Los Topos (9)

Alonso Martín,Deogracias.Fusilado(Ilegalmente):12/12/39 In Memoriam(73) |
Saturnino de Lucas (4) El gobernador civil de Segovia eligió su comisión Gestora para Mudrián y Saturnino de Lucas sería nombrado alcalde del pueblo. Probablemente aquellas elecciones no habían sido legales; probablemente Mudrián era uno de aquellos "burgos podridos" de que hablaba Manuel Azaña en donde los votos se compraban muy baratos.
A nadie sorprendería. Siempre que en España ha habido elecciones han existido manejos de este género. Sobre todo en las regiones campesinas, Una terrateniente beata regalaba un colchón al obrero miserable, en sublime rasgo de caridad, y así se atraía un voto para la causa católica, que era derechista y aristocrática. Otro propietario amenazaba con no dar trabajo a quienes votaran a su oposición. Un tercero se colocaba ante las urnas e iba pagando religiosamente cada voto; el precio solía ser un duro, equivalente a la jornada y media de trabajo del obrero. O pagaba en especie: trigo, patatas, garbanzos ... La carne estaba demasiado cara y sería un privilegio intolerable.
"Aquí no había más que una cosa. A mi me dijo Juan Marcelo: " Aquí ha mandado mi abuelo, ha mandado también mi padre, ahora mando yo y después mandará mi hijo ".
Ambos hombres se conocían bien y de antiguo. Juan Marcelo había sido alcalde durante más de treinta años consecutivos. Y tampoco había de equivocarse en su profecía. Su hijo, Fausto Marcelo, es actualmente alcalde (1.977) desde el año 1.950. era lógico que el hombre no se resignase a ver cómo saturnino, hijo de una de las familias más pobres, se apoderaba del bastón de mando con la disculpa del supuesto desfalco de doscientas mil pesetas. Sin embargo, en Mudrián ocurría un caso bastante singular. Los curas no han sido nunca amigos de los caciques. Por lo tanto, eran amigos de los enemigos de los caciques, cosa ciertamente muy sorprendente y rara en nuestro país.
"El cura que había aquí entonces, don Alberto garcía Matesanz, era un hombre. Y el anterior también lo era. Don Miguel Llorente está ahora de párroco en la Fuencisla de Segovia, debe tener ya por lo menos ochenta años y dice que no quiere morirse sin verme y que no ha venido porque no puede salir de casa. Al poco tiempo se marchó a Hoyuelos y vino García Matesanz, el cura que me guardó al principio, porque si no es por él me matan".
El cura Llorente había ayudado al Cojo desde que era un niño. Una vez nombrado alcalde fue a su despacho para celebrar la procesión de san José. Saturnino se puso ante una vieja máquina de escribir y le autorizó a que sacara libremente los santos por las calles e hiciese lo que le pareciese más conveniente.
"Aquí no había más autoridad que yo. Dos días después de la sublevación se presentaron en Mudrián unos cuarenta y cinco segadores de Cuellar, y otros tantos de Samboal y de Navas de Oro. Venían a ofrecerse por si yo los necesitaba para algo. Sí, venían armados de cualquier manera. "Venimos por la cabeza del grajo", decían. Los de Cuellar habían quitado una escopeta al cura de Domingo García, también un cuchillo o dos a no sé quién, una pistola ...Preguntaban si eran necesarios y yo les contesté que no, ya que aquí no pasaba nada, así que tampoco era necesario hacer nada. Alguien fue a decirle al cura que yo había dicho que lo mataran y el hombre, asustado, preparó el caballo para marcharse. Yo le hice desmontar y ya se quedó toda la noche conmigo. Mientras yo esté aquí no se toca a nadie, ni de derechas ni de izquierdas, aquí no pasa nada, todos somos del pueblo, todos somos iguales. Aquellos hombres se pasaron aquí toda la noche durmiendo en un corral. Por cierto, tuve que darles tres latas de escabeche para cenar, y pan, que todavía se lo debemos a Demetrio. El vino lo pagó Morales. Así que la mañana siguiente hice que cada uno se fuese a su casa y aquí no había pasado nada".
"El día 24 de julio, a la una y pico de la madrugada, me llamó el cura. Me dijo: "Pasa que tenemos que hablar", pues nos tuteábamos. "Mira una cosa, Cojo, vete ahora mismo a casa de tus padres y les dices que te vas, pero no les digas a dónde, y luego te vienes a mi casa; salta por detrás, por la tapia del huerto y te quedas aquí". Bueno, ¿ y qué pasa?, le pregunté yo. "Fulano de Tal ha dado tantas pesetas – me dijo – y Fulano de Tal tantas y Fulano de Tal tantas otras. En total, han ofrecido sesenta mil pesetas por tu cabeza. La tienen que poner antes de las diez de la mañana a Basilio Mesa García y luego ponerla aquí en la plaza".
Saturnino no hubiera pensado que valía tanto su cabeza. Sesenta mil pesetas. La cantidad equivalía al salario de cincuenta obreros durante todo un año de trabajo.
"Venían de Navas de Oro a por mí. Eran tres coches. Venían los que llamábamos falangistas, mandados por Basilio Mesa García y otros señores. Él no venía por lo que hubiera podido ocurrir. El pueblo nada, ni se movió porque estaba acobardado; así que vinieron e hicieron lo que quisieron esos falangistas mientras yo estaba en casa del cura. Hicieron registros en mi casa y en las casas de los amigos y parientes. Hasta el día 27 ó 28 de agosto, en que se llevaron a mi padre, a mi madre y a mis hermanos, pero ninguno de ellos sabía dónde estaba yo, así que no se lo podían contar. A ellos los apalearon, los torturaron para que dijera dónde estaba yo, pero no lo sabían"
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laurencia19 dijo
Hola, interesante artículo...siempre será doloroso conocer de injusticias y de violencia, pero es parte de la historia, ésa que nunca se debe olvidar.
Me gusta ver que estás en acción.
Muchos cariños.
24 Septiembre 2007 | 12:16 AM