Alba López, Vicente. Fusilado (Ilegalmente): 20/07/40 In Memoriam (41)

Fascismo español (Prosa imperial): Movimiento Nacional.

Fermín Yzurdiaga

Este sacerdote, que formaba parte del grupo llamado “Los de Pamplona”, solicitó y obtuvo permiso de la Junta de Mando para editar una revista llamada Jerarquía. La subtitulo: “La revista negra de la Falange”. El primer número fue publicado bajo la dirección de la “Escuadra de Jerarquía” cuyo “jefe” era Yzurdiaga. Entre los colaboradores figuraban: Rafael García Serrano, García Valdecasas, Giménez Caballero, Laín Entralgo, Montes, Víctor de la Serna. (...) tenían este impresionante titular en el reverso de la portada: “ Jerarquía. Guía nacionalista del Imperio, de la Sabiduría, de los Oficios”. La primera contribución de cada número era “el sonido imperial” de Hernando de Acuña.

El principal artículo del primer número se titulaba: “Para Dios y el César”. Debe aclararse que “César” era José Antonio y no Franco. “José Antonio, capitán de España, rumbo de las escuadras imperiales, brazo de la Falange, ardiente de Hermandad, vertical de Jerarquía. Pensamiento de Voz. Soldó de todas las trincheras. Profeta de sangre, de la vida y de la gloria difícil, César”.

No sólo se ignora a Franco en estas cuartillas; se le ignora en las 150 páginas de la revista. Sólo se halla una referencia a él y otra de Mola. Esta grave omisión fue corregida en el segundo número que apareció casi un año después. (...) De nuevo se repite el título, pero no se paga tributo ni a Dios ni a José Antonio, ni a los muertos de la Falange. Solo hay una página que dice: “Franco, espíritu y brazo de esta cruzada, salvador del mundo, impar en la gesta castrense de las historias. Genio exacto de estrategias invencibles en e hervor de las trincheras, en la paz ejemplar de la retaguardia. Artesano del Imperio de las Españas. En el siglo de la fe y de la milicia sobre tu frente joven dorada de un sol nuevo y augusto que el laurel eternice tu gloria de héroe”.

De los veinte títulos que iba a publicar por “Ediciones Jerarquía”, ocho se refieren a un tema “imperial”: Los teólogos del imperio; Políticos del imperio; Los cronistas y los historiadores del imperio; Los humanistas del imperio; Poesía imperial; Nueva poesía imperial; Los artistas del imperio; Monumento imperiales. Pocas de estas obras fueron publicadas.

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Quizás el mejor retrato del sacerdote Fermín Yzurdiaga es el que da el sacerdote Marino Ayerra: “La fatuidad, la insulsez, la vacuidad con sotana. Nuestro imponderable y majestuoso, sí que también prosopopéico, ditirámbico y famosísimo curita, don Fermín, falangista de la Vieja Guardia, predicador de efectos teatrales magnífico, literato vanguardista rabioso, y en la actualidad, Jefe Nacional de Prensa y Propaganda en la España del Generalísimo Franco ... No viste sin embargo el uniforme de la Falange, como en los primeros días del Alzamiento, sino de eclesiástico ahora. Hay que reconocer que es un artista. Entonces estaba bien en un cura coquetear con la camisa azul, el yugo y las flechas de la Falange; hoy, de ministro, de Jefe Nacional de Prensa y propaganda, es más coqueto, más “chic”, vestir de sotana”.

Ysurdiaga perdió con el tiempo su situación y volvió a ser simple sacerdote. Según Ayerra, el primado Goma y Tomás y la jerarquía opinaron que era incorrecto que un simple sacerdote ocupara el cargo de ministro ; Franco sugirió que Yzurdiaga debía ser obispo; la jerarquía se negó.

El ideario político del sacerdote falangista era antidemocrático, fascista e imperialista. En noviembre de 1.937 hacía la siguiente declaración en Vigo: “Y presiento que este Imperio de la Falange, por ser de la Falange, tiene la virtud de ser difícil, áspero y doloroso, un Imperio abrasado de sed y de sol en los desiertos africanos. Sí. Volveremos con ellos hermanados en la gloria de la victoria, y saltaremos el estrecho y bajaremos imperialmente hacia el Sur, para buscar entre las arenas ardientes aquella ciudad de Dios que talló San Agustín, para levantar, a su sombra, nuestra ciudad del César. Y entonces, en el cántico emocionado de dos razas cristianas se habrá cumplido la realidad gozosa del Imperio Azul de la Falange”.

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Yagüe

Fue uno de los pocos oficiales que han ocupado un alto cargo en la jerarquía militar y que utilizó un lenguaje falangista: “La oficialidad, sóla completamente (hasta nuestras legiones azules reclutadas en gran parte en la Universidad, donde el virus antimilitarista era tan denso, estaban contaminadas, recelaban, no se compenetraron y confundieron con el ejército como han hecho después) ... supo organizarse en secreto, lanzarse a la calle sin medios y soldados, a morir o a salvar a España que estaba en peligro; luego ha sabido organizar este magnífico ejército; después, cuando la España roja, batida y deshecha, desaparezca de nuestro suelo, sabrá, fundida con la juventud española, con el calor y el apoyo del pueblo sano, regida por los mejores, organizar la España azul justa y viril, incómoda y militar, religiosa y austera, sin convidados ni zánganos, donde la justicia será igual para todos, y no habrá más blasones que las propias virtudes y merecimientos, sabrá encuadrar el magnífico instrumento de guerra que la nueva España creará, para que su voz se oiga con respeto en todas partes; para que veinte naciones hijas de España vean un núcleo fuerte, paternal, en derredor del cual pueden agruparse; para que las viejas banderas imperiales de la nueva España, vuelvan a erguirse orgullosas junto a las cruces de nuestras torres. Sabrá conquistar primero y construir después nuestra España. Una. Grande. Libre. ¡Arriba España!”.

“La gente llamada de orden, de vida tranquila y vegetativa, no quería un Ejército nacional, brazo armado de la Patria, que impone la razón, que asegura una vida digna y un trato justo de los demás pueblos; esto pudiera ser peligroso, y ellos eran demasiado pacifistas. Querían un Ejército más policíaco que militar, para imponer el orden (orden artificial) por la fuerza en las calles; por eso aplaudían atronadoramente en las fiestas nacionales a las fuerzas policíacas, y tibiamente al Ejército nacional; por eso les parece excesivo el modesto presupuesto de guerra, y pequeño el desproporcionado presupuesto de Gobernación ..”.

Cuando acabó la guerra, Yagüe fue enviado a Alemania, donde permaneció varias semanas antes de volver a España para ocupar el puesto de ministro del Aire. En una ocasión arengó así a los cadetes: “ Hoy reciben su bautismo del aire las águilas del futuro ... Acude a la mejor cantera de los hombres del Imperio que llega ... A todos se os abrirá paso en este Ejército del Aire que empezó a forjarse en los tres años de nuestra guerra y que ha de ser uno de los más eficaces instrumentos de su grandeza ... Sin distinción de clases o de castas. Para todos hay un sitio en los aviones del Imperio”.