Papel de protagonista.
El rector accidental y decano de Derecho Isaac Galcerán «tendría un papel principal en la represión» a través de la ratificación de las acusaciones y la incorporación de nuevos cargos. Los escritos vinculaban políticamente a los imputados, en mayor o menor grado, con la izquierda.
Como «izquierdistas» y «extremistas» fueron calificados Antonio Polo Díez, de Derecho Mercantil, Emilio González López, de Derecho Penal, y Benito álvarez-Buylla, de Química. Dentro de la categoría de «acomodaticio» y «expectante» fueron encasillados Carlos del Fresno y Pérez del Villar, de Química, Teodoro González García, de Derecho Político, y Ramón Prieto Bances, de Historia del Derecho.
Este último merecería los juicios más severos: «En Oviedo figuró como hombre de derechas y buen católico; sin embargo, a partir de 1934, en que fija su residencia en Madrid con motivo de su nombramiento de subsecretario de Instrucción Pública y más tarde de ministro, se le ve desorientado y bastante ligado a las figuras representativas de la Institución Libre de Enseñanza (...). No dará buen ejemplo por su conducta versátil y acomodaticia».
Caso aparte es el del jurista Mendizábal y Villalba, considerado contrario al Movimiento por permanecer en el extranjero. Además, se le acusa de ausentarse a menudo de la cátedra y se le define como «terco y tenaz, católico pero de los que discuten hasta al Sumo Pontífice y de ideas demócratas avanzadas contrarias al fascismo italiano y hitleriano».
Según la tesis doctoral, el rector Galcerán no se limitaba a la función de transmisor, sino que ratificaba las acusaciones y añadía nuevos cargos. Por ejemplo, su opinión resultó decisiva en la inhabilitación definitiva del catedrático Benito álvarez-Buylla el 24 de septiembre de 1937.
Por otra parte, el asedio militar republicano de catorce meses sobre Oviedo marcó de forma directa la vida académica en la ciudad: «El asedio provoca el aislamiento de la Universidad respecto de su propio distrito y del resto de España durante meses, pero al ser liberada se plantea la necesidad de reconstruir unas instalaciones absolutamente arrasadas -tres años después de la revolución de octubre de 1934- en un momento de replanteamiento del centro que podría comportar su eliminación».
Sin embargo, la Universidad de Oviedo pudo salvar el tipo y se convirtió en uno de los símbolos de respuesta tenaz a los cañones rojos. Al ser liberada la Universidad, el nuevo rector dedicó la principal partida presupuestaria, prevista para la adquisición de libros, a la compra de crucifijos y retratos del general Franco en todas las aulas.
[Fuente: Por Rafael Sarralde, La Nueva España, Oviedo, Asturias, 01may05]