Algunos, tuvimos la suerte de tallar nuestro imaginario con el cincel del esfuerzo físico y lo regamos con el sudor de nuestro cuerpo, y otros, además, pintamos en el fondo de la mina nuestros ojos del negro hollín de la hulla y en nuestros pulmones, además del veneno de la silicosis, penetró el aire mucho más puro de las libertades individuales. Fue así como ese imaginario se nos tiñó del color de la esperanza, verde como los valles y montes de la tierra asturiana, profundo como un pozo minero y fuerte pero al mismo tiempo sensible, como los hombres que trabajan en ella.

La Camocha, Figaredo, San Nicolás, María Luisa, Monsacro, etc., etc., oscuros, polvorientos, húmedos y tibios lugares de trabajo, cárceles por horas de sueños, hombres animales y máquinas y, a veces, testigos impasibles de duelos y de tragedias. Galerias; jaulas; trenes; mulas; perchas; hachos; barrenas; costeros; chigre; derrabes; entibación; relleno; silicosis; barrenista; corona; patuco; rachos; tajo; falla; bastidor; mamposta; chimeneas; vagonetas; martillos; picadores; guajes; vigilantes; lámparas; baterias; cascos; dinamita; agua; polvo mucho polvo y, el grisú.....siempre presente y siempre asesino, el grisú.

Palabras...Extrañas palabras...Bellas palabras...Y, también, accidentes, siempre presente y siempre asesino, el accidente. Maldita palabra.

http://usuarios.lycos.es/muxiven/la_mina.htm

Mi recuerdo y homenaje para todos los mineros y sus familias. Bellísimas y honradas palabras.