Zaire ( Congo, II )
En un primer momento, el producto más buscado por su valor en los mercados internacionales fue el marfil. Sin embargo, el descubrimiento de las numerosas aplicaciones industriales del caucho tuvo como consecuencia una demanda creciente de este producto, especialmente desde comienzos de la década de 1890, que multiplicó los beneficios de Leopoldo y de sus socios. Hasta 1896 la economía del Estado Libre fue deficitaria, y Leopoldo tuvo que solicitar varios préstamos al Parlamento belga para sufragar sus cuantiosas inversiones. En contrapartida por estos préstamos, Leopoldo acordó legar el Estado Libre a Bélgica en su testamento. Después de 1896, sin embargo, gracias al auge internacional del caucho, el Congo se convirtió en una inagotable fuente de ingresos, cuyas verdaderas cifras se desconocen. El mismo Leopoldo se ocupó cuidadosamente de ocultarlas. Se sabe que la Anglo-Belgian, por ejemplo, obtuvo en el año 1897 unos beneficios del caucho del 700 %. Leopoldo se convirtió en uno de los hombres más ricos de Europa, con un patrimonio casi imposible de calcular. Inició varias construcciones privadas en Bélgica y adquirió numerosas propiedades inmobiliarias en la Costa Azxul. Según fuentes citadas por Forbath, en el momento de su muerte (1909) la fortuna de Leopoldo ascendía a 80 millones de dólares de la época.

Entre Léopoldville y el puerto de Matadi, las mercancías debían ser transportadas por porteadores africanos, a causa de la infranqueable barrera para el tráfico fluvial que suponían las cataratas Livingstone. Los porteadores morían en gran número, y el transporte era lento (llevaba unas tres semanas ) e ineficaz, por lo que se decidió llevar a cabo la construcción de una línea de ferrocarril. El 31 de julio de 1887 se fundaron la Compagnie du Congo pour le Commerce et l'Industrie (CCCI) y la Compagnie du Chemin de Fer du Congo (CCFC). Los trabajos, dirigidos por Albert Thys, comenzaron en 1890 y culminaron en 1898. Se calcula que las obras causaron la muerte de 1.932 seres humanos (1.800 negros y 132 blancos), pero la cifra de víctimas africanas está con toda probabilidad muy por debajo de la realidad.
Desde principios de la década de 1880, Leopoldo había contratado a mercenarios europeos para servir a sus intereses en el Congo. En 1888 quedaron organizados en un ejército privado denominado Force Publique ("Fuerza Pública"), que llegó a convertirse en la fuerza militar más importante de África Central. A finales de siglo constaba de unos 19.000 hombres. Todos los oficiales eran blancos y todos los soldados rasos, negros, contratados a la fuerza y obligados a servir en la Force Publique por un mínimo de siete años. Los reclutas eran a veces comprados a los jefes de sus tribus; en otras ocasiones eran simplemente secuestrados. También se destinaba con frecuencia al servicio en el ejército a los esclavos "liberados" en enfrentamientos con los mercaderes de esclavos que operaban en la zona.
La Force Publique actuaba al mismo tiempo como ejército de ocupación y como policía al servicio de las empresas comerciales. Debió hacer frente a varias sublevaciones de pueblos indígenas, que fueron reprimidas con inusitado salvajismo. Los propios soldados de la Force Publique, en su mayoría reclutados a la fuerza, se amotinaron en varias ocasiones. En 1895 un motín en la base militar de Luluabourg tuvo como consecuencia la aparición de una guerrilla rebelde que estuvo activa hasta 1908, y que se cobró las vidas de varios cientos de soldados de la Force Publique, incluyendo quince oficiales blancos. Otra rebelión, iniciada en 1897 en el nordeste del territorio, continuaba activa en 1900.
Entre 1891 y 1894 la Force Publique libró una guerra contra el poderoso comerciante de esclavos Tippu Tip, procedente de Zamzibar, por el control de la zona oriental del Estado Libre, que se denominó "guerra contra los árabes". Gracias a la superioridad de su armamento, el ejército de Leopoldo fue capaz de imponerse, y acabó con el dominio de los esclavistas. El conflicto se cobró las vidas de un elevado número de nativos, que constituían la práctica totalidad de los efectivos de los ejércitos enfrentados. La victoria fue presentada en Europa como un triunfo en la lucha contra la esclavitud, aunque las condiciones de vida impuestas a los nativos en el Estado Libre eran a menudo peores que la esclavitud.

La administración colonial empleó sistemáticamente la violencia para obligar a trabajar a la población nativa. En la práctica, el Estado Libre del Congo funcionó como un gigantesco campo de concentración. Aunque un sistema similar se había implantado ya para forzar a los nativos a abastecerles de otros productos, la situación se agudizó cuando el caucho se convirtió en el principal objeto de la codicia de los administradores coloniales. El procedimiento habitual consistía en tomar rehenes, casi siempre mujeres y niños, que sólo podían ser rescatados mediante la entrega de determinadas cantidades de caucho. Los rehenes morían con frecuencia de inanición o a causa de los malos tratos recibidos. Como castigo por no haber cumplido las expectativas en la recolección del caucho eran frecuentes los asesinatos masivos por parte de la Force Publique. Como prueba de que estos asesinatos se habían llevado a cabo, los soldados de la Force Publique amputaban una mano a los cadáveres. En otras ocasiones se les cortaba la cabeza, o, para demostrar que los asesinados eran varones, los genitales. Las manos eran ahumadas y entregadas a los jefes de puesto como prueba de que la Force Publique había hecho su trabajo.

En ocasiones, los soldados no mataban a los nativos, sino que sólo les amputaban la mano derecha, y empleaban las balas para cazar. Varias fotografías de la época documentan estas mutilaciones.
Además de las matanzas, se empleaban asiduamente castigos físicos contra la población nativa. El instrumento de uso más extendido era la llamada chicotte, una especie de látigo que desgarraba las carnes del reo. Las primeras noticias de su uso se remontan a 1888. Este castigo se aplicaba incluso a niños, y no eran infrecuentes las muertes por su empleo. El uso de la chicotte perduró durante la administración belga del Congo









Tus narraciones me enseñan aún más de lo que ya me imaginaba:-(
Besos
Mar, amiga,
El conocimiento es imprescindible para no repetir errores y, lamentablemente, la verdad se nos oculta con frecuencia.
Si observas con atención, en esta última fotografía, los hombres de color llevan manos cortadas ante la indiferencia del "civilizado" blanco.
Un beso.