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Alcántara Cristóbal, Juan Antonio. Fusilado (Ilegalmente): 27/11/40 In Memoriam (49) |
Fascismo español (Franco y el imperialismo (2)): Movimiento Nacional
Al mismo tiempo que arruinó la economía española, la guerra civil frustró también los anhelos de los falangistas de unificar España territorial política, social y económicamente. Una guerra civil no ha sido nunca el medio eficaz para unificar un país, aunque Serrano afirmase: “ Se ha combatido sobretodo por la unidad de los españoles cuarteada en las pugnas endémicas de partidos, clases y regiones, acentuada por la etapa republicana”.
La desunión del país también impidió a la España de Franco entrar en la guerra mundial. En los documentos alemanes relativos a la entrevista de Hitler con Serrano, en presencia de Ribbentrop (17 de septiembre de 1.940) leemos:” ... Suñer manifestó que los españoles temían un desembarco de los ingleses en la costa del Cantábrico y, a este respecto, mencionó que los elementos comunistoides de la población asturiana podrían complicar mucho la situación en el caso de que se realizase esa tentativa de desembarco”.
El 4 de octubre en una entrevista con Hitler, Mussolini declaró: “ ... No hay que olvidar que la situación interna de España no es buena, que incluso es mala en diversas regiones, puesto que, según los mismos españoles, las poblaciones siguen siendo rojas”. En noviembre de 1-941, Suñer subrayaba de nuevo en Berlín la falta de unidad de la nación: “ Todas las dificultades que debe afrontar su gobierno entre las trampas de los monárquicos, de los militares rebeldes y de los rojos dormidos en apariencia ...”.
Franco había matado o exiliado a muchos de sus enemigos; eran demasiado numerosos, sin embargo, para que fuera posible eliminarlos a todos. Pero la conquista del Estado había sido tan caramente pagada en vidas humanas y riquezas que tras su victoria, Franco no disponía de las fuerzas necesarias para lanzarse a la conquista del imperio. La falta de hombres y de riquezas de que adolecía Franco en 1.939-1.941 había sido motivada por la resistencia del pueblo español al fascismo durante la guerra civil. Esta verdad histórica no place al régimen.
El 24 de marzo de 1.960, Fernando María Castiella (*), Ministro de Asuntos Exteriores de Franco, afirmó contra toda evidencia en la universidad jesuita de Georgetown que la actitud “neutral” durante la II guerra mundial, no fue debido a la pobreza causada por los tres años de resistencia republicana ni al temor del régimen por una población todavía rebelde, sino a la “voluntad” de la España de Franco. “Si España no hubiera tenido la firme voluntad de no ser neutral, hubiera podido, gracias a su posición geográfica, haber asestado golpes mortales a Francia y a Inglaterra”. Esta cínica declaración del ministro no toma en consideración el hecho indiscutible de que la posición oficial de España durante la mayor parte de la II guerra mundial no era de “neutralidad” sino de “no beligerancia”.
(*) Castiella fue voluntario en el ejército de Hitler y vistió uniforme alemán. Según documento oficial de la División Azul: “ En el campo de maniobra de la División Azul se ha levantado un altar (...) el general Cochen Hausen, jefe de la zona militar, pide el juramento a los soldados que ha enviado España y lo repite en castellano el coronel Troncoso: ¿Juráis ante Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al jefe supremo del ejército alemán, Adolfo Hitler, en la lucha contra el comunismo, y juráis que combatiréis como valientes soldados, dispuestos a dar vuestra vida en cada instante por cumplir este juramento? La respuesta sonó vibrante y unánime a lo largo de todo lo largo y ancho del campo : “Juramos”. Y nuestro general Muñoz Grandes, todo un prestigio militar ya en Alemania, en su sobria, clara y elevada alocución, lanza una seguridad absoluta: “Y lo que jura un soldado español, lo cumple”. Muchos otros formularon este juramento, como Castiella, Agustín Aznar, Ridruejo y Sotomayor.
Con la II guerra mundial, era evidente que había llegado el momento soñado por los falangistas de realizar su ambición de conquista. Entonces o nunca. España ofreció a Hitler su participación en la guerra en junio de 1.940, en ciertas condiciones. Al mismo tiempo que el gobierno de Franco insistía en su debilidad presente, formulaba sus reivindicaciones en nombre de sus servicios pasados y de la promesa se esfuerzos futuros.
La idea de que la guerra civil española era meramente el preludio a la II guerra mundial proviene del mismo Franco. El 3 de junio de 1.940, el general Franco escribió a Hitler, carta que fue llevada la destinatario, una semana más tarde, por el jefe de Estado mayor español, general Juan Vigón. Al comentar esta carta, el erudito alemán Detwiler, escribió: “ No es de ningún modo una elegía a la victoria alemana, por muy impresionado que haya podido estar Franco. Por el contrario, este gallego astuto y callado emprendió, mediante su adaptación a los acontecimientos ocurridos desde su llamamiento a la paz de seis meses antes, la identificación de la guerra civil española con la II guerra mundial de Hitler, en cuyo gran éxito vio “realizada la esperanza de lucha que lucía ya en España, cuando vuestros soldados compartían con nosotros la guerra contra el mismo, aunque oculto, enemigo”: Adviértase que Franco no dice que “vuestros soldados” apoyaron los suyos, sino que habían combatido ya con ellos en esa ocasión contra el enemigo de ahora. Franco abogó, por la tesis de que la guerra civil formaba parte de la guerra mundial.







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