El conjunto de organizaciones políticas que asumió la transición y la reforma democrática posiblemente no sabía, o no quería, tratar la especificidad del fenómeno vasco. Es posible que tampoco pudiese hacerlo, porque el marco en el que se debían mover pasaba por el afilado corte de las instituciones heredadas del régimen dictatoral: ejército, magistratura...muy sensibles exactamente a esos dos temas, amnistía y orden público. Porque la primera planteaba la invalidadción de la legislación dictatorial que buena parte de ellos habían ejecutado y el problema del orden público es obvio que no escondía otra cosa que la autonimía vasca, es decir, hablando en plata: que las Fuerzas de Orden Público en Euskadi debían corresponder al gobierno autonómico. Un gobierno de amplia base salido de la voluntad mayoritaria expresada en las urnas.
Para una comunidad que ha peleado muy duro por sus derechos, incluso por algo tan obvio como su existencia como pueblo, el Estado es el enemigo., y la política entendida como táctica para la conquista del poder central queda muy lejos. De este estado las masas populares conocen sobre todo el comportamiento de sus representantes más deteriordos: las Fuerzas de Orden Público. Explicar que debía aceptarse la transición democrática a pequeños pasos para conquistar primero la autonomía, muy descafeinada, y posteriormente irle añadiendo su sabor, poco a poco, era como cantar músicas celestiales a quienes no estaban para separar, con maravillosos bisturís dialécticos, qué era el Ejercito, qué eran los poderes "fácticos" en Madrid y por qué no se valoraban los otros poderes "fácticos" de Euskadi.
El lider de Euskadiko Eskerra, Mario Onaindía (hoy, ya fallecido), buen conocedor de los modos pasados y presentes de la actuación política en el País Vasco, suele referirse a que en Euskadi se tiende al "carácter montaraz de la política". Las consecuencias negativas de esta foma de "hacer política" están en la mente de todos y es tanto una elaboración histórica colectiva como una responsabilidad recíproca: porque el Estado Central no supo introducir los elementos de racionalidda política que neutralizara las tendencias "montaraces" y porque el pueblo vasco no superó la presión que le inclinaba a la violencia como forma política.
Mientras en España las fuerzas de oposición conspiraban en Juntas y Plataformas Democráticas, mientras los sindicaos se legalizaban de facto y se superponían los gobiernos como el de Arias Navarro y la realidad omnipresente de las fuerzas opositoras y en Cataluña se hablaba de "dictablanda", en Euskadi se vivía una de las oleadas de violencia y represión mayores de su historia. El colofón va a ser la masacre de Vitoria en 1.976 (los obreros, refugiados en la iglesia de San Francisco de Asís, sufrieron el asalto de la policía que causó 5 muertos y 150 heridos de bala). Reivindicaciones como el derecho a exibir la ikurriña no se conseguirá hasta ¡enero de 1.977!, meses antes de las elecciones democráticas. Semanas más tarde los mismos ejecutores del poder central no podían solicitar de la población que olvidaran sus actitudes porque todo había cambiado: empezaba la democracia.
Si la imagen respetable del Estado es un elemento decisivo para la estabilización de un régimen, y especialmente, de un régimen democrático, la del Estado salido de la transiciónera, para la mayoría de la sociedad vasca, era la misma que había adquirido durante el franquismo. En España esta situación creó ese rasgo intelectual denominado "desencanto", en Euskadi siguió generando lo mismo que años antes: violencia.
Desde 1.976 hasta las elecciones al parlamento vasco, Euskadi vive tensiones en gran parte heredadsa del pasado, y agudiza la divisón de la sociedad civil, que sólo se aglutina, se apiña como un solo hombre ante la amnistía y la represión policial. En el brave lapso de tiempo que va de marzo de 1.976 al mismo mes de 1.978, tienen lugar treinta y ocho muertes: todo un record.
Ante la violencia de ETA y la violencia de las Fuerzas de Orden Público, no es posible lograr un consenso mayoritario entre las fuerzas políicas vascas. Y no le demos más vueltas, esto es así porque las Fuerzas de Orden Público siguen siendo en Euskadi (1.981) las mismas que se enseñoreaban hace diez años. Sólo una ruptura con esa imagen hubiera introducido elementos de pacificación.
Reconozcamos, porque es evidente, que se han cometido en Euskadi muchos crimenes en nombre de "la ley y el orden", y también en nombre de "la paz y la libertad". No se podía pedir que cesara la violencia si no se partía de una nueva situación que facilitara ir creando otra relación de fuerzas.