De nuevo, la prensa independiente:
Las muerte de Pardines y de Manzanas dieron a una prensa envilecida poe el servilismo, la oportunidad que algunos deseaban para pedir sangre, mucha sangre. Se tenía la impresión de que pedían volver a repetir la experiencia bélica y volver a fusilar a los vascos, no a tal o cual grupo, sino a todos en conjunto, y el que no quisiera caer que se exiliara. Venganza y mano dura. No era fácil colocar a Manzanas entre los mártires (Aznar lo conseguirá más tarde) como San Sebastián y la legión tebana. "Era muy querido en la ciudad - escribió un corresponsal- porque era el encargado de failitar los pases fronterizos". El papel de la prensa entonces lo definirá un periódico donostiarra al día siguiente de la muerte del jefe de policía política en San Sebastián: "el más alto orgullo de un periódico no es informar, sino ser portavoz de una opinión"
Así ocurrió, los periódicos españoles parecían que estaban descubriendo el País Vasco el 3 de agosto de 1.968. Enviaron corresponsales especiales. El diario más vendido entonces entre los sectores populares era el madrileño Pueblo, que alcanzó límites dificiles de superar en cuantto a extorsión y vileza informativa de la mano de un periodista donostiarra. Al margen de sus sutileza geográfica -"las Vascongadas están llenas de vascos" (9-VIII)-, la verdad es que una determinada concepción del rsentimiento se iba incubando hacia el País Vasco, facilitada por algunos presuntos profesionales de la información: "Hay que estar aquí para darse cuaenta de cómo colabora el pueblo guipuzcoano con la plicía" (9-VII).. "Don Melitón fue agredido tres días antes del asesinato" (7-VIII)... "Oyarzun tiene fama de ser nido de separatistas" (6-VIII)..."Manzanas había recibido amenazas del Partido Comunista franco-español" (5-VIII). La desvergüenza alcanzaba hasta la parodia de la encuesta callejera, en la que se preguntaba: "¿Le afecta a usted el estado de excepción? ¡Bah!, a mí con tal de que no den el toque de queda, lo demás...". Se podían contar otra media docena de cassos, tan sangrantes como éste, que influyeron en lavisión del Paía Vasco, reduciendo todo a la delación, la denuncia y la extorsión informativa.
La grandilocuencia de la prensa, cuya lectura hoy hace sonreir, entonces no provocaba tan saludables reacciones. Los editoriales, con matices difícilmente perceptibles, exigían sangre y venganza, mientras herían los corazones con trémolos y vibraciones imperiales. Por su estilo literario y la curiosa apreciación sobre Federico García Lorca y su muerte, amalgamada con la Guardia Civil, merece la pena reproducir un pérrafo titulado "Un héroe de la paz", publicado a la muerte de Pardines el 26 de junio del 68 en El Correo Español-El Pueblo Vasco:
"Poco importa que romances de sombría fortuna al servicio de un folklorismo alevoso y malintencionado, intentaran manchar la limpia y formidable hoja de servicios que la Guardia Civil ha rendido en bien común de los españoles. ¡Ay de los camborios asesinos con corazón de nardo pútrido que una noche de verano rompieron la vida del poeta! Guardias Civiles, sobrios, de temple espartano y ánimo providencial, alanceados por todos los soles y las lluvias, han llevado la Ley y la Justicia por trochas y veredas a los rincones todos de una España que fue hirsuta, crespa, ágria, bandferiza y desangelada. Soladados de la paz (...) siempre en pie de servicio, como las legiones de Roma, que forjaron la civilización y la cultura de Europa".
La sociedad no compartía estos criterios. Un alto sector de tan alto peso como la Iglesia vivía en el país Vasco una radicalización más acusada que la de otras partes de España. la comunicacón clero vasco-pueblo vasco era ya anterior al Régimen de Franco, hasta el punto que el apoyo de la Iglesia vasca al nacionalismo los había colocado junto al Frente Popular en la guerra civil; la expresión exacta sería decir juntos, pero no revueltos, lo que de por sí echaba por tierra el carácter de Cruzada que Franco quiso darle.
En noviembre de 1.968 explotaron las tensiones acumuladas en el clero vasco por la ofensiva del Régimen contra la sociedad. La violencia hacia los párrocos que aceptaron funerales y misas por Txabi Echebarrieta fue la gota que desbordó el vaso. "Los sufragios -escribía el gobernador civil de Vizcaya en nota pública- podrán celebrase con la presencia exclusiva de los oficiantes", a lo que añadía el de Navarra, "lo inadmisible es que con distintos pretextos, inclusive sobrenaturales, se trate de equiparar aun asesino con su víctima..." Como en el editorial de El Correo de Bilbao, se orinaban sobre los cadáveres de Echabarrieta,, García Lorca y los rojos camborios del mundo entero.