Años perros:

El informe policial señala que le dieron alcance antes de huir. Desconocían que Eustaquio Mendizabal no sabía conducir. Le dispararon una bala en la sien desde una moto. Llevaba tres armas; dos en la ropa y una tercera, junto a varios cargadores, en un braguero sujeto al pantalón. Quizá por la velocidad del motorista la bala que le entró por la sién se desvió y no falleció en el acto. Entró vivo en el hospital, pero hubo que esperar antes de llevarle al quirófano porque la policía no encontraba la llave que abría las esposas. Estaba atado a la camilla y al equipo médico del Hospital Civil de Basurto no le dio tiempo ni a escuchar sus estertores. Acababa de morir el hombre que creó a su imagen y semejanza una organización con nombre idéntico a otra que estaba en las últimas a finales de 1.970: Euskadi ta Askatasuna (ETA).
Hay que detenerse en el Biltzar Tipia de octubre de 1.974, un mes después del atentado en la cafeteria Rolando. Es la primera vez en sus quince años de vida como organización, que ETA miente deliberadamente y se niega a reconocer lo que ella misma ha ejecutado. hasta entonces, como cualquier otra organización política, había exajerado, silenciado la verdad, ocultado datos y opiniones. En octubre de 1.974 dio un paso irreversible : no se atrevió a asumir lo que ella misma había programado. Carecía de la valentía y de la seguridad política necesaria para reconocer que la explosión de la cafeteria Rolando era un error de estarategia y un símbolo aberranate del camino por el que degeneraba la lucha armada. ETA dudó treinta y siete días en decidirse a redactar el encubridor comunicado que optaba por esa vía. Justificaba la demora en las averiguaciones para esclarecer la verdad. Y la verdad nunca fue tapada con tanto celo e incompetencia como entonces.
Posiblemente se tratara de la segunda gran renuncia a unos métodos que nunca se habían traspasado. La primera consistió en matar al cabo de la Guardia Civil, Gregorio Posadas. En febrero de 1.974 le esperaron en una calle de Azpeitia. El 3 de abril detuvo su coche, bajó la ventanilla para ver qué querían y le acribillaron. Era la primera vez que ETA se decidía a matar indiscriminadamente. Antes había caído el guardi civil Pardines, el taxista Monasterio y el guardia municipal de Galdácano, pero ninguno de ellos constituyó un acto premeditado, pretendidamente político. Ni Echebarrieta sabía que mataba a Pardines, ni Echebarría a Monasterio, ni el grupo de etarras cercados en Galdácano había visto al guardia municiapl en su vida, ni sabían que se llamaba Eloy García. Los que mataron a Gregorio Posadas sabían que mataban a un cabo de la Guardia Civil que se llamaba Gregorio Posadas Zurrón. En el comunicado de ETA haciéndose responsable de su muerte, se le denomina "responsable del Departamento de Información en una vasta zona de la provincia de Guipúzcoa". Era sencillamente el que se ocupaba del Grupo de Información del puerto de Azpeitia.
Los que mataron a Eustaquio Mendizabal Txikia también sabían a quién mataban. Por eso la guerra se hizo sucia, como todas, y conforme las guerras se alargan son cada vez más sucias, más guerras. Algunos siguieron haciendo lo mismo de siempre, amparándose en uniformes o credenciales. Se cometieron tropelías que afectaron a los ciudadanos anónimos. La guerra empezó a afectar a todos, y todos tuvieron que tomar posición, porque los contendientes no les dejaban opción para ser espectadores. La actividad de las fuerzas del estado jugó un papel directo en esta radicalización. Los estados de excepción colaboraron en la campaña. En 1.975 las informaciones sobre el país Vasco se declararon materia reservada y se volvió, o se intentó volver, a treinta años atrás. La sociedad también aprendió a leer de doble manetra una realidad que no les deja más gesto que rebelarse.