Alvariño López, Francisco.Fusilado:23/09/40(91)

María Teresa y Juan Jiménez 5
La persecución.

Ni siquiera los padres de Juan Cazallero acudirían a visitarlo allí. Los dos iban a morir solos en su cortijo. "Murieron de sufrimiento", dice ahora Juan. Por lo que se refiere a su hermano pepe, tampoco supo nada de él. Siguió en el campo, viviendo en el maquis, hasta el año 49 ó 50, en que también fue abatido por la guardia Civil, lo mismo que Fernando. Hubo muchos Pepes, muchos Manueles, muchos Pacos muertos en aquellos años. Sólo alguien recuerda cómo un cadáver se balanceaba en la grupa de un mulo, cómo bajaban de la sierra los jeeps con los guerrilleros acribillados a balazos después de espantosas y desiguales batallas: docenas de jóvenes guardias, perfectamente entrenados y armados, contra pequeñas partidas de fugitivos miserables, hambrientos y armados muchas veces con viejas pistolas o escopetas de caza. Así resistieron una docena de años sin dormir nunca bajo la misma estrella y sin beber dos veces agua de la misma fuente. Pero esa ya no es la historia de Juan, entregado a los cuidados de una muchacha que solamente vivía para salvarlo a él.

Cada vez le dolían más el estómago y los riñones y, ahora, sentía fuertes punzadas en la nuca, tan agudas que se mareaba y caía al suelo perdido el conocimiento. En los primeros meses –el primer invierno- vivó continuamente en el agujero, día y noche. Se alimentaba casi exclusivamente de leche condensada disuelta en agua y de fruta. Su estómago no resistía otra cosa y quizá los recursos económicos de su novia no daban para más. Juan vivía a oscuras, constantemente mareado, en silencio, al borde de la muerte siempre.

Menos fácil fue superar el miedo a las visitas de la Guardia Civil. Ya en los meses anteriores, cuando Juan andaba por los campos o en casa de sus padres, subían los guardias hasta el domicilio de la novia para buscar noticias del guerrillero. Los interrogatorios más cuidadosos no se practicaban en la casa sino en los cuarteles. De vez en cuando detenían a María teresa, la conducían a las cárceles de Málaga o de Cártama, la tenía allí unos días y finalmente la devolvían sin haber obtenido respuesta alguna.

En una ocasión, estuvo detenida durante seis meses. Otras veces el encierro duraba un par de semanas, mes y medio, un día..... Sólo una vez fue juzgada, en el año 51, al término de la más larga de las detenciones. El consejo de guerra se celebró en Cádiz. El fiscal pedía doce años y un día de prisión por encubridora. A su lado habían viajado en el coche celular cuatro penados capturados en el campo. Para todos ellos se pidió condena a muerte y todos ellos fueron condenados y posteriormente ejecutados. María Teresa recuerda aún aquel viaje de pesadilla a lo largo de la Costa del Sol, de noche, rodeada de los cuatro guerrilleros aterrorizados.

"-Pasábamos mucho hambre –dice María Teresa – Una vecina de aquí al lado nos ha quitado también mucha. Nos daba patatas de la huerta, zanahorias, berzas. Pero no sabía lo de Juan. Con lo que yo ganaba no teníamos para nada. Cuando volvimos después de salir él de la cárcel, debíamos dinero a todo el pueblo, de una esquina a la otra. Pero nadie vino a pedirlo. Lo hemos ido pagando poco a poco, hasta el último duro. Siempre se portaron muy bien conmigo".

María Teresa se acostaba en su ancha cama, marcaba en el colchón de borra la huella de su cuerpo y se levantaba. Sobre el suelo de tierra batida estiraba una manta y allí pasaba la noche con Juan. Si los civiles aporreaban la puerta, Juan corría con las mantas al escondrijo del patio mientras ella se vestía o esperaba. Los guardias entraban en la habitación, comprobaban que en aquella cama sólo había estado durmiendo una persona y salían.

La huida.

El noviazgo no terminaría realmente hasta tres meses después de aquel penoso viaje de Alhaurín a Málaga en un coche policial y rodeados de hombres vestidos de verde. A María Teresa no le importó demasiado esperar un poco más el día de la boda. Los papeles de Juan Cazallero habían desaparecido en el incendio de la iglesia del pueblo durante la guerra.

"-Yo me digo: yo me caso y si me fusilan y ella se queda viuda, por lo menos que le cubra la vejez la Cruz de Méritos de guerra y la otra que tenía yo, que me daban catorce reales diarios. Por lo menos todo queda legal...".

En los días en que esperaba el consejo de guerra, acosado para que confesase, Juan, ni siquiera logró ver a su novia. Huir era imposible. A sus cuarenta años de edad, Juan Cazallero se sentía ya derrotado. Un destino ciego parecía haberse ensañado con él y con la mujer que arriesgó su vida por unirla a la suya con una decisión desesperada, con violencia. Ahora, ninguna imposición legal, ningún prejuicio moral conseguiría separarlos. Mientras esperaba el momento del beso de ritual por entre las rejas, Juan repasaba aquella loca carrera que lo había conducido de un nada a otra nada más vacía, de una prisión a otra, de las manos de un policía a las manos de otro.

Criado en un mísero cortijo entre Alhaurín el Grande y Coín, en el que había nacido en 1.918, allí pasó su infancia y su juventud sin otro quehacer que su trabajo campesino. Un "buen hombre" le daba lecciones algunas tardes y gracias a esa generosidad aprendió a leer y a escribir con cierta soltura. Sólo de tarde en tarde viajaba hasta los pueblos vecinos y únicamente un par de veces en su vida a Málaga.....