Lecturas Ejemplares ( XV )
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Aladro Calabozo, Gregorio. Fusilado (Ilegalmente): 14/07/39 In Memoriam (37) |
Fascismo español (Padres de la criatura): Falange.
La semilla del fascismo español fue sembrada por un filósofo, José Ortega y Gasset. Marcado con el “signo de Cuba” en su impresionable juventud – tenía 15 años en 1.898- Ortega nunca pudo olvidar el imperio perdido. Poco antes de la primera guerra mundial, hablando con un grupo de intelectuales españoles reunidos para hacer un sondeo sobre “ la enfermedad de España”, se lamentó: “una generación... que nació a la atención reflexiva en la terrible fecha de 1.898, y desde entonces no ha presenciado en torno suyo, no ya un día de gloria ni de plenitud, pero ni siquiera una hora de suficiencia. Y, por encima de todo, una generación, acaso la primera, que no ha negociado nunca con los tópicos del patriotismo y que, como tuve ocasión de escribir no hace mucho, al escuchar la palabra España, no recuerda a Calderón ni a Lepanto, no piensa en las victorias de la cruz, no suscita la imagen de un cielo azul y bajo él un esplendor, sino que meramente siente, y esto que siente es dolor”.
Ortega no pudo concebir la grandeza de España sino en términos de expansión. En España Invertebrada decía en 1.922 : “”Las grandes naciones no se han hecho desde dentro, sino desde fuera; sólo una acertada política internacional, política de magnas empresas, hace posible una fecunda política interior, que es, siempre, a la postre, política de poco calado”.
Una nación que perdía parte de su territorio era para Ortega una nación decadente: “... de 1.580 hasta el día cuanto en España acontece es decadencia y desintegración. El proceso incorporativo va en crecimiento hasta Felipe II. El año vigésimo de su reinado puede considerarse la divisoria de los destinos peninsulares. Hasta su cima, la Historia de España es ascendente y acumulativa; desde allá hasta nuestros días es decadente y dispersa. (...) En 1.900 se empieza a oír el rumor de regionalismos, nacionalismos, separatismos ... Es el triste espectáculo de un larguísimo multisecular otoño laborado periódicamente por ráfagas adversas del inválido ramaje enjambre de hojas caducas”.
Ulteriormente, Ortega sugería a su lectores una solución imperial para los problemas de España: “ Con los pueblos de Centro y Sudamérica tiene España un pasado común, raza común, lenguaje común, y, sin embargo, no forma con ellos una nación”.
La caída de Alfonso XIII fue acelerada por un manifiesto publicado por el grupo “Al servicio de la República” y firmado por Ortega, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón. Existe cierta similitud entre el programa de Ledesma y el manifiesto de estos tres distinguidos intelectuales: La monarquía debe dar paso a una forma de gobierno “genuinamente nacional”, a un Estado que combine “la fuerza dinámica con la disciplina”, y que convide “ a todo los españoles a unirse a una empresa suprema de resucitar la historia de España”. “Y sobre todo,” decían los intelectuales, “necesitamos la colaboración de las juventudes”.
A causa de su oposición a la dictadura no imperialista de Primo de Rivera, Ortega, que despreciaba la democracias, y que veía la grandeza de España en la expansión del poder español más allá de la península, iba a ser un héroe de la República, uno de sus filósofos oficiales. Los ingenuos dirigentes republicanos no comprendieron a Ortega, pero fue comprendido por Giménez Caballero, cuyo libro Genio de España, aunque inspirado por el filósofo, fue un brutal ataque intelectual contra él.
Al mismo tiempo que le llama su “maestro” habla de él como un “bastardo espiritual”, “un hijo de dos madres” porque, como la urraca, canta en un nido y pone sus huevos en otro. “Ortega pone su devoción, su pánico religiosos, en el Templo de la Humanidad que es el Parlamento, el Liberalismo y Ginebra. Pero los huevos, los gérmenes, a pesar suyo tornan al otro lao”.
¿Y cuáles son estos gérmenes? Son gérmenes fascistas, dice Caballero: “Ortega apercibió desde su miradero la nueva valoración del mundo europeo que se avecinaba: Militarismo contra pacifismo; jerarquía contra democracia; Estado fuerte contra liberalismo; huestes ejemplares (milicias imperiales) contra ejércitos industrializados; amor al peligro frente a espíritu industrial; política internacional y ecuménica frente a nacionalismo de política interior; vuelta a primacías medievales frente a insistencia en valores individualisticos, humanistas. Y sobre todo, capitanes máximos, responsables y cesáreos que asumiesen la tragedia heroica del mandar frente a muñecos mediocres irresponsables y parlamentarios que eludieron constantemente la noble tarea de gobernar mundos”.
“Y esa es la causa por la que su libro resulta ambiguo, penumbroso con dos zonas de luz y sombra”.
En 1.914, Ortega decía: ”Para nosotros existe el problema nacional; más aún, no acertamos a separar la cuestión obrera de la nacional”. En 1.931, Ledesma combinaba las dos cuestiones en una, que llamó “nacional-sindicalismo”. En 1.914, Ortega adoptó una variedad de “liberalismo nacional” : “ liberalismo y nacionalización propondría yo como lemas a nuestro movimiento ... Nacionalización del ejército, nacionalización de la monarquía, nacionalización del clero (no pudo en esto detenerse), nacionalización del obrero ... Yo pido la colaboración principalmente a las gentes jóvenes de mi país para esta labor tranquila, continua, a sus horas, enérgica, violenta cuando fuera menester”.
Al fin, los jóvenes le oyeron: Caballero, Ledesma, José Antonio y otros muchos, y la asunción de su desafío no fue pacifista.
”











theo dijo
Magnífico post. Nunca he sido orteguiano, pero no deja de causarme tristeza ver a cráneos privilegidos como el suyo, el de Eugenio d'Ors o el de Heidegger seducidos por la brutal simplicidad de las fanfarrias y eludiendo la sutil complejidad de una sinfonía... El mayor símbolo de la decadencia de Ortega es el coloquio malgastado de Darmstadt, tras la segunda guerra mundial, donde, viejo y caduco, prácticamente nadie recordó su intervención.
Un cordial saludo!
28 Mayo 2007 | 11:04 AM