Guerras civiles:

La crisis del Antíguo Régimen y la transición hacia el liberalismo, tantos años mantenidoda en Vasconia con convulsiones más o menos violentas, dio paso en 1.833 a la fase de las guerras civiles de 1.833-1.839 y 1.872-1.876. A pesar de todo, y con haber sido el territorio vasconavarro el que contó con un control más amplio por parte carlista, no debe por eso deducirse que fuese una insurrección popular generalizada en favor del pretendiente. De los 50.000 hombres movilizados por don Carlos en toda España en 1.837, alrededor de 20.000 eran vascos, pero pese a eso no representa ni el 4% de la población y supomnóian menos fuerzas populares de las que se habían movilizado en al guerra de 1.808. Pero es que además hubo una parte importante de ciuadadanos vascos que se enrolaron voluntarios en las milicias liberalles, lo que confirió al conflicto un indudable carácter de enfrentamiento civil interno al país.
El foralismo para las clases populares fue una motivación importante para hacer la guerra, pues el Fuero les garantizaba una serie de ventajas como consumidores. Para los campesinos la abolición total suponía quintas, peores mercados y mayores precios. Para los hidalgos y eclesiásticos carlistas defender el Fuero era defender la legitimidad, el derecho sucesorio, el Altar. Para los dirigentes carlistas se trataba sólo de un banderín de enganche. Desde un punto de vista estatal la guerra carlista no tuvo ninguna dimesión foral, pero desde Vasconía sí. El gobierno cristino inicialmente no mencionaba el asunto foral como causante dxel inicio de la guerra sino más bien la actividad intrigante del clero. El propio don Carlos no se refirió a la defensa del Fuero hata época bastante tardía, cuando se hizo evidente el carácter movilizador del mismo. A lo largo se 1.834 hizo una serie de declaraciones alusivas al mantenimiento foral e incluso llegó a jurar los Fueros de Vizcaya y Guipúzcoa. El convenio de Vergara hay que entenderlo como un acuerdo entre militares que daba soluciones militares a los militares, que aportaba a los combatientes de base (campesinos y artesanos) la tan deseada paz, pero que apenas garantizaba ninguna otra de sus aspiraciones; tampoco daba satisfacción al clero más montaraz, que se veía traicionado, y a los notables apostólicos que veían derrumbarse los valores del Antiguo Régimen que defendían.