condenados a la marginación o, simplemente, sin poder encontrar un puesto de trabajo, nuestras conciencias no deberían estar tranquilas
Pero todo el daño no es atribuible solo a los políticos. Somos los ciudadanos los que debemos velar porque no se pierdan las libertades adquiridas con tanta sangre y lucha, y debemos pensar que la pérdida de nuestra conciencia de clase tan solo sirve para potenciar a la reacción. Si no aceptamos esto la batalla está perdida y nuestros hijos encontrarán un mundo en el que les será más difícil sobrevivir.
Un beso, amiga.