"¿Quién lo mató?
Podríamos mejor preguntarnos: ¿quién liquidó su ser físico?
Porque la vida de los hombres como él tiene su má allá en el pueblo.
Lo mato el enemigo.... y lo mató su carácter. Camilo no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo atraía y lo manejaba; en su mentalidad de guerrillero no podía una nube detenr o torcer una línea trazada.
No vamos a encasillarle, para aprisionarlo en moldes, es decir, matarlo".
Ernesto Ché Guevara.

26 de septiembre. Los guerrilleros abandonan toda vigilancia. Exhaustos, han dormido "a la vera del camino", a riesgo de que les sorprendieran. Al amanecer arriban a Abra del Picacho, "el punto más alto que alcanzamos, 2.280 metros". La aldea festeja la llegada de la primavera y ellos se toman un tiempo para beber un vaso de chicha antes de volver a bajar hasta La Higuera. A mil quinientos metros de altitud, la pequeña aldea perdida en la montaña ha sido casi abandonada por sus doscientos habitantes. El corregidor, Anibal Quiroga, también ha huído. En casa del telegrafista encuentran un telegrama con fecha 22 que pide que se avise a Vallegrande cuando se vean guerrilleros por la zona.
El Che ordena que los cinco hombres de su vanguardia salgan por un sendero bien trazado. Pero la iniciativa ha cambiado de bando. Justo a la salida de La Higuera caen en una emboscada. Nutrido tiroteo. Un detalle -uno más- salva la vida a Benigno. En cabeza de la fila ("punta de vanguardia") se ha detenido un momento para quitarse un guijarro de las abarcas, porque tampoco él tiene ya zapatos. Y es el siguiente (el capitán cubano Miguel Hernández), quién recibe el primer tiro y muere en el acto. Caen a su vez los bolivianos Julio (Mario Gutiérrez), un médico de veintiocho años formado en Cuba, y Coco (Roberto Peredo), otro militante disidente del PCB. "La pérdida más sensible" después de la de Rolando, escribe el Che. Coco está mortalmente herido, pero aún respira. Benigono, bajo las balas, consigue cargárselo a la espalda para batirse en retirada. Inclinado por el peso, recibe en la espalda una bala que remata a Coco y se aloja junto a su cuello, en el omóplato. La conservará en su cuerpo durante años. En la refriega, otros dos hombres han perdido de vista al grupo: Camba (Orlando Jiménez), que había manifestado ya que deseaba abandonar, y León (Antonio Domínguez), miembro del PCB que desempeñaba el papel de peón en la finca de Ñancahuazú. El Che resume el asunto en una palabra: "Derrota".
Ahora sólo son diecisiete, con un herido, tres enfermos y la moral por los suelos. La trampa se cierra. Buscan una rendija por dónde escapar pero hay soldados por todas partes. La radio boliviana da pocas noticias. El comandante de la columna sabe, por una emisora chilena, que el ejército ha desplegado dos mil hombres por la zona, que "el Che Guevara está acorralado en un cañón selvático" (30 septiembre). Los diarios de campaña del Che, Pombo y Pancho concuerdan al describir la situación: "Rodeados".
Pombo explica la táctica del Che. Quedar quietos durante unos días para hacer creer que hab abandonado la zona. Sin embargo, hay que moverse. Solados y campesinos pasan muy cerca del lugar, mal protegido, donde están agazapados los guerrilleros. Se le oye hablar. Pancho: "Abrir una lata de conservas, aún con mucho cuidado, nos parece un ruído espantoso" (28 septiembre). "Ayer, Fernando me dijo que acabábamos de nacer por segunda vez, (..). El ruído de una cantimplora puede costarnos la viad" (29 septiembre). "Fernado va delante, apremiando al Chino (Mister Magoo)" (30 septiembre). "Fernando me pide que le cargue la pistola. La tiene en la mano como si estuviera decidido a matarse antes de caer prisionero" (1º de octubre).
Fernando tiene el oído pegado a la radio. Los desertores lo han contado todo sobre el número de guerrilleros, su estado de ánimo, sus penurias, etc. Anota: "Se escuchó una entrevista de Debray, mu valiente frente a un estudiante provocador" (3 octubre). En la evaluación que ha establecido de todos los que han pasado por la guerrilla, el Che ha escrito de Dantón, tras su arresto: "Hemos perdido un cuadro intelectual magnífico, pero dudo que hubiera llegado a ser un buen guerrillero". El 26 de septiembre se ha reanudado en Camiri el proceso de Debray y Bustos tras muchoa aplazamientos, muchos interrogatorios y gestiones de Janine Debray, madre de Régis y vicepresidenta del Consejo Municipal de París, del padre, abogado, del embajador de Francia, Dominique Ponchardier. El mundo entero parece haberse movilizado para salvar al intelectual francés, que ha decidido encargarse personalmente de su defensa.
Una hilera de vagabundos harapientos doblegados bajo un fardo. Ésa es la imágen de los diecisite hombres que al ocaso se ponen silenciosamente en marcha, entre noche y niebla, conscientes de estar sitiados y de que el próximo combate puede ser definitivo. Inti está deprimido por la muerte de su hermano. Benigno camina con una bala en la espalda, pierde sangre y "sufre como una bestia". "Tengo incluso gusanos que caen por sí solos", explicará. El agua rica en magnesio ha acentuado los cólicos, pero es escasa. La sed atenaza a los guerrilleros. Guevara: "Salimos al anochecer con la gente agotada por la falta de agua y Eustáquio dando espectáculo y llorando la falta de un buche de agua" (5 octubre). En esta desolación el peruano Chino es el más lastimero: tropieza una y otra vez, no ve donde pone los pies, uno de los cristales de sus gafas se ha roto e implora: "Fernando, Fernando..". El Che vuelve sobre sus pasos y le guía como a un niño, pero masculla en su cuaderno: "El Chino se convierte en una verdadera carga". Pocos son los que todavía tienen zapatos, perdidos a lo largo de los caminos. Casi todos se han hecho abarcas, pero no protegen de las espinas que cubren ese Gólgota. Pancho: "El camino de noche ha sido un infierno. Espinas en el camino que se nos clavan en los pies, y piernas, en los costados, a la altura de la cabeza. Es terrible. Sólo la voz de mando de Fernando hace que la gente camine" (1 octubre).