Desde los años de posguerra no se recordaban tantos detenidos en San Sebastián. La ciudad real, la Donosti de tradición liberal y pequeño-burguesa, de fines de semana en Francia, bien vestida y mejor comida, amable y hospitalaria, nacionalista y permeable al mundo, a los negocios y a la carne como ninguna otra en el país Vasco, esa ciudad estaba radicalmente en contra de un sistema que había vencido en la guerra y le había puesto sobre la cabeza a hombres como Melitón Manzanas, una autoridad en la provincia.¨Él mismo lo había comprobado en 1.939 cuando se constituyó en Irún la Federación de Antiguos Alumnos de La Salle. Presenció cómo de los setecientos presentes, sólo el jefe de Fronteras, Miguel Ibáñez, y él mismo permanecían sentados mientras los txistularis tenían la orientada impertinencia de interpretar el Gernikako arbola.
El tiempo había traído ejemplos aún más duros para él. En los primeros días del 68 dos jóvenes aprovecharon las fiestas de la "tamborrada" para intentar colocar ikurriñas. la policía consiguió detenerlos gracias a la colaboración del dueño de una pastelería. En principio no tenía ninguna trascendencia, pero el incidente radicalizó a la ciudad. El boicot a la pastelería Otaegui fue total, su dueño apareció en papeles y pasquines y de nada le valió su prestigio profesional, ni el explicar que creía que se trataba de vulgares ladrones. Otaegui Malcorra había sido un hombre que había respondido con un"yo no quiero líos políticos" a la petición de ayuda de dos jóvenes vascos. La Sociedad ya no permitirá que esto se haga impunemente sobre la carne de otros.
Su Excelencia, el Gobernador Civil:
Se trataba de los hijos de Sotero Irazusta, un tipo popular ya fallecido, y la reacción ante las torturas que sufrieron empezó con la carta del sacerdote Nemesio Echániz al gobernador, y terminó con acumulación de borrascas. La gran tempestad, que dijo el poeta, estaba cerca.
"Señor Gobernador. A las cuatro de la mañana de hoy ha sonado angustiosamente el teléfono de mi domicilio, pidiendome que hiciera algo urgentemente en favor de dos muchachos que han sido sorprendidos por su policía preparando la colocación de una bandera vasca. En cuanto han ingresado los detenidos en las checas de su policía, han empezado a oírse los gritos de dolor de los desgraciados jóvenes.
"No es Su Excelencia ningún analfabeto inconsciente para ignorar que tanto la Declaración de los Derechos del Hombre como las encíclicas papales declaran no sólo libre de todo delito, sino como dercho inalienable de todo hombre, el hecho por el que han sido detenidos dichos jóvenes. Sí encima se emplea la tortura como represalia, el hecho se convierte en una infamia sin nombre, (...) Pobre de Su Excelencia cuando suene como un trueno en sus oídos la pregunta acusadora de Dios: "¡Caín, Caín! ¿Qué has hecho de tu hermano Abel?" Créame que el dirigirle esta carta no ha sido ninguna diversión. Ello me ha costado un combate contra la natural cobardía de la carne para exponerse a su represalias (...)".
Al día siguiente contestó el gobernador, Valencia Ramos, llevaba muchos años en Guipúzcoa, había envejecido en el cargo y conservaba ese aire de cónsul romano, superior e irónico, que consideraba a los mortales sin carnet imperial individuos de segunda clase a los que había que redimir. "Reverendo Padre. No quiero que por mí tenga la conciencia en el estado que me dice y refleja su carta, ayuna al par de razón y sindéresis. (...) La presencia en los tejados en enero no era ciertamente para hacer un documental de los gatos en celo. Se encontraron sendos cubos con dos tubos lanzacohetes que hubieran caído en la noche de hoy como maná del cielo para quienes recuerdan, todavía con fruicción, la suspensión de la ikurriña el año pasado con precisión de escenografía de Rambal.
"Fueron detenidos, prestaron declaración y en su momento usted podré preguntarles, si quiere, si fueron o no torturados y si gritaron hasta el punto de hacerse oír desde la calle. Mire usted, si fue un borracho, y lo digo en serio, el que en dicha noche y horas, y enfrente precisamente del Gobierno Civil, gritó descompasadamente y a mí mismo me hizo salir a la terraza por casualidad... y esto es todo".