Los Topos ( I )
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Alonso Alonso, Emilio. Fusilado (Ilegalmente): 05/09/39 In Memoriam (65) |
Prosigamos con las razones del miedo:
En Felanix, Mallorca, un hombre apodado l´amo en Joan, escondido en un pozo, fue delatado por las monjas de la Caridad de un convento vecino que se sorprendieron al ver ropas de hombre tendidas a secar y avisaron a los falangistas. Lo capturaron éstos y a los dos días apareció en la capital de la isla el cadáver con un clavo de un palmo de largo clavado en la frente y una cuartilla escrita: “Para que tires tachuelas en la carretera”. Este hombre, de unos cuarenta años, había arrojado tachuelas en la carretera poco antes de que pasara un automóvil con falangistas que pretendían dar un mitin en Felanix., antes del 18 de julio. Este hombre pagó con su vida este hecho, más bien una gamberrada que un atentado político.
En Membrilla, Ciudad Real, dos hombre huidos y enfermos recurren al médico, Vicente Ruiz Ballón, para que los atienda. Eran hombres de La Solana, un pueblo vecino, que llevaban meses en el campo. El médico los atendió durante cierto tiempo pero una vez que se ganó la confianza de los enfermos los denunció a la guardia civil, que finalmente se apostaron en una habitación vecina. Un día que los enfermos volvieron, un hijo pequeño del médico llamado Ángel a visó a los guardias. Entraron éstos abriendo fuego y los dos murieron en la camilla del consultorio, con los traseros descubiertos.. Al poco los guardias avisaron a algunas viudas cuyos maridos habían sido fusilados de parecida manera para que limpiaran la sangre del consultorio del doctor. Hoy (en, 1.977) ese médico tiene una calle dedicada en el pueblo. Su hijo Ángel es policía y el nombre de otro de sus hijos, José Ruiz Merino, fue divulgado por la prensa como responsable de la afirmación de que el agua de Solares no estaba contaminada (esta marca estuvo fuera del mercado durante años debido a la contaminación bacteriológica que sufría).
Otro médico de ese pueblo, Pedro Menchén, contemplaba desde la puerta del casino cómo un grupo de anarquistas eran exibidos en la plaza del pueblo, atados con sogas después de ser traídos de un campo de concentración, mientras la gente pedía que los matasen. El médico, entusiasmado por el momento que vivía, pegó con un bastón a uno de aquellos hombres – enfermo y debilitado por los malos tratos – y le rompió la cabeza. Los espectadores vieron cómo la sangre bañaba su demacrado rostro. El agredido se llamaba Francisco Arias. El médico agresor tiene también una calle dedicada en Membrilla.
En un pueblo de Valladolid, envejecida por los años y el humo, existe una fotografía de veinticinco hombres. De esos veinticinco, veintitrés fueron fusilados en la Cascajera de San Isidro.
Ante estas realidades es lógico suponer el miedo en la población y el deseo de buscar la seguridad en el ocultamiento, por duro y prolongado que fuera este. El general había sido muy generoso en perdonar los crímenes de los suyos, por horrendos que fueran. Necesitó, sin embargo, treinta años para conceder a los que lucharon en el bando enemigo una prescripción de delitos. Porque los perdones anteriores fueron muchas veces trampas mortales. Sería terrible calcular cuántos españoles fueron fusilados por haberse presentado a las autoridades confiando en alguno de los indultos generales anteriores al 69.
Tales indultos fueron emitidos en las siguientes fechas: 9 de octubre de 1.945; 17 de julio de 1.947; 9 de diciembre de 1.949; 1º de mayo de 1.952; 25 de julio de 1.954; 31 de octubre de 1.958; 11 de octubre de 1.961; 24 de junio de 1.963; 1º de abril de 1.964; 25 de julio de 1.965; 10 de noviembre de 1.966 primer indulto de responsabilidades políticas, pero muy matizado. Y por fin, el Decreto Ley de 31 de marzo de 1.969 por el que se declararon prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al 1º de abril de 1.939. El texto, que se presenta con una larga introducción en la que se observa aún la rígida mano del soberbio dictador, apenas ocupa media página 4704 del Boletín Oficial del Estado del 1º de abril de 1.969. Así comienza la “disposición general” que firma Francisco franco: “la convivencia pacífica de los españoles durante los últimos treinta años ha consolidado la legitimidad de nuestro Movimiento, que ha sabido dar a nuestra generación seis lustros de paz, de desarrollo y de libertad jurídica ...” No debe extrañar que al leer tales falsedades algunos “topos”, incluso entonces, se negaran a subir a la superficie.
Alguno de esto topos no serán incluidos por ser historias contadas por terceras personas, como Bernardo Santamaría, de Alcira, que al parecer murió loco en la cárcel, hacia 1.972, después de ser capturado por la guardia civil; topos como otro refugiado ocho años en Caspe, dentro de un baúl; como Jesús Montero, secretario político del Comité Provincial del Parido Comunista de La Coruña, que permaneció unos veinte años emparedado en la alacena de la cocina de una antigua novia suya, en Sada, muy cerca del Pazo de Meirás en que veraneaba el dictador Franco y en una zona, por consiguiente, muy batida por la guardia civil. Una vez intentó abandonar su refugio, salió al exterior, dio unos pasos y, presa del miedo, volvió a esconderse.
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isabel61 dijo
Ya he abierto una carpeta donde iré guardando estas historias para no poder dormir en mucho tiempo. Gracias por difundirlas. Recuerdo cuando vi "El Crimen de Cuenca" .Cómo resuenan esas imágenes en mi memoria y aunque se basa en un hecho real de pricipios del S. XX cómo se prolongan esas prácticas bestiales durante toda la dictadura.
La bondad del ser humano es insignificante comparada con lo que es capaz de hacer desde la maldad. No encajan en mis esquemas mentales tanta crueldad y menos ser capaz de llevarlas a cabo. ¿Qué resortes se mueven en una persona culta?. Porque no estamos hablando de analfabetos, desarraigados o mentalmente perturbados, sino de personajes que son de reconocido prestigio, cultivados, leidos y viajados. No entiendo nada JOSE.
Un abrazo triste.
25 Junio 2007 | 01:07 AM