(Emigración española años 60)
La xenofobia del señorito
Antonio C Alvarez
La Rosa y el Clavel
El partido que metió a la mayoría de los inmigrantes en España,
cortos de papeles y aún más de derechos, ha descubierto los
réditos electorales de apelar a los miedos del sector más asus-
tadizo y mediocre de la sociedad. En su inacabable deriva a la
ultraderecha, el mismo Ministro del Interior al que "se le colaron"
unos cuantos millones de trabajadores precarios propone ahora
un ridículo contrato según el cual los extranjeros tienen que adap-
tarse a las costumbres españolas. De su España, claro: la trabu-
caire, obispal, mesetaria, garbancera y provinciana; la del señorito
del Círculo de Agricultores que critica a los trabajadores porque
blasfeman, se emborrachan y huelen mal.
No es ningún secreto que las personas (de cualquier origen) que
ocupan los segmentos más bajos de la escala social sufren como
consecuencia fenómenos de exclusión (que, en el caso de los
extranjeros, se manifiestan como fenómenos de no integración).
Tampoco es ningún secreto que las personas próximas a la ex-
clusión o sumidas en la misma tienden a concentrar mayores
tasas delictivas, por motivos más que obvios. Y sólo un imbécil
deja de comprender que la xenofobia es la reacción de los más
temerosos e inseguros ante un poco de estas obviedades y un
mucho de leyendas urbanas, algunas de las cuales lleva dando
vueltas desd los años 20`.
Por eso, las personas y los partidos responsables toman estas
inquietudes más o menos legítimas con un grano de anís y no con-
tribuyen a alimentar esta pelota de medias verdades y mucho asustachicos. En España, hasta ahora. Porque a partir de ahora, uno de los dos grandes partidos, el mismo al que "se le colaron" tres millones y medio de inmigrantes, ha decidido recurrir al populismo tremendista de Jean-Marie Le Pen o, en versión más castiza, España 2000 y Democracia Nacional.
La oposición del PP en la legislatura 2000-2004 pasará a la historia
como el singular proceso mediante el cual un partido "de sistema",
perfectamente integrado en las estructuras de la España democrática, ha ido calumniando e intentando destruir a todas las instituciones democráticas cual grupúsculo marginal: la judicatura,la policía, la guardia civil, los servicios de inteligencia, la Monarquía, el resto de formacionespolíticas, todas las asociaciones de víctimas del terrorismo menos la suya, la política antiterrorista, la imagen exterior de España y mil más. La guinda de este recorrido hacia un fascismo perfectamente típico es la asimilación del discurso xenófobo ultraderechista: el "compórtate o lárgate" del SVP/UDC suizo, próximo al lepenismo. En cierto modo, me parece bien.
Entre la nota obispera de la semana pasada y este giro fascista, ahora ya va quedando claro qué nos jugamos el 9 de marzo.
Estas han dejado de ser unas elecciones corrientes. A veces odo tener razón (y también aquí).







Por qué dividirse en los eternos dos bandos, por qué a nadie le importa otra cosa que no sea luchar. Por qué algunos, además de ladrones, son una puta panda de cabrones.
Yo estoy contigo, amigo Pepe.
Mi arma será mi voto. Es de papel, vale. Pero intentaremos que funcione.
Un Abrazo, compañero.
La Rana.........
Bienvenido a casa, Amigo,
¿Preguntas el por qué...? Tal vez la respuesta esté en la inagotable estupidez humana, pero también en el egoismo y en la defensa de los intereses de clase.
Estos que hoy despotrican contra los inmigrantes jamás tuvieron, ellos o sus familias, que marchar fuera de su país para ganar lo suficiente para mantener a sus familias o para labrarse una vida más digna y libre.
Curiosamente, este país que siempre ha sido exportador de mano de obra, -hasta tres millones de españolitos andaban ganándose los garbanzos por Europa-, y los ingresos de los emigrantes significaron la "primera industria" del país, ahora, lleno del vano orgullo del nuevo rico y mucho de amnésia, mira con desprecio a quien se acerca hasta nosotros porque en su propio país no tiene futuro.
Esta fotografía recuerdo a algunos de aquellos españoles que, con maletas de madera o de cartón y con un número colgado del cuello llenaron no pocas estaciones de ferrocarril de una Europa que nos daba trabajo y libertad, algo imposible de conseguir en España.
El voto es una buena arma, aunque sea en una democracia formal y no real como la nuestra.
Un Abrazo, amigo y compañero.
Muy buen artículo que desnuda las miserias de la clase politica heredera del franquismo.
saludos amigo
http://trovadorsinsuerte.blogspot.com/
Trovador...,
Gracias por tu comentario. La hipocresía de algunos es munumental y demuestra la calidad ética de esta gentuza, dispuesta a todo, incluso desprestigiar a las instituciones del Estado y cargar contra los más débiles y desprotegidos de la sociedad, los inmigrantes, con tal de recuperar el poder perdido en las urnas.
Un fuerte abrazo.
Excelente artículo, amigo.
Hijo de emigrantes, he vivido en Francia hasta los 26 años en un pais en que reinaba el odio inducido y luego "recuperado" por los Le Pen y demás. Mi suerte, dado el caso, es que tengo la tez blanca y pasaba desapercibido; además ya se sabe un español en Francia era menos molesto que un paquistani o un senegalés. Para dar un simil es un poco la diferencia de "visibilidad" que tiene un argelino en Madrid y un emir árabe en Marbella.
El vacío intelectual del programa electoral de la derecha tiene como contrapartida el uso y abuso de los temas que infunden miedo: extranjeros invasores, menores asesinos, inseguridad creciente, etc. Daría risa si no fuera porque hay gente con el oído (¿odio?) dispuesto para esas estupideces.
En fin, como diría el amigo Theo, Triste pais.
Un fuerte abrazo.
Amigo Rafa,
Ya sabes que procuro que mi meroria se mantenga fresca y por ello no olvido el Madrid tercemundista poblado de chabolas de madera y hojalata de los 50´y 60´, al que acudían las gentes de la perfiferia en busca de una mejora en sus condiciones de vida.
Como tampoco olvido a esos españoles que salían a Europa con la esperanza puesta en obtener aquello que les negaba su propio país: libertades políticas y trabajo digno.
Triste país el nuestro que olvida que nuestra principal industria fueron las remesas de esos emigrantes, y la segunda,el turismo.
Y, despreciables, aquellos políticos que cargan sobre la emigración sus puyas buscando votos obscenos.
Un abrazo. S. y R.