Albert Reigada, Francisco. Fusilado (Ilegalmente): 13/07/40 In Memoriam (44)

Fascismo español (Calvo Sotelo, el protomártir): Falange

La rivalidad entre José Antonio y Calvo Sotelo no era un secreto, aunque raramente se comente en la España de Franco. El joven prodigio ministro de la dictadura, Calvo Sotelo, que sería el “protomártir” de la cruzada, y el hijo del dictador, José Antonio, que iba a ser el “Ausente”, no simpatizaban. Ximénez de Sandoval afirmó que José Antonio “no congeniaba del todo con el ministro de Hacienda”, que no existió entre los dos la “simpatía”. José Antonio, siempre dispuesto a salir a la calle a defender el nombre de su padre, vio con desprecio la huida de Calvo Sotelo a Portugal a la llegada de la República, y su aversión a volver a España para defender la obra de la dictadura.

En mayo de 1.934 volvió a España después de dos años de exilio en Francia, llevando en su confusa cabeza una ideología construida y patentada en Francia. Fue, de todos los líderes políticos españoles de sus siglo el más afrancesado. Con todo, la derecha española no sólo lo recibió alborozadamente, sino que lo hizo presidente de su más subversivo foro intelectual, Acción Española, desde el que predicó sus ideas francesas; organizó un grupo político de extrema derecha para propagar sus ideas llamado “Bloque Nacional”; y, finalmente, en la primavera de 1.936, después de la humillante derrota de Gil Robles, llegó a ser reconocido como líder de la derecha española.

Aunque la derecha española se había opuesto públicamente a las ideas francesas durante más de cien años, en realidad lo hacía únicamente s la “ideología francesa liberal”. La derecha española nunca se opuso a la importación, venta al por mayor o al detalle, del pensamiento reaccionario francés. Calvo Sotelo, como la mayoría de los españoles de derechas, carecía de una ideología que justificase sus prejuicios. Encontró la ideología que necesitaba en los elementos antirrepublicanos de la tercera república francesa.

Desde Francia, conspiró contra la república. Fue uno de quienes esperaban nerviosamente en la frontera cerca de Irún en agosto de 1.932, e intentó enviar ayuda a Sanjurjo para la rebelión de Sevilla. Fue uno de los organizadores de la sublevación monárquica, junto con Alfonso XIII, en París el 29 de septiembre de 1.932, de la que resultó la constitución de Renovación Española.

Activo colaborador en la conjura de Acción Española, trabajó para fijar los primeros puntos de apoyo del levantamiento “nacional” en tierra extranjera. En febrero de 1.933 realizó una visita de cortesía a Mussolini, mandatario ya, parece, de todos los conspiradores antirrepublicanos. Yanguas y Messía, íntimo amigo suyo durante el exilio en París, afirmó que calvo Sotelo presentó al Duce un informe sobre “el cuadro verdadero de España bajo la república: la odiosidad del régimen y su encadenada subordinación a poderes de fuera; el ansia de liberación; las fuerzas sanas del elemento militar y de diversos sectores civiles con que podía contarse; el Estado autoritario que surgiría del otro lado del Mediterráneo; la nueva amistad que, en sirio tan estratégico y con pueblo tan leal, nacería para Italia”.

Yanguas y Messía añade que Mussolini: “ expresó sus simpatía por España y la vigilante atención que ponía en el desarrollo de la crisis abierta con el advenimiento de la república (..)”.

Los honores que le había sido dispensados no bastaban a un hombre cuya vanidad había sido halagada por Charles Maurras y por Mussolini. Comenzó a hacer referencias al fascismo en sus discursos. Falange Española impresionó lo suficientemente a Calvo Sotelo por las posibilidades de tal movimiento, aunque no comprendió su ideología, y manifestó su interés por ella. Pero fue rechazado por José Antonio, que le informó de que su pertenencia a la Falange “no es deseable ni para el Partido ni para él mismo”. La idea de José Antonio era gobernar a España de forma que llegase a ser una potencia mundial, pero Calvo Sotelo pensó en organizar España como era, organizar la existente pobreza española en un poder autoritario.

Se puede presumir que Calvo Sotelo se vengó de José Antonio dejando fuera de sus lista a la Falange, en las elecciones de 1.936. Meleiro, en su libro, escribe: “La potencia de los partidos se medía por el número y calidad de caciques, cacicuelos y demás de su género que al mismo pertenecían. Y eso que muchos de estos preferían la independencia. Prefrían no enrolarse en ningún partido y conservarse autónomos para ofrecer su mercancía al mejor postor ... Quien contaba con la mayoría de caciques, ganaba la elección. La mayoría de los colegios no se abrían, o lo hacían solo para despistar (...) No hablamos de la capital en cuyos colegios se hacían las elecciones legales (..)”.

Por este sistema fue elegido Calvo Sotelo en 1.933 y 1.936.

Si observamos el asesinato de Calvo Sotelo desde una perspectiva histórica, la victima aparece como un preeminente conspirador, afortunadamente eliminado unos días ates del levantamiento, y antes de que los efectos de su traición pudiera tener plenas consecuencias. En su visita a Mussolini en 1.933 le pidió ayuda para derrocar a la república. Estuvo implicado en la proyectada rebelión militar. Sus discursos en el Parlamento sobre el terror de la república fueron una parte fundamental en la preparación psicológica de la sublevación. Fue un traidor a la república y renegó su juramento de diputado. Se censura al gobierno republicano por no haber entrado en acción antes del 17 de julio. Si el gobierno de la república estuvo implicado en el asesinato de Calvo Sotelo – hecho que los esfuerzos realizados por los publicistas del franquismo no han llegado a demostrar – la disculpa política sería fácil en consideración a lo peligroso del momento.

El primer atentado para matar a un diputado elegido en las Cortes de 1.936, llevado a cabo contra Jiménez de Asúa, socialista, profesor de Derecho penal de fama mundial y vicepresidente de las cortes, fue inspirado por los falangista, Los jóvenes asesinos eran – jerárquicamente – subordinados de José Antonio e inspirado por sus enseñanzas. ¿Es posible que no conociera él el proyecto de atentado? Fallaron al diputado pero mataron a su escolta. José Venegas, en un excelente estudio, declara que de acuerdo con la mejor información que podía obtenerse en 1.942, sobre los 473 diputados elegidos en 1.936, 61 o bien fueron asesinados por los franquistas o murieron en las cárceles de Franco; 20 se creía que aún vivían en las prisiones de Franco; 28, incluyendo a Calvo Sotelo, se cree que murieron en territorio republicano.

Sobre uno de estos últimos, Antonio Bermúdez Cañete, diputado derechista, que en 1.931 firmó el manifiesto de La conquista del Estado, Venegas da una nota interesante: “Este señor, periodista católico, redactor del órgano jesuítico El Debate, había sido expulsado por los nazis de Alemania a causa de las informaciones que publicaba a favor de la Iglesia católica y en contra de la política religiosa del nazismo. En agosto de 1.936, apareció el cadáver de éste señor en una calle de Madrid. Se atribuyó a un atentado de las extremas izquierdas. Pero cuando el gobierno nazi rompió con la república, al ser registrada la embajada alemana, se encontraron documentos que precisaban el funcionamiento de una sección de la GESTAPO en Madrid, encargada de hacer atentados y otras provocaciones. Al frente de este grupo se hallaban dos nazis llamados Zrchristian y Erich Schnaus; cuatro hombres de este grupo, uno de ellos búlgaro, fueron los que mataron al señor Bermúdez Cañete”. “En la práctica”, como dice Venero, “ las garantías y privilegios de los diputados menguarían y acaso llegan a desaparecer”. Sobre todo en la zona de Franco.