|
Alonso de la Fuente, Florentino. Fusilado (Ilegalmente): 24/07/43 In Memoriam (67) |
Juan y Manuel Hidalgo España (2)
Benaque es una aldea situada a treinta kilómetros de la capital, Málaga; casi inaccesible en automóvil; la aldea se sitúa al final de un complicado y laberíntico camino que discurre entre torrenteras y quebradas en un terreno montañoso que se desploma en vertical a pocos kilómetros de la línea del mar. Los caseríos y aldeas se diseminan por la zona unidos por caminos estrechos, pedregosos e inverosímiles, descarnados en verano y arrasados por las avenidas de invierno, contemplando desde las alturas las edificaciones de Rincón de la Victoria, Velez-Málaga, Torre del Mar, ya en la costa.
Los dos hermanos habían nacido en Almáchar, a cinco kilómetros de allí, y sus padres se dedicaban al campo, a la oliva, a la viña, eran obreros trabajando para otros. Eran seis hermanos y, cómo en tantos lugares, a los siete años ya tenían que trabajar para ayudar a la casa. Su padre cobraba dos cincuenta por día y la comida y ellos, veinticinco céntimos, una cincuenta a la semana. Comían ensaladilla, aceitunas picadas en un plato con aceite, naranjas y bacalao. Esa era la comida que daba el amo al mediodía. Luego, por la noche, la olla. En ella había garbanzos, arroz, coles, tocino ... Carne, nunca, eso estaba prohibido, huevos tampoco ... Los niños estaban para llevar la comida a los mayores.
Había escuela pero solo era para los que tenían dinero. Había un maestro que de noche daba lección y se iba algunas veces después del trabajo. A leer aprendieron de mayores, en los descansos. Había uno que sabía y los enseñaba: “Esto es la A, esto la B, ..”.
Juan se casó con su chica, que era de Benaque, y tras dos años y medio de noviazgo. La boda se hizo con la familia reunida y se arregló con dos litros de aguardiente y unas galletas, no había dinero para más. Se hizo la comida en casa de ella, en Benaque. Hubo buena comida y algo de fiesta después, con bailes y cante, verdiales. En esos tiempos no había viajes, la luna de miel vino después. Tras la boda Juan se trasladó a la casa de los padres de ella, como era costumbre, a trabajar. Manuel venía a visitarlos y así conoció a su mujer que era prima de la de Juan.
Trabajaron a jornal, pero después Juan tomó tierras a cuenta y con mucho trabajo y sacrificios ahorraron unos dinerillos y más tarde compraron un pedacito, que fue origen de lo que vino más tarde. Cuando vino la guerra hubo que dejarlo, se marcharon y se lo quitaron. Benaque tenía entonces unas treinta vecinos y casi todos eran familia.
El poeta Salvador Rueda vivía allí, cerquita de la casa de Juan, era Caballero cubierto delante del Rey y Poeta de la Raza, era rico y le gustaba hablar con los obreros, de vez en cuando les daba un duro para aguardiente. Ricos había algunos pero pocos, Antonio Ruiz y los hermanos, y no mucho. En el pueblo se llevaban todos bien, como en familia, luego todo cambió. Había de todo, más de la UGT y falangistas muy pocos: eran de otro lugar, de Macharaviaya. El alcalde era republicano. De política se empezó a hablar después del 36. Antes nada. Los hermanos no eran políticos, lo único que sabían era lo que les habían enseñado desde chicos: trabajar y trabajar.
Manuel y su hija tuvieron una hija en 1.935, la niña murió de la dentadura; le entraron unas calenturas muy fuertes y no las pudo resistir. La llevaron al médico, que estaba en Benamucarra y se murió en el camino, cuando la traían de vuelta, en un burro. Ella iba subida y sus padres delante. El médico le dio una inyección de suero haber si le daba vida; pero ya viniendo de vuelta se murió en el campo, encima del borrico. Tenía siete meses.
Los hermanos querían mucho a sus padres. Les enseñaron a trabajar la tierra y a ser buenos cristianos, iban a misa cuando podían. Almáchar era el pueblo más cristiano de la provincia de Málga; hay mucha religión allí. Para comer había que echar la bendición y quitarse el sombrero. Y al terminar lo mismo: darle gracias a Dios por a comida. En Semana Santa ayunaban todos. Estaban sin comer hasta que llegaba el mediodía, sin desayunar ni nada. El desayuno consistía en un poquillo de café y pan con aceite. Pero el café pocas veces. En Benaque hay una iglesia pero no había cura, iba todos los domingos.
En el pueblo no se sabía muy bien lo que estaba pasando. Venían los del UGT y decían que el socialismo era bueno, que había que estar unidos para defender el jornal y el trabajo, el derecho del obrero. Nada más que eso. Como había que trabajar fuera, para otros, se estaba obligado a apuntarse a la UGT. Era para ayudar al obrero, para compartir el trabajo, porque había poco entonces y había que repartirlo.
Durante los primeros meses de la guerra la vida era normal, trabajando. Muchos se reunían en el centro para enterarse de lo que pasaba. Decían que era de poco tiempo. Manuel iba más mientras que Juan, como no estaba a jornal sino que tenía su tierra, ni tan siquiera estaba asociado. Algunos jóvenes fueron a la guerra, muy pocos, llamados por el gobierno republicano. Después, más tarde, también se fueron ellos porque no podían ir a ninguna parte.
Juan y Manuel se presentaron en Marbella el día 28 de diciembre de 1.966. Se presentaron por un perdón que hubo entonces y del que se enteró una sobrina de la mujer de Juan que estaba allí, trabajando de secretaria, y que vino a buscarlos. Estuvieron allí hasta el 15 de agosto. Les mandaron quedarse hasta que vinieran los apeles de Madrid. En el Juzgado les hicieron preguntas sobre todo lo que había pasado. Cada quince días tenían que presentarse en el cuartel de la guardia civil. Vivían en el hospital; Juan no podía trabajar porque estaba ciego del todo y se tuvo que operar de la vista. Un ojo se le fue apocando pero el otro lo pudo recuperar. Manuel estaba tan grueso que no podía andar. Estaba blanco como la cal. A los primeros días de darle el sol se peló del todo. A los quince días de estar en el hospital pudo ponerse a trabajar de peón en la construcción. Al principio le costó muchísimo, se cansaba enseguida y sudaba mucho. Cada día que pasaba estaba más delgado. Estaba ocho o diez horas en la obra, con la pala y el pico, y el sueldo diario era de veinticinco duros. En el hospital no les cobraban nada y los trataron muy bien.
A los ocho meses pudieron volver al pueblo. Todo el pueblo salió a recibirlos y todos decían que el mérito era de ellas, y era verdad. La mujer de Manuel tenía el pelo larguísimo y se lo cortó para ofrecérselo a la Virgen del Carmen, por una promesa que había hecho. Lo que más le llamó la atención fue lo que vieron en Marbella; antes apenas había allí unas chozas y ahora se encontraban con rascacielos y las chicas con faldas muy cortas, medio desnudas,... Se admiraban de todas esas cosas y no pensaban que España hubiera cambiado tanto.







He cometido un error, que espero se me discupe. Donde puse "Manuel y su hija tuvieron ...", lógicamente, debería haber puesto: "Manuel y su mujer tuvieron una hija".
Saludos!
Pepe:
Sólo puedo decirte gracias por tantas cosas que ofreces y tantas injusticias que denuncias. Puede haber perdón, pero nunca puede haber olvido e indiferencia.
Un fuerte abrazo.
Felpe, amigo,
Coincido plenamente contigo: nunca la venganza; el perdón, siempre posible, pero, por ello, ... ¡Jamás el olvido! Sin él, es imposible la justicia.
Un abrazo, amigo.