Buscando Respuestas (3ªParte) Proceso de Burgos.
Mario Onaindía Nachiondo: Condenado en el Proceso de Burgos a una pena de muerte y 51 años de cárcel. Onaindía falleció a los 55 años en agosto de 2.003 siendo presidente del PSE-EE de Álva. (Entrevista octubre 1.981)
"Nací en Bilbao el 13 de enero de 1.948. Mi familia era de la zona de Lequeitio y nací en Bilbao por accidente, no había maternidad más que allí.
"Mis abuelos paternos tenían una panadería, y sus nueve hermanos tenían cada uno panaderías en distintos pueblos de Vizcaya. Sus hijos, es decir mis tíos, se dedicaron a jugar a la pelota, y han acabado viviendo en Tánger, otro en Suiza, otro en Venezuela y en México. Empezaron de pelotaris y luego montaron negocios: un frutería en Tijuana, una librería en Tánger...
"El abuelo además de panadero era nacionalista desde la más tierna infancia, era tan nacionalista, tan nacionalista, que como él se llamaba Jacinto le puso a mi padre el nombre de Jakinda. Lo bautizó en 1.917 con los nombres de Kepa Jakinda (Pedro Jacinto). ¡En 1.917 ya era un nacionalista de pro! Cuando la República venían al pueblo de Aguirre o Leizaola a dar mítines y solían ir a casa de mi abuelo. Incluso poco antes de la guerra prometió a los caseros que si votaban al PNV les iba a hacer un puente con su dinero, y los caseros no votaron al PNV, pero después de la guerra fueron a reclamar y les tuvo que construir el puente.
"El otro abuelo, el materno, era de Ispaster, cerca de Lequeitio. Cuando le llegó el momento de recoger la herencia renunció a ella y se marchó a Estados Unidos. Fue a comienzos de siglo y estuvo veinte o treinta años allí trabajando con la idea de "voy a currar como un cabrón, que luego quiero dedicarme a lo mío". Estuvo en el desierto de Nevada, y me contaba mi madre que se despertaba sin ovejas y tenía que ir a recogerlas una a una, luchando con los indios, ¡el recopón!... En fin, se compró unos ranchos y volvió a Lequeitio. Lo suyo fue comprarse unas casas, un bar y unas huertas para cultivar el chacolí y vivir el resto de sus días en plan naturista. En Lequeitio le llamaban Manu Americanoa.
"Como en Euskadi la herencia no se reparte sino que va al mayorazgo, a mis padres no les quedó prácticamente nada y se trasladaron a vivir a Éibar, que era la zona industrializada más próxima. Yo tenía entonces cinco años.
"Primero se dedicó al transporte con un camión y como lo del camión no prosperó tuvo que entrar a trabajar en la Lambretta, de mecánico. Recuerdo mis siete años y la entrada de mi padre en la Lambretta. Fue dramático para él, porque había sido de una familia de perras.
"El Éibar de aquell época me influyó muchísimo. Viví el fenómeno de la emigración. Éibar era una ciudad donde los municipales llevaban salacot y no se hablaba más que castellano, era una ciudad castellana. A mí no me llamaban "el vasco", pero poco menos. Los apodos que nos ponían estaban relacionados con hablar euskara. A mí me llamaban Urten, que quiere decir "¡Sal!", porque yo iba a la calle y llamaba a los otros niños para que salieran al balcón y empezaba agritar "urte, urten", y decían qué le pasa a ese niño en la boca, qué hablar más raro tiene.
"Recuerdo aquella época como el ideal de la vida de un niño. Fui absolutamente feliz. Allí conocí a dos amigos que todavía hoy son mis dos amigos íntimos. Viviamos en una zona urbana, pero al otro lado de la casa, detrás de una fundición, estaba el monte, donde había caserios abandonados de gente que se había trasladado y eran caseríos sólo para nosotros. Había el monte de Tarzán, la moto Maniyú, el árbol del príncipe Valiente... Era como tener un parque para nosotros, con caseríos reales, donde hacíamos comidas reales y cuando los convertíamos en "fuerte" y venían los indios nos tirabamos con carabinas reales....
"Fue una infancia muy feliz. Mientras, en mi casa se vivía el drama de mi padre, enfermo, que se ve obligado a proletarizarse. Mi padre había hecho la guerra en un batallón de milicianos. Le movilizaron el día que bombardearon Gernika, y él se presentó en Bilbao a los batallones nacionalistas. Le imagino diciendo aquí estoy yo, nacionalista de toda la viad, si seré abertzale que me llamo Jakinda... Y van y le dicen que tenía que llevar dos avales que garantizaran que él podía ser un gudari de verdad.
"Eso a mi padre le rompió todos los esquemas. Él era abertzale desde que lo bautizaron. Entonces cogió y se fue con los batallones de milicianos, con los rojos... mi padre se pasó toda la vida diciéndome que cuando fuera mayor me iba a contar lo que le pasó en la guerra.. no le dí opotunidad porque a los diecisiete años me metí en política y ya...
"Hubo una cosa que sí me contó y me influyó mucho. Y es que él estaba después de la derrota en los batallones de trabajadores, y allí había uno de Lequeitio que no sabía castellano, un arrantzale (pescador), y hablaron los dos en euskara. La Guardia Civil los oyó y detuvo a mi padre. Al otro no, porque no sabía castellano. Le llevaron a la comisaría y le empezaron a zurrar con los correajes de la Guardia Civil... Por hablar euskara.
"En nuestra casa no se hablaba castellano. Nos daban una peseta extra a quien durante toda la semana sólo hablaba euskara: al que decía una palabra en castellano se le borraba. Siempre ganaba yo, porque había vivido más tiempo en Lequeitio que mis dos hermanas, y allí no se hablaba más que euskara.
"Empecé a estudiar en Lequeitio con mi tía, que era maestra, y luego en Éibar, en una academia, donde había gente desde veinte años a cinco. Allí estuve hasta los once y por razones que ignoro completamente, a mí me entró interés por el estudio.
"En mi casa no había mucho ambiente religioso, aunque la madre era bastante religiosa, pero mi padre no iba a la iglesia más que a los funerales. A mí me entró la idea de ser misionero. Tenía once años y no era nada místico, ni había sido monaguillo, ni me había puesto un cilicio en mi puta vida...Yo quería ir al seminario para aprender lo que hiciera falta para marcharme a las misiones. Estábamos comiendo en la mesa de la cocina y se lo dije a mis padres. A mi madre la idea le gustó y a mi padre le pareció una cosa estúpida, inconcebible... Yo quería ser misionero, no quería ser cura...lo de cura lo aborrecía, yo no quería ser cura de Éibar, quería ir a Brasil, a Tanzania, a Indochina.
"Como en Lequeito estaban los padres mercedarios fui allí. Cuando hablé con el cura y le dije que yo quería ser misionero, pero que mi familia se oponía, el cura se quedó alucinado, como si hubiera encontrado un mirlo blanco... Lo normal era que los padres convencieran al niño de que fuera al seminario para así hacer gratis el bachillerato, pero que un niño de once años tratara de convencer a sus padres de que era bueno ir al seminario para ser misionero...
"Lo curioso es que la misma sorpresa causaba entre los seminaristas... decían: ¡Mira que bicho más raro que quiere ser cura! Los dos primeros años en el seminario de Lequeitio fueron un choque tremendo, tengo un mal recuerdo...Había pocos vascos. Me acuerdo que una vez un seminarista dijo: "Ójala se mueran todos los vascos". No sé a cuenta de qué. Aquello me afectó terriblemente. Yo a aquel chico empecé a odiarle... Por cierto, que lo encontré vestido de "gris" en la comisaría de Bilbao cuando me detuvieron. Yo le reconocí y le dije: tú eres Fernándo Martínez y él dijo que no. Yo le dije: sí, hombre, sí además eres de Hermosilla, en Burgos, y cumples los años el 12 de enero... El tío se quedó parado. yo llevaba ya siete u ocho días en comisaría y estaba absolutamente hostiado, con toda la cabeza hinchada y la cara morada, sin poder moverme...el tío no dijo nada, se marchó enseguida como si acabara de ver un fantasma.
"Luego paso tres años en otro seminario de Galicia, de los mercedarios, claro, en Sarriá (Lugo); allí el ambiente era muy diferente, había gente con voluntad de ser cura. El único vasco era yo. Entoces, descubrí una cosa curiosa: que no era tonto. Descubrí que el álgebra tien una lógica y que el latín es una lengua que se puede aprender, y sobre todo leí muchísimo. A los trece años empecé a estudiar como un loco.... Había un ambiente muy bueno... algunos frailes escribían poesía. Estuve en Galicia hasta los dieciséis años.
"Salí del seminario porque yo había entrado para ser misionero y me encontré que, desde el punto de vista espiritual, todo eran costumbres, rutina: el rosario, la misa...Para mí, en el fondo, lo de misionero era una forma de salir de la rutina. La cosa que más me angústia es la rutina.
"Volví a Éibar y mi madre se llevó un disgusto. Me puse a estudiar contabilidad, inglés y francés...Leí a Unamuno. En aquella época era el personaje con el que más me identificaba, como luego me pasó con Aresti, por la paradoja...Con Pío Baroja me ocurrió una cosa parecida. Escrbían las cosa más bonitas sobre Euskadi y a la vez que el euskara debía desaparecer..
"Empiezo a currelar en el Banco de Vizcaya de Éibar durante tres años. Vivo entonces una especie de doble vida. Pasaba el día haciendo números, como un suplicio, como rezar durante siete horas...y mantenía relación con gentes de horizontes políticos muy distintos...Gabriel Aresti, Luciano Rincón, gentes del PNV, de Comisiones Obreras..
"Y pedí el ingreso en ETA a un viejo militante de la tendencia Txillardegui, uno de Éibar, que se llamaba Basauri, y me dijo que no, que tenía que aprender euskara. Esto me indignó tanto como a mi padre los dos avales para ser gudari, y los mandé a la mierda. Entonces ETA, en 1.966, estaba sufriendo la crisis de la V Asamblea, y en Éibar los viejos -Laspiur, Basauri, Lacuesta...- se van con Txillardegui y no queda nadie. Por cierto que Basauri, militante de ETA desde su creación, había echado a Txabi Echebarrieta de su casa porque le dijo que era ateo.
"Y apareció Sarasketa. Descubrí que ETA V Asamblea, la que había salido de esa V Asamblea, era lo menos definido y por tanto el sitio donde podría encontrarme más a gusto y me lío inmediátamente... Había estado en cursillos del PNV, del PC y, sin embargo, me decií por ETA. En el fondo es que yo era contradictorio. Había un terreno de la irracionalidad, del sentimiento, que era el odio y la rabia al franquismo, y por otra parte estaba el marxismo que intentaba explicarlo todo de una forma racional...
"ETA (es decir, la que salió de la V Asamblea) no daba una respuesta a eso, pero con el tiempo podía darla...Además, por Sarasketa conocí a Txabi Echebarrieta. Él era la paradoja viva, que estaba a un tiempo por la violencia, por la irracionalidad y no paraba de hablar de cultura, de sartre...Como yo citaba a Marx, él me puso mi primer nombre de guerra: Carlos.
”











lascosasdepepe dijo
que pases un buen día
un abrazo.
24 Noviembre 2007 | 11:08 AM