Águila Santiago, Antonio. Fusilado (Ilegalmente): 11/06/43 In Memoriam (28)

Fascismo español ( Lucha por el poder político): Falange.

La noche del 16-17 de abril de 1.937 en Salamanca, diversos choques armados entre los seguidores de Hedilla y los de los falangistas disidentes (Dávila, Aznar, Merino y Garcerán) dieron el pretexto a Franco y a Serrano Suñer para intervenir y tomar la dirección de falange. Hedilla, que durante poco más de un día fue el jefe estatutario del grupo político más importante de la España rebelde, era borrado de la Historia. Tales sucesos fueron desde entonces, y durante veintinueve años, relegados al misterio más impenetrable por el régimen de Franco y, por cada uno de los protagonistas que se hallaban en condiciones de explicarlos.

En el interior de las fronteras españolas era fácil suprimir toda alusión a estos acontecimientos en nombre de la seguridad militar. Fuera de España, esta supresión fue posible porque los corresponsales extranjeros que se hallaban entonces en la zona rebelde se interesaban más por la lucha en los frentes que por una querella interna de un grupo político escasamente conocido por ellos; pero incluso si ese interés hubiese existido, la censura militar hubiera bastado para borrar sus efectos. Al cabo de cierto tiempo el valor como noticia de aquellos sucesos desapareció, para pasar a formar parte de la historia, y el régimen de Franco nunca ha facilitado tampoco la tarea de investigar la verdad de la historia.

E, 1.939, se dijo con firmeza a Bardèche y Brasillach, escritores favorables a Franco, que los detalles de esta historia eran “tabü”. En 1.947, el cuñado de Franco, Serrano Suñer, escribió tales falsedades sobre estos acontecimientos, en los que tan directamente había participado, que es legítimo dudar seriamente de la capacidad de su memoria. La parte más esencial del relato de Serrano Suñer, aparte de su esfuerzo por desacreditar a Hedilla con hechos cuya falsedad no podía ignorar, reside en la insinuación de que este actuaba por inspiración de la embajada de la Alemania nazi. Esta insinuación, combinada con el velo de silencio oficial arrojado sobre los acontecimientos del 16-17 de abril de 1.937, ha desembocado con el paso del tiempo, y gracias a la intervención de simpatizantes de Franco como Arnold Lunn, Peter Kemp y James Cleugh, en una maniobra maestra de ficción según la cual Franco desempeñó el papel caballeresco de patriota español anti-nazi cuyo cargo, e incluso cuya vida, se veían amenazados por Hedilla y los nazis alemanes. Que este contaba con la simpatía de la embajada Alemana aparece ahora como cosa segura, pero nunca hasta el punto de suponer que los alemanes lo apoyaron abiertamente contra Franco. Pero la versión que presenta a Franco como una victima potencial de los nazis no ha desagradado nunca al régimen franquista a partir de la derrota nazi.

Los pocos libros aparecidos en España o fuera de ella sobre los primeros meses de la guerra en la retaguardia de Franco, saltan alegremente sobre los acontecimientos de abril de 1.937. Francisco Bravo Martínez, que escribió en 1.940, una Historia de Falange Española de las JONS, termina su relato en los días inmediatamente anteriores al 18 de julio de 1.936, pese a que el movimiento que indica su título prosiguió su existencia hasta el 19 de abril de 1.937. Ángel Alcázar de Velasco publicó en 1.941 un libro cuyo tema está íntimamente relacionado con los últimos días de Falange Española de las JONS pero en él ofrece, al lado de un máximo de opiniones personales, un mínimo de historia real. Luis Moure-Mariño, en el libro Galicia en Guerra, a pesar del papel importantísimo de Hedilla en Galicia, no dice una palabra sobre el mismo. La interesante actuación de Hedilla al organizar el enlace entre el ejército y la Falange es aludida muy raramente por los historiadores franquistas. Montes Agudo, en su libro Vieja Guardia, escribe todo un capítulo sobre la Falange en Santander, antes de la guerra, sin usar la palabra Hedilla ni una sola vez, aunque este sea el principal falangista de la Montaña.

Tras la guerra, los historiadores opuestos al régimen de Franco también han tropezado con dificultades al investigar lo que Hedilla hizo en Salamanca durante la noche del 16-17 de abril y en la semana siguiente. Arturo Barea contó en 1.941 que se había permitido a Hedilla emigrar a Sudamérica, después de una serie de aventuras rocambolescas en Salamanca. Emmet Jhon Hughes, observador altamente favorecido, escribió en 1.945 que Hedilla había sido condenado a muerte después de un complot armado contra Franco y que, liberado en 1.939, era entonces un oscuro descargador en el puerto de Mallorca.

Venero nos cuenta, con el consentimiento evidente de Hedilla, que esa noche decisiva éste envió emisarios a que visitasen a los falangistas disidentes con la misión de hacer la paz, misión que – por accidente – terminó con la muerte de dos falangistas. La verdad escueta es que en la noche de autos, Hedilla, siguiendo la tradición falangista, envió sus hombres armados a cumplir una misión violenta que terminó trágicamente. Hedilla cometió un error político al provocar un escándalo en la casi capital que era Salamanca, error que Franco y Serrano Suñer estaban esperando y que aprovecharon