Albaro Sánchez, Felipe. Fusilado (Ilegalmente): 16/05/40 In Memoriam (42)

Fascismo español (Franco y la Falange): Movimiento Nacional.

En la primavera y el verano de 1.936, la Falange se halló ante un dilema. Era evidente que el Frente Popular tenía la intención, en el caso de conservar el poder, de desmantelar completamente el movimiento fascista español. Además, una reforma social y económica profunda hubiera suprimido la base del nacionalsindicalismo. La izquierda no había podido hacerlo ni en Italia ni en Alemania, pero en España, con gran sorpresa de la derecha, la izquierda consiguió una victoria electoral. La Falange había discutido, probablemente con más romanticismo que realismo, los problemas que planteaba un levantamiento militar. ¿Debería entrar en la conspiración junto con los jefes militares? José Antonio desconfiaba de los militares y creía, por el contrario en la acción política de una minoría militante y decidida. Un golpe de Estado podría llevar a la falange al poder, una larga y dispendiosa guerra civil le sería fatal.

José Antonio comprendió los riesgos que supondría para la Falange una empresa común con los militare. Tenía un gran desprecio por la mentalidad militar; este sentimiento salta a la vista en todos los escritos que dirigió a los militares (en su carta dirigida a Franco, el 24 septiembre de 1.934, sugería que era probable que el mismo Trotsky estaba dirigiendo las fuerzas revolucionarias de España, y que Francia apoyaba probablemente el movimiento “separatista” catalán. En su carta a los militares de España, José Antonio lleva al colmo el empleo de la demagogia. Dice que Moscú dirige la revolución española, y que una orgía de abortos, divorcios y amor libre va a sumergir el país).

Todos los planes militares preveían una rápida toma del poder, que no tuvo lugar. Mientras la guerra se prolongaba, la Falange Española y de las JONS conoció, por primera vez en su existencia, un éxito popular. Sus efectivos aumentaron a un ritmo vertiginoso. FE y de las JONS se convirtió en el único movimiento político serio en la zona de Franco. Esta aparente ventaja fue, sin embargo, contrariada por el hecho de que el enorme aumento de potencial del movimiento tenía lugar en un momento en que la situación política estaba dominada por factores y consideraciones militares. El nuevo y creciente poderío de la Falange no podía ser utilizado políticamente por ésta. La mayoría de los nuevos afiliados era enviada enviada al frente antes de haber podido asimilar un mínimo de doctrina falangista, que, a fin de cuentas, era una doctrina nueva en España. Los falangistas que permanecían en retaguardia con los cuadros del movimiento estaban normalmente ocupados en limpiar la retaguardia, en mantener el “orden”, en una forma de baja violencia que, más que beneficiarlo, perjudicó al movimiento.

La Falange salvó la rebelión militar al dotarla de aquello de que carecía totalmente, es decir, de una fuerza política vital. Pero su anacronismo político le impidió atraer a hombres de calidad; hubo tal vez en su historia tres en total: Jiménez Caballero, Ledesma Ramos y José Antonio, aristócrata que se esforzó demasiado para parecerse a un verdadero intelectual, y que vio solamente implicaciones poéticas en los asesinatos políticos.

Cuando en 1.937 Franco quiso apoderarse de la falange, la operación fue relativamente fácil, puesto que, salvo Hedilla, no quedaba nadie con valentía política para defender la herencia. Y Hedilla nunca reaccionó con coraje y entendimiento a un tiempo, sino con la testarudez de un siervo, fiel encargado de defender unos bienes. Al reaccionar contra la amenaza que representaba Franco para la Falange, Hedilla nunca reaccionó.

Después de la eliminación de Hedilla y de sus partidarios, el hombre que se apoderó de la jefatura de Falange Española Tradicionalista y de las JONS no creía en los principios fundamentales de la Falange, como tampoco creía en los del tradicionalismo. Franco no era un fascista convencido, lo suyo era el poder por el poder.¿Qué piensa Franco de la política, de la historia? Es difícil hacerse una idea clara de ello a partir de sus propios discursos y escritos que son generalmente fabricados de acuerdo con las exigencias del momento. Su más fiel colaborador, Carrero Blanco, nos ofreció su interpretación de la historia moderna, que no debe ser muy distinta de la de Franco, en 1.941:

“ Tres años de una lucha epopéyica, nueva cruzada contra la barbarie comunista, nos acaban de salvar de nuevo. España, paladín de la Fe de Cristo, está otra vez en pie contra el verdadero enemigo: el Judaísmo. Se trata de una fase más de la lucha que secularmente sacude al Mundo. Porque el Mundo, aunque no lo parezca, aunque en apariencia sus contiendas tengan su origen en causas muy distintas, vive una constante guerra de tipo esencialmente religioso. En la lucha del Cristianismo contra el Judaísmo. Guerra a muerte, como tiene que serlo la lucha del Bien contra el Mal, de la verdad contra la mentira, de la luz contra la oscuridad. En esta pugna secular, el Judaísmo ha sabido recurrir a medios de todo linaje. La Reforma, primero; después las ideas de la Enciclopedia, el liberalismo, el izquierdismo ateo, la masonería, el marxismo, el comunismo, todo ello han sido minas puestas al reducto inexpugnable del cristianismo católico. Con habilidad extraordinaria, el judaísmo ha atacado siempre la idea de la Patria, esgrimiendo, con simultaneidad en apariencia paradójica, las armas de los separatismos y de los internacionalismos; en el aspecto económico, ha fomentado el crecimiento de los imperialismos capitalistas, a la vez que las ideas marxistas; y en el orden religioso, tanto ha mantenido las creencias heterodoxas para procurar secesiones en el seno de la Iglesia Católica, como las ideas materialistas del más puro ateísmo. Los medios son lo de menos; su fin siempre el mismo: destruir, aniquilar y envilecer todo cuanto representa Civilización Cristiana, para edificar sobre sus ruinas el utópico Imperio Sionista del Pueblo Elegido”. (L. Carrero Blanco, España y el mar).