La Guerra Civil (2)
La pasividad de la mayoría del nacionalismo en la primera fase de la guerra en Euskadi, antes de la aprobación del Estatuto, obedeció a varios motivos. El PNV era un partido católico y moderado, que en la República se había democratizado, pero no formaba parte del Frente Popular ni se hubiese aliado con él de no ser por la guerra civil. Esta coyuntura excepcional le obligó a tomar partido ya que la neutralidad era imposible. Esta decisión trascendental la publicó en seguida su portavoz en una nota famosa: "Planteada la lucha entre la ciudadanía y el fascismo, entre la República y la Monarquía, sus principios le llevan indeclinablemente a caer del lado de la ciudadanía y de la República" (Euskadi, 19 de julio de 1.936). Pero, durante el verano, la autonomía vasca no era aún una realidad política, sino tan sólo un proyecto de ley en las Cortes. Además los obispos de Vitoria y Pamplona, Múgica y Olaechea, habían considerado ilícita la unión de los nacionalistas vascos católicos con los republicanos y socialistas contra los católicos españoles en su pastoral del 6 de agosto.
A mediados de septiembre, coincidiendo con la pérdida de San Sebastián y el desmoronamiento del frente guipuzcoano, el PNV, negoció en Madrid su ingreso en el Gobierno del Frente Popular a cambio de la inmediata puesta en vigor del Estatuto. A finales de ese mes y primero de octubre se consumó de pleno derecho el pacto político y militar del PNV con el Frente Popular mediante tres acontecimientos históricos: el nombramiento de Manuel Irujo como ministro sin cartera del Gobierno de Largo Caballero, la aprobación del Estatuto por las Cortes republicanas y la formación del gobierno provisional de Euskadi. A partir de ese momento cambió de forma sustancial el curso político y militar de la guerra en Euskadi, produciéndose un viraje hacia la moderación.
La guerrra mundia : ayudar a los aliados.
El centro de operaciones de la oposición se situó al principio en Francia, instalándose en París la sede del Gobierno vasco y permaneciendo un buen número de exiliados en la Vasconia continental. Sin embargo, el inicio de la segunda guerra mundial y la posterior ocupación nazi de Francia obligó a muchos exiliados y dirigentes políticos a marcharse a Gran Bretaña y América. La desaparición de Aguirre hizo que el dirigente del PNV Manuel Irujo creara en 1.940 el Consejo Nacional de Euskadi en Londres, que asumió interinamente las funciones gubernamentales vascas a la espera de la reaparición del lehendakari. En realidad, la estrategia del Gobierno y del Consejo nacional, identificada en la práctica con el PNV, fue la misma: apoyar a los aliados en la segunda guerra mundial pensando que Franco entraría en la guerra o que la derrota de las potencias del Eje llevaría a la intervención militar aliada en Esaña, derrocando la dictadura. Esta visión era un tanto ingenua, ya que los aliados no necesitaban de forma decisiva la ayuda vasca. Así, la idea de Irujo desde Londres de conseguir la independencia de Euskadi con el apoyo británico o francés, creando una especie de Estado-tapón entre Francia y España, era difícil de ser aceptada tanto por Gran Bretaña como por la Francia Libre de De Gaulle, a pesar de los contactos mantenidos con éste último y del acuerdo al que llegaron en 1.941 el Consejo Nacional de Euskadi y el Consejo de Defensa de la Francia Libre. Debido a las presiones británicas se suspendió la aplicacion del pacto y se disolvió el denominado "Batallón Vasco" (Tercer Batallón de Infanteria de Marina) que se estaba formando en el marco del dicho acuerdo. Además, José Antonio Aguirre, una vez reaparecido en América, decretó la disolución del Consejo Nacional de Euskadi.
Hubo, no obstante, otras formas de cooperación entre los aliados y la oposición vasca. Así, se fue poniendo en marcha la organización más tarde denominada Euzko Naaia, un embrión del ejército vasco, en previsión de posibles acontecimientos, cuyos preparativos empezaron a finaes de 1.939. También hubo una importante intervención vasca en la Red Comète (1.941-44), especializada en la evasión por la frontera del Bidasoa de aviadores caídos en territorio controlado por los alemanes. Esta red fue la principal manifestación de la resistencia en la vasconia continental y logró salvar a 700 fugitivos. La idea de poner a los refugiados vascos al servicio del ejército francés ya había fracasado en 1.939 al preferir Francia apaciguar el exilio republicano para garantizar la netraulidad de la España franquista. Finalemte se había acordado que los refugiados trabajaran en las industrias de guerra francesas, hasta que en junio de 1.940 la mayoría de los exiliados fueron confinados en el campo de internamiento de Gurs, próximo a los Pirineos. Tras el desmantelamiento del batallón Vasco, la única intervención directa fue el Batallón Gernika, que intervino en alguns combates en la Pointe-de-Grave, cerca de Burdeos, ya en las postrimerías de la contienda.
Pero el principal activo de la estrategia de colaboración con los aliados fue la organización de los Servicios vascos de información, cuyo origen estuvo en plena guerra civil, cocretándose después en la red dirigida por el miembro del PNV Luis Álava. Esta red de espionaje fue desbaratada entre 1.940-1, tras la ocupación alemana de París, que permitió a los nazis pasar a la policía franquista una completa información sobre sus componentes hallada en las oficinas del Gobierno vasco en la capital francesa. Luis Álava fue fusilado en 1.943, pero tras la caída de esa red, los Servicios se reorganizaron, centrándose en la obtención de informaciones sobre los nazis en España y Francia que se pasaba después al espionaje británico o al norteamericano por medio de sus sedes diplomáticas. Ademas, los Servicios tarbajaron en Madrid y Latinoamérica (caso Galíndez), donde colaboraron estrechamente con los Estados Unidos.







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