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Algarate Vich, Manuel. Fusilado (Ilegalmente): 25/01/41 In Memoriam (57) |
Fascismo español (Conspiración (2)): Movimiento Nacional.
De entre los participantes directos de los acontecimientos de la noche del 16-17 de abril en Salamanca, se dispone del testimonio de Venero y de aquellos que él recogió en su libro; de los que ofrecieron a Hedilla, en 1.947, Víctor de la Serna, Luis Ortiz de Aza y Tomás Rodríguez López; existe además el libro de von Haartman. Es difícil clasificar el libro de “Pagés Guix” como testimonio directo, aunque parece ser el trabajo de una persona muy cercana a los acontecimientos. Es evidente que Serrano Suñer miente en su libro por bien de la causa.
Una parte de las declaraciones en el libro de Venero, y sobre todo sus conclusiones, contradicen los escritos de Haartman. Parte de la afirmaciones contenidas en las cartas dirigidas a Hedilla en 1.947 contradicen los escritos de Haartman, y las declaraciones transcritas por Venero; pero parte de lo recogido por Venero y por Hedilla confirma la versión de Haartman. Entonces, ¿qué es lo que se puede considerar como hecho verosímil, y qué es lo que debe ser rechazado? En su biografía Hedilla es presentado como un hombre decidido, parco en palabras, duro y violento. La Falange de Santander era una Falange de acción. José Antonio requería el consejo de Hedilla para la defensa del centro falangista de Madrid, y no para discutir de teoría política. Venero observa que, el día 16 de abril, Hedilla y Sáiz estaban “en la plenitud de sus facultades físicas y con gallardo historial de luchadores”. Todo lo que se sabe de Hedilla hasta la mañana del 16 de abril confirma el retrato hecho por venero. Después el autor expone la tesis de la aceptación por Hedilla de la acción desleal por parte e sus camaradas, que va a traer consigo la pérdida de su poder político, y aunque cree que sus camaradas enemigos preparan su asesinato, su reacción se limitará al envío de algunos de sus amigos en busca de conciliación. ¿Quiénes son sus emisarios? Sus amigos de Santander; a su cabeza, Alonso Goya, “joven atlético, impetuoso”; el jefe de milicias encargado de “imponer el orden” en las reuniones electorales; el encargado de la defensa del local de Santander ante un supuesto ataque por los participantes desarmados de un desfile contra quienes los falangistas emplearon armas de fuego; el compañero de Hedilla en numerosos viajes peligrosos durante las semanas que precedieron a la guerra civil. Los que acompañaron a Goya aquella noche fatal habían sido “todos ellos probados en la lucha y en los frentes”.
La atmósfera en Salamanca era de guerra civil entre las dos facciones de la Falange. “Pagés Guix” escribe que, en la tarde del 16, cuando los conjurados se despidieron de Franco, este les dijo: “Y ahora nada de violencias”. A las diez de la noche, según Laporta, un coronel del Estado Mayor le dijo: “ ... en resumén, que se preparaba un golpe por ambos bandos falangistas”. Venero afirma que cuando Serrano Suñer recibió las noticias de los incidentes violentos de la noche, informó a Franco “que había empezado lo que desde hacía horas se presagiaba”. Venero nos dice que, a las once de la noche, el teniente coronel Barroso, en nombre de Franco, invitó a Hedilla a pasar la noche en el Cuartel General. Venero observa que la aceptación de esta invitación “hubiera significado una cesión de su autoridad y de su derecho, y a la par una confesión de su impotencia de dominar los acontecimientos”, Y añade: “Hedilla refugiado en el Cuartel General, mientras iba a consumarse la efusión de sangre falangista”. Venero parece querer decirnos que “la efusión de sangre falangista” no era solo previsible sino inevitable aquella noche.
Hedilla esperaba un ataque de sus enemigos. Almagro Boch dijo a Pepe Parera: “ ... se teme un atentado contra Hedilla”. Alonso Goya declaró a Ruiz de la Prada: “Hay una conjura para asesinar a Hedilla”. ¿Que hizo Hedilla para defenderse? Convocó aquella noche a hombres “que habían combatido – vrídica y constantemente – antes de la guerra, en al hora del Alzamiento y después” Vigilaba las actividades de los conjurados. Y Venero observa: “El hecho de que los conjurados se hubieran retirado a hora temprana – unos al cuartel, otros bien armados y pertrechados a sus hospedajes – también era muy sospechoso”. (se hace constar que Hedilla no parecía resignado a la derrota, como indican claramente las actividades de Venero durante la tarde, tratando de prohibir el envío de posibles mensajes de los conjurados). Venro descubre el estado de sitio en que se hallaba el domicilio de Hedilla al escribir que “había camaradas que nos prevendrían cuando se acercaran los facciosos”.
Al leer la totalidad del libro de Venero, resulta evidente que Hedilla y los suyos se creyeron amenazados aquella noche y tomaron medidas de defensa. ¿Adoptaron igualmente medidas de ofensa? Venero dice que no.
¿Qué misión pues, fue encomendada a Goya y a sus acompañantes? Venero afirma: “La visita de Goya a Dávila, tenía, efectivamente, la finalidad de convencerle para que conferenciase con Hedilla, en el lugar que eligiera y con rigurosa promesa de prescindir de la violencia”. Este punto se halla confirmado por tres personas que estuvieron en salamanca aquella noche, y que escribieron cartas a Hedilla en 1.947. Rodríguez López escribió a Hedilla: “Goya te insistía para que le dejases ir a buscar a Sancho Dávila y traerle para hablar contigo”. Hedilla trató de disuadirlo; Goya insistió y “por fin, accediste a que fuera ..”. La Serna afirma algo parecido: “(Goya) te propuso ir a reducir, en compañía de López Puertas, otro montañés, una especie de sublevación falangistas de la que yo llamaba entonces “la escuela sevillana” alzados contra ti ...” Ortiz de Hazas escribe lo mismo: “Goya, voluntariamente, te propuso ir él, con López Puertas, a casa de Sancho Dávila y traerle a la tuya”. Estas declaraciones, aprobadas tácitamente por Hedilla, al no desmentir ninguna de las versiones de las ediciones de las Cartas hechas desde 1.947, contradicen en grado diverso la versión de Venero sobre las intenciones pacíficas de Goya.
Von Haartaman presenta lo sucedido aquella noche como una acción ofensiva dirigida por Hedilla. Venero aduce la declaración de López Puertas y Gutiérrez Llano, dos de los acompañantes de Goya, que afirman que éste les dijo que “el jefe había tonado la decisión de entrevistarse con Sancho Dávila”. Existe otra confirmación de la tesis de Haartman. Hedilla, en su discurso al Consejo Nacional de la Falange el 18 de abril, afirmó que Goya murió “al efectuar una detención” . Venero omite estas palabras que pudieran ser interpretadas como condenatorias de su héroe, Manuel Hedilla.







gracias Jose por tener siempre la amabilidad de darte una vuelta por mi espacio
Te dejo un gran saludo
Es, amiga, lo menos que debo hacer para demostrarte mi amistad, y lo hago con todo cariño y placer.
Un gran beso.