Alcalá Ruiz, Martín. Fusilado (Ilegalmente): 22/08/41 In Memoriam (48)

Fascismo español (Franco y el imperialismo (1)): Movimiento Nacional.

La Falange – aún antes de la guerra – tenía la ilusión de que sería posible formar una liga de fascistas italianos, nazis alemanes y falangistas españoles, que representarían naciones europeas desposeídas y que podría destronar a las naciones poseedoras. Al estallar la II guerra mundial, esta posibilidad parecía más inmediata que nunca. Hay que insistir en que la idea imperial falangista nunca fue concebida como una empresa española independiente; fue concebida como una acción combinada con los nazis y los fascistas para cambiar el mapa de Europa y del mundo. Este pacto previsto no fue nunca un pacto ideológico; era la alianza de tres ladrones, cada uno de los cuales desconfiaba del otro.

Las largas negociaciones que el Estado franquista sostuvo con las potencias del Eje, durante la II guerra mundial, indican la esperanza del régimen franquista en participar en el botín territorial de la victoria del Eje. La posición franquista en estas negociaciones puede ser resumida de esta manera:

1) España hizo saber a Alemania nazi y a la Italia fascista que su economía devastada y su falta de unidad, consecuencia de la guerra civil, la habían debilitado tanto que no podía en modo alguno participar inmediatamente en la II guerra mundial.

2) A tratar de justificar su debilidad momentánea, el Estado franquista señaló con orgullo a Hitler y Mussolini los sacrificios hechos entre 1.936 y 1.939 por la “causa común”, e identificó la guerra civil con la II guerra mundial.

3) El Estado franquista reiteró a sus amigos del Eje su anhelo de entrar en la guerra, a condición de que se tuvieran en cuenta sus reivindicaciones expansionistas y de que las potencias del Eje satisficiesen sus necesidades inmediatas en las esferas económica y militar.

La posición franquista reflejaba la verdad. La guerra civil sí dejó al país devastado y al pueblo hambriento. La guerra civil fue el preludio de la II guerra mundial. La España de Franco sí estaba dispuesta a entrar en guerra, si la ayuda económica y militar del Eje la ponían en condiciones de hacerlo y si las reclamaciones territoriales eran reconocidas y garantizadas. Las condiciones de Franco no fueron aceptadas y el plan de conquista del imperio nunca fue puesto en ejecución.

Con la victoria, Franco heredó un país arruinado y hambriento: situación de la cual él y sus amigos eran los primeros responsables por haber desencadenado una lucha fratricida. Serrano Suñer afirmaba tristemente al final de la guerra: “La riqueza compartida iba a ser pronto la pobreza total”.

Cuando Serrano Suñer, embajador itinerante de Franco, llegó a Italia en junio de 1.939, el conde Ciano notó que España alegaba su pobreza: “España teme una guerra en un futuro próximo porque se halla actualmente al final de sus recursos. Hay carestía en algunas regiones. Si puede disponer de dos años, o tres de preferencia, podrá rehacerse y llevar acabo sus preparativos militares”. Y, vuelve a escribir: “Suñer estuvo muy contento al saber que nosotros y los alemanes también deseamos aplazar el conflicto durante unos años”.

La satisfacción de Suñer duró pocos días. En agosto, la declaración de guerra destruyó los sueños falangistas. Suñer opinó que la guerra era “inoportuna”. Y: “No nos convenía la guerra entonces, en primer lugar porque España, cansada, arruinada, mal preparada, no apetecía aventuras bélicas”.

En su entrevista con Ribbentrop, en septiembre de 1.940, Suñer habló de “nuestras realidades, de nuestra lamentable situación general económica, especialmente alimenticia, falta de trigo, de gasolina, de algodón, de nitratos, de transportes, etc., etc., ..”. Serrano no lo dice en su libro, pero según documentos alemanes, aseguró a Ribbentrop que sin estas dificultades, España ya habría entrado en la guerra. Antes de la partida de Serrano para Berlín, el embajador de Alemania, von Stohrer, escribió a sus superior jerárquico: “España es débil económica y militarmente; interiormente está desunida y por eso no puede llevar a cabo más que unos meses de guerra continua. Además, la opinión pública española, después de tres años de guerra civil, no desea nuevas complicaciones bélicas”.

Cuando Hitler preguntó a Franco en Hendaya, si estaba preparado para entrar en guerra en enero de 1.941, Franco contestó refiriéndose a la falta de trigo en España. Pedía más de 100.000 toneladas. Nuevamente en noviembre, Serrano Suñer, se entrevistó con Hitler y Ciano en Salzburgo, Ciano escribió que “de todas las cosas que hacen falta a los españoles, aquella que les causa más preocupación es el trigo ...”. El 12 de febrero de 1.941, Franco dijo a Mussolini en la entrevista de Bordighera, que España necesitaba trigo, que la situación alimenticia en España se había deteriorado desde que hizo la oferta de entrar en la guerra en junio. El informe italiano cita las siguientes palabras de Franco: “¿Cuál es la situación en este momento? El hambre. Tan sólo ocho provincias españolas disponen de trigo para tres meses; las otras carecen casi totalmente de este alimento”.

En el informe italiano sobre la entrevista de Bordighera puede leerse lo siguiente: “El Duce mantiene la fórmula que Serrano ha querido recordar y reconoce que un pueblo que ha sufrido tres años de guerra civil no puede entrar nuevamente en guerra si no dispone de una buena situación alimenticia y si no se retribuyen sus sacrificios”. Franco, en carta a Hitler del 26 de febrero de 1.941, repitió sus lamentaciones por “las condiciones de nuestra situación económica”, a las que acusó de ser “las solas razones por que no ha sido posible hasta ahora fijar la fecha de entrada de España (en la guerra)”.