Ángel González nos abandona, pero nos deja su Palabra...

Ángel González, el poeta más humano de todos los poetas españoles actuales, nos ha abandonado, y lo hace en estos tiempos convulsos de la política española, como si quisiera ser fiel a esa constante en su vida, siempre marcada por los acontecimientos políticos de nuestro país como él ismo nos recordaba:
"Sin salir de la infancia, en muy pocos años, me convertí, de súbdito de un tey, un ciudadano de una república y, finalmente, un objeto de una tiranía"
Nunca se sabe lo que nos puede deparar el destino pero en el caso de Ángel una enfermedad tan habitual en la España de la posguerra y, por cierto, tan relacionada con la literatura del Romanticismo, la tuberculosis, tuvo la virtud de que le tomase amor hacia las letras y diése comienzo a sus primeros escritos poéticos.
La tragedia de la Guerra Civil marcó, como no podía ser de otro modo, su infancia, algo que se vió reflejado en su obra de un claro formato Realista, estilo que compartió con otros jóvenes poetas que conoció en barcelona, tales como Carlos Barral, José Agustín Goytisolo y jaime Gil de Biedma, formando con ellos y
otros escritores de la talla de Gabriel Celaya, Juan García Hortelano y alguno más, la que vino en llamarse la Generación de los Cincuenta.
En los años 70 se traslada a Alburquerque dedicándose a la docencia en su Universidad. En esta fría mañana del invierno madrileño ha emprendido su último viaje al cielo de los elegidos pero nos deja la inmortalidad de su palabra:
Muerte en el olvido:
Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tu me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Palabra muerta, Palabra perdida:
Mi memoria conserva apenas solo
el eco vacilante de su alta melodía;
lamento de metal, rumor de alambre,
voz de junco, también
latido, vena.
Ya nada es ahora:
Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo.
Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo:
exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exalan,
creciente en un espacio sin fronteras,
ese amor ya sin ti me amará siempre.
Todos ustedes parecen felices....:
...Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
¿Cómo seré....:
¿Cómo seré o
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
y otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
(Á. González)
”













manuel-rodriguez dijo
Interesante personaje, sin duda un elegido. Su palabra ahora brotará con más gana.
Saludos.
12 Enero 2008 | 05:54 PM