Zaire ( Congo, I )
El Congo fue administrado desde 1.885 por el rey Leopoldo II como una finca particular hasta que, debido a las presiones internacionales, en 1.908 fue cedido a Bélgica.
Durante el período en que fue administrado por Leopoldo II, el territorio fue objeto de una explotación sistemática e indiscriminada de sus recursos naturales (especialmente el marfil y el caucho), en la que se utilizó exclusivamente mano de obra indígena en condiciones de esclavitud. Para mantener su control sobre la población nativa, la administración colonial instauró un régimen de terror, en el que fueron frecuentes los asesinatos en masa y las mutilaciones. Debido a esto y otros factores relacionados, hubo un elevadísimo número de víctimas mortales: aunque es imposible realizar cálculos exactos, la mayoría de los autores mencionan cifras de entre cinco y diez millones de muertos.


A partir de 1900, la prensa internacional comenzó a informar acerca de las dramáticas condiciones en que vivía la población nativa del territorio. Las maniobras diplomáticas y la presión de la opinión pública consiguieron que el rey belga renunciase a su dominio personal sobre el Congo, que pasó a convertirse en una colonia de Bélgica, bajo el nombre de Congo Belga.
Bélgica, un estado reciente que se había independizado de los Países Bajos en 1.830, era en la segunda mitad del siglo XIX uno de los países más desarrollados de Europa, cuya prosperidad se basaba más en la industria que en el comercio. Carecía de colonias, y la opinión pública era fuertemente anticolonialista.
Sin embargo, el rey de Bélgica, Leopoldo II, no era de la misma opinión que sus compatriotas. Desde antes de acceder al trono había mostrado un gran interés por la empresa colonial. Su modelo era la explotación holandesa de Java, a la que consideraba "una inagotable mina de oro". El rey centró su atención primero en Oriente, pero pronto se convenció de que no existía en Asia ningún lugar disponible que le permitiese hacer realidad sus fantasiosos proyectos.


Desde que en 1485 Diogo Cão había descubierto la desembocadura del río Congo (al que él denominó, basándose en las palabras de sus informantes nativos, río Zaire), apenas se habían hecho intentos de explorar el río. Cão llegó sólo hasta la altura de la actual Matadi. Siglos después, en 1816, la expedición del capitán de la marina británica James Tuckey fracasó en el intento de remontar el río, lo cual retrajo durante décadas a los europeos de esta empresa
Los agentes de Leopoldo trabajaron intensamente para lograr el reconocimiento internacional de sus derechos sobre el nuevo territorio. Leopoldo jugó a fondo la baza de su fama como rey filántropo, y permitió que se produjese un útil equívoco entre la antigua y altruista Asociación Internacional Africana, y la actual Asociación Internacional del Congo.
Tras la Conferencia de Berlín, el rey Leopoldo se convirtió en el único propietario de un territorio que tenía 80 veces la extensión de Bélgica. El 1 de agostode 1.885 nació oficialmente el Estado Libre del Congo (État Indépendant du Congo). Leopoldo asumió el título de "rey soberano" del nuevo estado con la aprobación del Parlamento belga.


El territorio del Estado Libre quedó dividido en dos zonas: la zona de libre comercio (en torno a un tercio del territorio total), en la cual las empresas europeas podían obtener por concesión del estado el monopolio en el comercio de una determinada mercancía durante un período de 10 ó 15 años; y el domaine privé (dominio privado), explotado directamente por los funcionarios de la administración. Más adelante, en 1893, en pleno auge del caucho, Leopoldo, deseoso de incrementar sus beneficios, creó, a expensas de la zona de libre comercio, una nueva demarcación, el llamado domaine de la Couronne (dominio de la Corona), de unos 250.000 kilómetros cuadrados. Los beneficios generados en este nuevo dominio no correspondían al estado, sino al propio monarca.
Las empresas que obtuvieron las principales concesiones monopolísticas fueron la Sociedad de Amberes de Comercio del Congo (Societé Anversoise du Commerce au Congo) y la Compañía Anglo-Belga del Caucho y la Explotación (Anglo-Belgian India Rubber and Exploration Company). Leopoldo tenía una importante participación en las dos compañías, directamente o por medio de testaferros. El otro gran capitalista detrás de estas empresas era el banquero Alex Browne de Tiège, poseedor de 1.100 de las 3.400 acciones de la Sociedad de Amberes, y de 1.000 de las 2.000 de la Compañía Anglo-Belga. De Browne era además uno de los principales acreedores del rey, que en 1894 le debía más de dos millones de francos belgas.

Los agentes coloniales en el Congo llevaron a cabo un sistemático saqueo de los recursos naturales del territorio. Acabaron con los modos de producción propios de las sociedades indígenas, especialmente con la agricultura, implantando un modelo económico basado exclusivamente en la caza y en la recolección.
Se cazaban elefantes para obtener marfil y se sangraban las enredaderas del género Landolphia para obtener caucho. Para la realización de estas tareas se utilizó siempre a los nativos como mano de obra esclava. En teoría, se les pagaba por el marfil o el caucho que conseguían; el precio, sin embargo, era fijado por el estado y estaba muy por debajo del valor real de la mercancía. Se forzaba a trabajar a los nativos mediante procedimientos represivos que incluían la toma de rehenes o las expediciones punitivas contra los poblados que no cumplían las expectativas de los administradores coloniales








Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados