"Que nadie se enfade ni eche las piernas por alto. Humildemente hemos de reconocer que no sabemos nada. Euskadi, el País Vasco, o las eufónicas Provincias Vascongadas, ocupan nuestras cabezas sólo cuando la sangre tiñe la información. Excepciones aparte, admitámoslo, de Euskadi no sabemos nada". Gregorio Morán (1.982).
La Sociedad.
San Sebastián empezó a ser una ciudad. Antes había tamarindos, edificios que se apodaban Kursaal o Casino, lugares como el club de tenis. Real por supuesto, o el Garibay Tea Room, y se asomaba allá al fondo, en Miramar, la "austriaca", que además era reina y se llamaba Cristina, y luego venía el rey Faruk, y se casaba un hijo de Batista, y "Gil Baré" hacía chistes del Ayuntamiento,
y Satrústegui traía unos objetos como redes para niños y le daba a una pelota amariconada, peluda y blanca, y decía que eso era el "tenis", y en un lugar muy húmedo de nombre horrible, Zarauz, otro señor con bombachas golpeaba una bola y al netía sucesivamente en nueve agujeros por primera vez en España: le decían "golf".
A fuer de historiadores rigurossos hay que decir que hubo una etapa, breve, en que la Sociedad dejó de ser San Sebastián y lógicamente le cambiaron el nombre y le pusieron Donosti, pero duró poco, dos meses que impidieron terminar el verano del 36. Apenas la Sociedad lo notó porque cruzó a Biarritz, facilitando el perfeccionamiento de lenguas y la cocina internacional. Un paréntesis.
Luego las cosas volvieron a donde debían y en unos meses San Sebastián se puso imposible. La llamaron " el paraiso de los refugiados". Había veinte mil catalanes y la Sociedad se preguntaba cómo era posible que en Barcelona fueran tantos, porque así no había manera de conocerse. Pero en seguida se redujeron y el propietario del canódromo de Barcelona puso un café elegante y los textiles catalanes se establecieron en Rentería, "un barrio". Adaptarse o morir, y la guerra demostraba por sí misma que no estaban dispuestos a morir.
Hubo algún bombo y algún platillo que anunciaron la reunión del ministro Serrano Suñer y el conde Ciano, cuando al español se le apodaba imperialmente Unser Freund y al italiano Auslädischer Genosse, pero apenas si se notaron las lenguas bárbaras del norte. Pronto San Sebastián volvió a ser la Sociedad.
Su Excelencia el Generalísimo Franco, al fin y al cabo un parvenu, descubrió San Sebastián en agosto de 1.940. A la sociedad la descubrió antes pero le quedaba lejos. Luego se aficionó y repitió todos los años. Al principio quiso vivir en el palacio de Miramar, pero el espíritu de la reina Cristina vagaba por él desde 1.892, y además lo habían pagado "de su bolsillo" y, en fin, no eran tiempos de "caducas aristocracias" sino de "revoluciones pendientes", y hubo de contentarse con el palacio de Ayete que le cedió -en una expresión literaria- la duquesa de Casa Valencia. El general se quedó con las ganas de repetir con Serrano Suñer -que sí era habitual de San Sebastián- los comentarios frívolos de Alfonso XIII -pantalón blanco, zapatos blancos, blazer inglés, caña de Jamaica- al provecto ministro Santiago Alba, en los jardines de Miramar, una noche de septiembre de 1.923. "Dicen que Miguel se ha sublevado en Barcelona.." Y siguió con el tuteo chabacano y el pobre Alba pensó que estaba ya cesado, y el que sería cesado y pronto fue el monarca. Cuántas cosas había aprendido Franco de Su Majestad, salvo el tuteo. Por eso volvió a San Sebastián siguiendo las huellas de esa Sociedad que la había hecho suya el mismo año en que empezó la primera gran guerra.
A Franco le recibían mil banderas rojas y gualdas., las sirenas de las chalupas y el ministro "de jornada". Le despedía una banda de clarines interpretando Agur Jaunak, que entonces solía ponerse traducido, Adiós Señor, aunque a la Sociedad le gustaba natural, como la vida misma, y era muy solicitado en Madrid en las fiestas de hombres solos: a dos voces conmovía. Durante su asiento en la ciudad le ofrecían funciones de gala en el teatro Victoria Eugenia, con sainetes de Ramón de la Cruz o Ricardo de la Vega y entremeses de Adriano Ortega, mientras en las calles se escuchaba el ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!, gritado por vascos y foráneos, y su mujer enseñaba su desigual dentadura por entre los claveles de la Diputación Excelentísima.







¡Bufff!, el "cuñadísimo y encima se muere con más de cien años en su cama.
La gente se amolda, se convierte, se somete.
Este fin de semana en un programa basurilla de éstos que tengo como fondo ambiental (en casa, tengo la TV encendida las 24 horas pero he aprendido a abstraerme hasta tal punto que escucho lo que me interesa y lo que no ni lo oigo), no se les ocurrió otra cosa que hablar de las ya famosas beatificaciones.
Estando como contertulios; Urdaci y Paloma Gómez Borrero, te puedes imaginar. El público, participaba si quería con sus opiniones.
Una señora, temblorosa que en un principio achaqué al "directo", se despachó diciendo que su padre, era maestro republicano cuando Franco alcanzó el poder . Le quitó el título y pasaron hambre.
Hoy, decía, tiene un hermano cirujano y que por favor...no volvieran a remover esos temas, que ya habían sufrido bastante.
El mismo presentador, le recriminaba, cómo podía contar lo que estaba contando y a su vez pidiera que se "enterraran" estos asuntos.
El miedo, es libre. Me di cuenta, que la Dictadura, hizo mucho más daño, del que tú o yo, nos podamos imaginar. Es un horror heredado.
Un abrazo
Esperanza
araña negra del atardecer.
Te paras
no lejos de mi cuerpo
Gracias José .... gracias
El cuñadísimo, que jamás respondió por enviar a miles de republicanos a los campos de exterminio con su frase "No hay republicanos españoles" ¿Nadie pide responsabilidades de esto?
Como siempre, un post magnífico!
Isabel,
Incio, con este, los posts más duros de la serie en los que intento hacer ver que muchos de los lodos qe nos enfangan hoy día provienen de los polvos que se sembraron hace años.
La llamada Sociedad no es otra cosa que mil personas y sus criados. Las primeras configuraron una oligarquía que, aprovechando la revolución industrial y una masa obrera que buscaba trabajo a cualquier precio, levantaron un imperio que abarcaba todos los sectores: el empresarial, el financiero y el industrial,
Como todas las oligarquías fue camaleónica, es decir, se adaptaba a cualquier situación política que se daba en el País Vasco Y, por extensión, en España. Fueron nacionalistas del PNV y franquistas con la dictadura. Su estudio es sumamente interesante pero escapa de este análisis, tal vez lo recupere en un futuro.
El miedo amiga, aún permanece bajo la piel de muchas personas, en el corazón y en el subconsciente, no en balde fue mucho el terror que se vivió por aquí y de ello puede dar fe Emilio Silva, el impulsor de los colectivos de la Memoria Histórica que puso en marcha cuando comenzó a buscar los restos de su abuelo fusilado y desaparecido en una fosa común.
Pero también puedo yo da fe de este miedo. Durante el mes de diciembre se celebra un homenaje-recuerdo en el cementerio de S. L. de El Escorial ppara denunciar los cientos de fusilamientos que allí tuvieron lugar. Pues bien, no acuden todos los familiares de las victimas que residen en el pueblo y la razón no es otra a que aún existe miedo y a que te puedan catalogar como "rojo" en un pueblo que es un nido de caciques y de fachas. Pero aún más, la hija del alcalde del pueblo de El Escorial (ya sabes que hay dos, el de arriba y el de abajo), que también fue fusilado es una de las fijas en las reuniones. Yo, que tengo cierta relación con estos colectivos de la Memoria, le ofrecí la oportunidad de que se pusiera en contacto con ellos, que les contase su historia y que les pidiese colaboración para la busqueda de su padre, (enterrado en las fosas comunes que existen en ese cementerio), antes de que la política del Ayuntamiento consiga mediante edificaciones y transformación del entorno la definitiva desaparecición de aquellos lugares físicos que fueron testigos de tanta tragedia, pero hasta ahora no he recibido respuesta. El miedo, amiga, sigue estando presente y sirve para cerrar muchas bocas.
Besos.
Amigo Theo,
Muy cierta tu apreciación. El entonces ministro de asuntos exteriores, convencido y practicante fascista, guardó silencio ante las reclamaciones del gobierno nazi alemán que solicitaba una vía de actuación ante el "tren de los 927"; tren que partió de Angulema en el mes de agosto de 1.940 cargado con españoles detenidos por la Gestapo y que finalizó en los campos de concentración para los hombres y el regreso y entrega a la España franquista para las mujeres y niños. Cómo también, tal y como señalas, pronunció esas palabras cuando le fue notificado que en los campos de exterminio existía la presencia de republicanos españoles.
Un fuerte abrazo.
Rosana, querida amiga,
Preferiría para tí, la última de las estrofas... Que, la esperanza mordiese en tu corazón y anidase en él por siempre.
Un cariñoso beso.