El Tradicionalismo: de los Nocedal a Pradera:
Tras un auge político en el sexenio democrático de 1.868-1.874 y su derrota militar en 1,876, el carlismo vivió una difícil adaptación a lo largo de la Restauración al ser ésta una monarquía católica y conservadora, contra la que no tenía mucho sentido el componente insurrecional del carlismo, aunque crease el Requeté como organización paramilitar en los inicios del siglo XX. De ahí languidece durante la jefatura de los pretendientes don Carlos (VII) y su hijo don jaime (III). El nombre de este último hizo que desde 1.909 hasta su muerte en 1.931 el carlismo de denominara "jaimismo".
Este movimiento legitimista y contrarrevolucionario logró conservar alguno de sus focos en el norte de España, en particular en Cataluña y el País Vasconavarro, pero cada vez más reducido territorialmennte: así, retrocedió mucho en Vizcaya, donde su fuerza se concentraba en el Duranguesado. Prueba de ello es que de los 90 diputados tradicionalistas electos por los distritos vasconavarros entre 1.891 y 1.923, tan sólo uno lo fue por Vizcaya, 32 por Guipúzcoa y 49 por Navarra, su feudo. En esta provincia solía conseguir tres diputados a Cortes por Pamplona y llegó a ser la fuerza mayoritaria en los primeros lustros del siglo XX, siendo su portavoz el diario El Pensamiento Navarro. Esos 90 diputados suponían unas tres cuartas partes del total de diputados tradicionalistas en las Cortes de la Restauración, lo que demostraba el peso vasconavarro en el conjunto del carlismo español.
Su retroceso se debía al avance del proceso de modernización y ubanización, que socavaba su base social predominantemente rural, al surgimiento de otros movimientos más modernos como los nacionalismos vasco y catalán o el maurismo, que le arrebataron algunas de sus banderas, y las escisiones que sufrió durante la Restauración: la de los "mestizos" incorporados a la Unión Católica de Alejandro Pidal, grupo que acabó integrandose en el conservadurismo de Cánovas; la del Partido Integrista de Ramón Nocedal y al del Partido Tradicionalista de Juan Vázquez Mella.
El integrismo nació de la tendencia católica o íntegra, que anteponía la causa religiosa a la dinástica frente a la tendencia más propiamente carlista, que primaba el legitimismo monárquico. Tras no suceder como jefe del partido a Cándido Nocedal a su muerte en 1.885, tres años después su hijo Ramón Nocedal encabezó el cisma integrista, acusando a Carlos VII de haberse liberalizado y propugnado la instauración del "reinado social y político de nuestro señor Jesucristo". Aunque la mayoría de la militancia continuó siendo carlista, el integrismo atrajo a bastantes de sus jefes, a una parte del clero, sobre todo jesuitas y carmelitas, y a muchos periódicos.
La influencia del integrismo se concentró en Navarra, siendo su líder Nocedal y sobre todo en Guipúzcoa. Poco después de la muerte de Nocedal en 1.907, el integrismo fue perdiendo seguidores, que pasaban unos al nacionalismo vasco y otros al maurismo. Después del cisma integrista, en los años finales del siglo XIX y primeros de XX, el carlismo procuró llevar a cabo una cierta renovación no sólo orgánica, con la creación de numerosos círculos y juntas bajo la jeftura del marqués de Cerralbo, sino también doctrinal, con el Acta política de Loredán (1.897) como programa y, sobre todo, con la obra de su principal ideólogo, Juan Vázquez Mella, conocido como "el verbo de la tradición". Mella era partidario de una monarquía católica tradicional, de índole corporativa y federativa, y hacían más hincapié en un sano regionalismo que en el fuerismo, conjugando la unidad de España con la variedad regional. Su discurso nacionalista español fue acentuado por su seguidor Victor Pradera, quien lideró el navarrismo político y demostró su animadversión frente al nacionalismo vasco con sus duros ataques a sus diputados en las Cortes de 1.918.







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