Una hazaña que deja estupefacto al grupo marca la jornada del 7 de octubre y tiene valor simbólico. Guevara no lo menciona en su diario, pero Pombo y Benigno no lo olvidarán. Un paredóna pico, peligroso, les cierra el paso (una faralla peligrosísima). El obstáculo parece infranqueable. Sobre todo porque luego hay que saltar una grieta de un metro y medio de ancho en cuyo fondo se estanca el agua helada. Pombo: "Los hombres estaban reventados. Nadie tenía ánimo de seguir". El Che, aunque está muy enfermo, se decide y se lanza al asalto de la pared. Se agarra a la roca como un animal, trepa, se iza, llega a la cumbre, ayuda luego a los demás. Benigno: "Cuando no queríamos hacerlo (..), cada vez que se necesitaba valor, audacia, una voluntad de acero, allí estaba el Che".
En su diario, la página del 7 de octubre es famosa por ser la última. El Che establece con increible serenidad una especie de balance positivo. Está cercado por todas partes, atrapado en el fondo de una quebrada y ha perdido la mitad de sus hombres. Pero escribe: "Se cumplieron los once meses de nuestra inuguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente (¡); hasta las 12:30 en que una vieja, pastoreando sus chivas, entró en el cañón donde habíamos acampado y hubo que apresarla". Durante mucho tiempo se creerá que esa viejecita, una vez liberada, los denunció. No fue ella.
Fue Pedro Peña, un campesino atemorizado. En la noche del 7 al 8 de octubre, antes de que apuntara la aurora, iluminándose con un candil fue a abrir una acequia de riego en su campo de patatas. Guevara observó: "Salimos los diecisiete con una luna muy pequeña (..) En el cañón donde estábamos (..) sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo". El campesino, que descubre a los guerrilleros, apaga el candily, con las primeras luces del alba, se apresura a comunicar la noticia en la aldea. Aníbal Quiroga, corregidor de La Higuera, trasmite la información al subteniente Carlos Pérez, acantonado allí con un pequeño destacamento de la compañía A. Al no poder avisar por radio a su jefe, estacionado en Pucará, a quince kilómetros, Pérez informa al capitán Gary Prado de la compañía B, apostado en Abra del Picacho, a tres kilómetros. El capitán llega sin demora con cuarenta de sus rangers. Prepara un dispositivo clásico para "peinar" las dos quebradas que confluyen en el valle y conducen hasta rl río Grande. El último acto del drama está comenzando.
La noche ha sido corta para los guerrilleros. A las cuatro de la madrugada de aquel domingo 8 de octubre, los diecisiete supervivientes del ELN se ponen en marcha. A las seis, cuando la primera claridad brumosa de la aurora anuncia una cálida jornada, el Che orena un alto. Han llegado cerca de una intersección de los tres cañones que se ensanchan bajando hacia el río Grande. "No dí un aso más, me dejé caer", cuenta Benigno que, al no poder utilizar ya su brazo derecho, sujeta el fusil con la mano izquierda. El cansancio de aquel guajiro incansable es tal que se derrumba en un charco de agua -muy fío- que le llega por encima de la rodilla.Sin embargo, cuando el comandante le pregunta: "¿Estás bastante bien para salir de reconocimiento?, responde: "Claro que puedo, Fernando" "Estamos en un buen lío", prosigue el Che. "No sé por qué pero me parece que llegó nuestro último combate".
En grupo de dos, el Che manda tres patrullas para detectar el lugar más propicio para escapar de la ratonera. Inti cuenta que el Che, en un rápdo análisis, consideró que si debían entablar combate por la mañana tenían pocas posibilidades de salir bien librados, pero que pasado el medio día tal vez pudieran aguantar hasta que la noche, vieja cómplice, les permitiera escabullirse.
Nadie está de acuerdo sobre la hora en que comenzó el combate.11:30, dirá Benigno; 13:30, asegurará Inti; 13 horas, indicará en su informe el capitán Prado, que dirige la operación militar. Los rangers del regimiento Manchego se han dispersado por toda la zona, al mando del coronel Zenteno y del mayor Ayoroa. El capitán Prado, que manda la compañía B, tiene buenos estudios y habla inglés. Ha servido de intérprete a los Boínas Verdes norteamericanos del campamento de La Esperanza que, a excepción de dos portorriqueños, no hablaban español. Llegado a Pucará tras la escaramuza del 26 de septiembre, fue él quién capturó a Camba, el guerrillero huñido, lo ha paseado ante sus soldados arrastrándolo con una cuerda para demostrar que en el fondo un guerrillero no es tan terrible.
Es bien sabido que cada cual tiene de los combates una visión muy fragmentaria. Tal vez Benigno, mejor situad que los demás, nos de la versión menos parcial de esa jornada "histórica". Cuando al salir el sol advierte que las cimas están erizadas de soldados, el Che le ordena volver a esconderse con Inti y Darío en la ladera opuesta, para vigilar los movimientos del enemigo. Se da la consigna de no disparar primero. Los tres hombres tienen por todo refugio un árbol poco tupido -es la estación seca- cuyo tronco apenas mide la anchura de una persona. Se relevan paraevaluar con el rabillo del ojo el avance de los rangers, que bajan por todas partes desplegados en abanico.
Aniceto Reynada, un minero de Potosí, es el primero en caer. Cuando los soldados lo descubren, mientras corre hacia el puesto de mando de Fernando, inícian un fuego graneado con ametralladora y mortero. Tal vez porque se expuso al intentar ayudar al Chino es probable que el Che fuese herido ya en ese primer tiroteo: una bala en la parte baja de la pantorrilla derecha; otra en el caón de su fusil; otra en su gorra, que queda perforada... Benigno ha perdido de vista a su jefe y, pese a estar herido, apoya en su hombro izquierdo el fusil ametrallador ligero M-2, y. sin dejarse ver, hace blanco casi cada vez.
Guevara se encuebtra solo con Willy (Simón Cuba, otro minero de Huanuni), que le ayuda a avanzar. Tienen que escapar de los rangers. Apoyado en su compañero, el Che trepa sigilosamente por una pequeña chimenea lateral rocosa. Ambos hombres no se percatan de que arriba los aguardan dos soldados apuntándolos con sus armas. Los guerrilleros acaban colocándose.... a un metro de ambos fusiles. Ya es imposible defenderse. Todo ha terminado.
Mientras tanto, en la quebrada los últimos guerrilleros intentan en vano reagruparse. Buscan a su comandante sin comprender bien qué ocurrió, sin atreverse a reconocer la angustia que les embarga. ElChino agoniza abandonado y Pancho está también herido, no se sabe. Cuatro hombres -entre ellos un enfermo (el médico y un herido (Pablito)- se encuentran desconcertados sin su jefe. Conseguirán huir durante unos días antes de ser capturados cerca de allí y masacrados. Seis más se reunen en el punto de encuentro y deciden romper el cerco: Pombo, Urbano y Benigno; Inti, el Ñato y Darío. Tres cubanos y tres bolivianos. Benigno ha recibido en la batalla un segundo disparo en la ingle, pero aún así camina porque no quiere reventar. Nunca la frase ha sido más cierta.
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El comienzo del fin. El Che y sus compañeros de lucha están a punto de entrar en la inmortalidad revolucionaria.
Larga vida a todo áquel que se atreve a rebelarse en contra del tirano !!
Madame Rosa
Madame Rosa,
¡Larga vida para ellos, y que la memoria de los que cayeron sirva de guía a las nuevas generaciones!
Hace pocas fechas tuve oportunide escuchar a quienes fueron sus últimos compañeros en la aventura revoluconaria. Hombres ya en edad avanzada, manifestaban que, en condiciones semejantes, volverían a realizar aquella gesta llena de sacrificio y heroismo.
Hombres de acero con corazones de niño y de enorme belleza, amiga mía; Hombres semejantes a algunos que he tenido la oportunidad de ver aquí en España, viejos luchadores en nuestra guerra civil y que aún mantienen vivo su espíritu de lucha en defensa de la libertad. Hombres, querida amiga, como aquellos bravos muchachos que vinieron de los rincones más alejados y que formaron las Brigadas Internacionales.
Hombres que, cada uno de ellos, es un ejemplo a seguir.
Un cariñoso beso.