La República (3)

Tras la victoria electoral de las izquierdas en España, en la primavera de dicho año el PNV y el Frente Popular llegaron a una entente cordial, personificada en sus íderes Aguirre y Prieto, con el Estatuto de mínimo común denominador, lo cual facilitó su rápida discusión parlamentaria, resolviendo en seguida la cuestión de Álava, a pesar de la obstrucción de las derechas. Su aprobación final no fue consecuencia de la guerra civil, si bien ésta contribuyó a acelerar la ratificación definitiva del Estatuto vasco por las Cortes de Frente Popular.
La guerra civil: revolución o contrarrevolución.
En la primavera de 1.936, la proximidad de la aprobación parlamentaria del estatuto contribuía a integrar al nacionalismo en el régimen republicano. A diferencia de Euskadi, Navarra continuó siendo un foco de intenso antirrepublicanismo, pues el carlismo aceleró la preparación del golpe, potenciando su nutrida organización paramilitar, el Requeté. De ahí que la dinámica imperante fuese la conspiración contra la república, favorecida porque el director de la misma, el general Emilio Mola, era el jefe de la comandancia militar de Pamplona, quien llegó a un acuerdo con el carlismo navarro de Rodezno, que se sumó masivamente al golpe militar del 18 de julio. En una situación similar se encontraba Álava donde el carlismo de Oriol apoyó con dinero, armas y hombres la sublevación, cuya cabeza en Vitoria fue el teniente coronel Camilo Alonso Vega ( ¿por qué, cuando llegó a ministro, le llamarían don Camulo?). Así pues, en las cuatro prtovincias convivían dos estrategias políticas antagónicas: en Vizacaya y Guipúzcoa había una clara mayoría a favor de la autonomía y de la República, fruto del entendimiento entre el PNV y el Frente Popular; en cambio, en Álava y Navarra la mayoría era enemiga del régimen republicano y preparba conjuntamente el golpe militar y la insurrección carlista.
Desde el 19 de julio los militares rebeldes y miles de voluntarios carlistas se apoderaron de navarra y de casi toda Álava (salvo los valles cantábricos, próximos a Bilbao), imponiendo la contrarrevolución, y se lanzaron a la "reconquista" de Guipúzcoa y de España entera, haciendo de Navarra una "nueva Covadonga". Inmediátamente, persiguieron a las izquierdas, y en menor medida, al PNV. La represión fue muy cruenta en Navarra, con más de 2.000 fusilados (en su mayoría, campesinos de La Ribera sindicados en la CNT y, sobre todo, la UGT), a pesar de ser el mayor feudo derechista y de la ausencia de la guerra en el territorio, hasta el punto de que el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, aún siendo muy favorable a los sublevados, les exortó a "no más sangre" a finales de 1.936. El carlismo creó una Junta Central de Guerra de Navarra dirigida por Joaquín Baleztena y José Martínez Berrasaín.
En cambio, el golpe de Estado fracasó por completo en Vizcaya y Guipúzcoa. En Bilbao, las tropas no salieron de sus cuarteles y los jefes implicados en él fueron detenidos. A diferencia de las otras provincias, el gobernador civil, el republicano Echevarría Novoa, permaneció en su puesto y fue el presidente de la Junta de Defensa de Vizcaya. En general, dicha Junta logró controlar la situación y mantener el orden público, aexcepción del asesinato de presos como represalia por los bombardeos de la aviación rebelde sobre Bilbao y su comarca. En San Sebastián hubo sublevación, tardía y mal organizada, y las fuerzas obreras necesitaron una semana para aniquilarla, tomando los cuarteles. El poder civil desapareció, al marcharse el gobernador republicano Artola, y fue sustituido por una Junta de Defensa presidida por el diputado del PSOE Miguel Amilibia. En Guipúzcoa, en especial en la zona de San Sebastián a Irún, tuvo lugar una revolución efímera, pue el ejército de Mola conquistó la provincia entre agosto y septiembre.