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La Vida ....... El río que nos lleva.

24 Enero 2008

Piel Blanca, Corazón de Piedra.

Elmina, una página de la historia que avergüenza a la Iglesia
Elmina, centro de reclusión de millones de esclavos negros que fueron enviados a las Américas entre 1540 y 1850, continúa en pie como un recordatorio de uno de los episodios más tristes y vergonzosos para la humanidad, en general, y para la iglesia, en particular.
Ingresar a Elmina, el primer fuerte construido por los portugueses en 1482, en el litoral de Ghana, a 200 kilómetros de la actual capital, Accra, es enfrentarse a una historia de horror, similar al aniquilamiento de los aborígenes en América o al holocausto de judíos en Auschwitz.

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El martes 3 de agosto, la 24ª. asamblea de la Alianza Reformada Mundial (ARM) suspendió sus sesiones para que más de 800 participantes hicieran un peregrinaje a Elmina y a Costa Cabo. Así como lo hacen cada año más de 400 mil personas de todo el mundo, en especial afro-norteamericanos que vienen en busca de sus raíces y para recordar una parte oprobiosa de la historia de la humanidad.

Provenientes de más de 100 países, los delegados y delegadas de 217 iglesias reformadas, presbiterianas y unidas, no podían disimular su estupor al escuchar de los guías los vejámenes sufridos por indefensos hombres y mujeres y especialmente por la participación de las iglesias en el comercio de esclavos.

En esos tres siglos, Africa perdió 60 millones de sus habitantes por culpa del tráfico de esclavos. Violentamente arrancados de sus tierras, separados de sus familiares, esos millones de hombres y mujeres pasaron por los calabozos de Elmina, Costa Cabo y otros centros de reclusión construidos o adquiridos por las potencias coloniales de la época. Primero Portugal, luego Holanda y finalmente Inglaterra.
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De los 60 millones capturados, solo 15 llegaron a destino. Muchos murieron en las tétricas celdas y otros tantos en altamar, agobiados por la enfermedad y los brutales castigos. Millones de africanos eran tratados como meras mercancías.

En Elmina permanecían recluidos en grupos de 1.000 esclavos, durante tres meses, antes de venderlos a América o Europa. En cada celda se hacinaban 150 esclavos; allí comían y hacían sus necesidades fisiológicas.
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El guía anotó que los capturados que tenían que pasar varias semanas en este lugar terminaban caminando entre sus propios excrementos.

Los que se atrevían a resistir eran sometidos a crueles torturas. Se les encadenaba y abandonaba, expuestos al abrasador sol y sin posibilidades de obtener agua y comida. Morían literalmente de hambre y sed. Los enfermos eran arrojados al mar y las mujeres, a menudo, violadas por los soldados. Las más bellas eran llevadas al recinto del gobernador.

Para el grupo de la ARM, lo más irritante fue visitar el primer templo católico de Africa, construido en el fuerte Elmina y leer el versículo 14 del Salmo 132 ("Dios está aquí") colocado en una de las paredes del templo de la Iglesia Reformada.
Como Dios no estaba en los calabozos, los religiosos de la época justificaban el tráfico de los esclavos y el sufrimiento que les infligían los soldados de las potencias colonialistas.

Sobre el silencio o justificación del comercio de esclavos las iglesias cristianas tienen mucho que arrepentirse, ya que en Elmina y Costa Cabo oraban y celebraban la comunión en medio de la miseria humana que los rodeaba
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Según el pastor presbiteriano de Estados Unidos Mark Lomax, "mientras niños, mujeres y hombres eran trasladados en los barcos esclavistas hacia Europa, América del Norte, Centroamérica y Sudamérica, los cristianos de tradición reformada estaban sumidos en ardientes debates morales, formulaban la Confesión de Westminster y se esforzaban por sobrevivir en climas de hostilidad al protestantismo".

Ninguno de los organismos de los creyentes reformados, según Lomax, hizo declaración alguna contra el comercio de esclavos hasta el siglo XIX.

Durante una visita a Senegal en 1992 el papa Juan Pablo II pidió perdón a Dios por este "holocausto desconocido" en el que "han tomado parte personas bautizadas que no han vivido según su fe" .

Al concluir la visita quedó en la retina de los peregrinos una inscripción de los jefes ghaneses: "A la memoria eterna de la angustia de nuestros ancestros. Que, quienes murieron, descansen en paz. Que, quienes regresen, encuentren sus raíces. Que la humanidad nunca más cometa semejante injusticia contra la humanidad. Nosotros, los vivos, juramos no hacerlo".
Fernando Oshige / alc – 4 agosto 2004

Tags: esclavitud

servido por Jose 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Laurencia19

Laurencia19 dijo

Hola José, he leído atentamente tu artículo, lo que describes es tremendamente impactante, recuerdo haber leído mucho acerca de este tema tan sensible en mis años de juventud, también de los campos de concentración nazis y otras muchas barbaries; después en plena dictadura me informaba por la literatura clandestina que circulaba de las atrocidades de Pinochet, sentí impotencia y dolor.
Creo que la esclavitud fue una de las pestes más mortales que atacó a nuestro planeta, ahora ha cambiado su forma, pero el fondo se mantiene, explotación, pobreza, miseria, el empresario que vive como rey y el trabajador que a duras penas sobrevive con sueldos de hambre y jornadas laborales antihumanas. Ay amigo no han cambiado mucho las cosas...
Quiero agradecerte con el alma tus aportes en mi blog ante la presencia de este sórdido personaje, debo decirte que tus exposiciones fueron claras y muy firmes, por supuesto él nunca responderá a tu altura porque se mueve en círculos muy limitados.
Que tengas muy buen día.
Un apretado abrazo.

25 Enero 2008 | 01:37 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Mi querida amiga Laurencia,

Desde mi condición de pobre ser humano te pido perdón por haberme dejado llevar por la ira en tu blog, una ira motiva por indivíduos que en su imaginario son capaces de realizar todas esas atrocidades que señalas y que, sin embargo, se aferran al nombre de Dios para justificarse ellos y sus barbaridades. Individuos que conquistaron y avasallaron otros pueblos y otras tierras, individuos que levantaron las cámaras de gas y las llenaron de seres humanos, individuos que esclavizaron antes con cadenas y ahora con trabajos mal pagados y precarios, el paro o la condena a la marginación y exclusión social; con la explotación sexual de aquellos que son tan pobres que lo único que pueden vender es su propio cuerpo; con el racismo excluyente de los inmigrantes que buscan nuevos horizontes; con la guerra imperialista y sus efectos colaterales sobre población civil; con aquellos obligados a buscar su alimento en los grandes basureros de las ciudades; con los millones de niños, mujeres y hombres que mueren diariamente por falta de comida o enfermedades erradicadas entre nosotros, etc., etc.

Te pido perdón, amiga, y a través de mi blog, quiero pedir perdón en nombre de esta civilización occidental, pretendidamente cristiana, a esos incontables millones de hermanos nuestros que sufrieron el peor de los martirios, y hoy, sus herederos, sufren nuestro olvido. Quisiera que comprendiésemos todos que, cada vez que criminalizamos a un hombre de color, a un árabe, a un indígena, o a sus culturas, la nuestra se leventa sobre un mar de sangre y que cada uno de los bienes de consumo que hoy disfrutamos se han conseguido y se consiguen aún hoy día, gracias al trabajo y al latrocinio sobre otros.

Lamentablemente, amiga, el hombre occidental sigue tan ciego como hace siglos y nuestros países estan llenos de estos indivíduos que no son otra cosa que miserables escorpiones.

Un beso. Deseo también para ti, un feliz día.

25 Enero 2008 | 03:05 PM

laurencia19

laurencia19 dijo

Hola,gracias amigo por tener una conciencia social, de humanidad tan firme y clara.
Un beso

25 Enero 2008 | 05:56 PM

Jose Dominguez Dominguez

Jose Dominguez Dominguez dijo

Laurencia, querida amiga,

Soy yo el que os agradece vuestra compañía. Gracias a ella puedo mantenerme firme tras tantos fracasos y adquiero fuerzas para continuar la marcha.

Un cariñoso beso, y mis mejores deseos para este fin de semana.

25 Enero 2008 | 09:30 PM

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Hola, mi nombre es Pepe y vivo en Madrid (España) y mi profesión actual es sobrevivir resistiendo el embate diario de las olas de la vida desde la alta atalaya de mis años. Anteriormente, me gradué en sueños, esperanzas y utopías varias en la Universidad de las Ilusiones.
   
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