Lecturas Ejemplares ( III )
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Agudo López, Ricardo. Fusilado (Ilegalmente): 18/06/39 In Memoriam (25) |
Fascismo español (Crímenes en el bando rebelde): Falange.
El último argumento visto en el anterior artículo, tampoco tiene en cuenta el imperativo de carácter militar de efectuar una limpieza de retaguardia. En cada pueblo que el ejército de África ocupaba en su camino hacia Madrid, fueron practicadas matanzas con el solo objeto de obtener una retaguardia asegurada. Un pequeño ejército invasor avanzaba en terreno hostil. Como el ejército debía seguir avanzando, encargaba la tarea de realizar la limpieza en su vulnerable retaguardia a elementos no militares. Generalmente se trataba de escuadrillas de Falange, que asesinaban sin medida alguna. Estos crímenes no eran provocados por ninguna actividad “quintacolumnista” de las victimas, sino por el hecho de que los oficiales temían la posibilidad de que se llevase a cabo una actividad posterior de este tipo. El mismo fenómeno se produjo en Galicia, donde Hedilla desempeño un papel considerable. Las fuerzas armadas nacionalistas debían marchar hacia el Este, en dirección a Ribadeo y hacia Asturias, y al Sur en dirección a Ponferrada y León. Las autoridades civiles, en su mayoría falangista, se hicieron cargo de la tarea de proseguir la depuración de la retaguardia, tarea innecesaria si los rebeldes hubiesen tenido el apoyo popular que pretendían y han pretendido siempre tener.
El argumento mayor de García Venero para eximir a la Falange de toda responsabilidad en este baño de sangre, es el súbito crecimiento de la Falange al comienzo de la guerra civil. Los crímenes falangistas, afirma, fueron obra generalmente de los “camisas nuevas”, espíritus impuros, todavía no formados en la significación del estilo de la Falange. Esto constituye un soberbio sofisma. Toda la literatura producida por la Falange puede ser reducida a una definición: exaltación de la violencia. La violencia es glorificada desde Ramiro Ledesma a José Antonio. La personalidad de este último poseía más de un rasgo del chulo bajo su elegante barniz. Su frase sobre “la dialéctica de los puños y de las pistolas” es algo poco noble en la boca de un español de su posición social. El falangista más formado, más adicto, la más “vieja camisa” era aquel que adoptaba como moral el estilo de vida violento.
Una curiosa justificación de la violencia del nacionalsindicalismo se encuentra en un libro de Pedro Laín Entralgo. En su prefacio leemos: “He escrito cuanto sigue como falangista y como católico, y con el evidente propósito de servir a la vez a una y otra causa”, Y más lejos: “El nacionalsindicalismo, sin caer en derivaciones seudorreligiosas, sabe bien el valor cristiano de la violencia justa, y exige una acción violenta al servicio de la justicia social y de la justicia nacional. Y, en el más alto término de la justicia cristiana”. El autor pensaba, como muestra con el texto del libro, en la violencia al servicio de la causa de la “Nueva Europa”. Ninguna autoridad católica se lo reprochó.
Pero quizá la razón más importante para explicar el prolongado silencio impuesto en España sobre este capítulo de la historia española sea que su análisis revelaría la forma fría, brutal e inhumana como fueron cimentada las bases del poder político de Franco. El destino ayudó a Franco con la eliminación de Sanjurjo y Mola. Pero Franco ayudó siempre implacablemente a su destino. “Permitió” que su amigo y protector Gil Robles fue expulsado al exilio. “Permitió” que el dirigente carlista Fal Conde fuese desterrado, pero solamente después de haber estudiado concienzudamente la posibilidad de fusilarlo. Hizo condenar a muerte a Hedilla. Y sobre la desaparición de este construyó Franco su poder político. Sin embargo, al mismo tiempo que su violencia se ejercía sobre Fal Conde y Hedilla, Franco contraía ante la historia una deuda enorme, política y moral, hacia tales hombres. García Venero descubre algunos elementos de este aspecto del carácter de Franco, despiadado constructor de su poder absoluto, pero no ha considerado necesario u oportuno terminar el retrato del principal beneficiario individual de la guerra civil española.
Bajo el control de Queipo, Andalucía fue escenario de un programa sistemático de exterminio del enemigo. Los principales aliados civiles de los militares fueron los falangistas. Antonio Bahamonde, que trabajó muchos meses como “delegado de peopaganda” de Queipo de Llano ha informado sobre la represión en Andalucía: “han sido los jefes de Falnge los que daban las instrucciones a sus camaradas para matar a éste y al otro. No ha sido un desbordamiento de masas que no existía a su lado, sino una acción conjunta de Queipo y la Falange, que es para lo único que siempre han estado de acuerdo”.
“Al principio el piquete de ejecución lo formaban falangistas. Estos fusilaban muy mal, no acertaban a la primera descarga y los tenían que rematar en el suelo. Los moros fusilaban cogiendo el fusil debajo del brazo, en una postura muy especial. Sus disparos son muy certeros; nunca fallan ni hacen necesario el tiro de gracia”.
En la hagiografía franquista Queipo es el gran hombre que burló al enemigo. En realidad Sevilla, conocida plaza fuerte de los trabajadores, fue dominada por la inmediata imposición de un brutal terror.
“La primera noche de la era “azul”, Falange inició el dominio por el terror sin precedente en la Historia de España. (...) Los que poseían carnets de cualquier sindicato los ponían en un lado, el resto formaba otro grupo, y les decían: “Sigan por el centro de la calle con los brazos en alto y un pañuelo sin volver la cabeza, derechos a sus casas”. Al segundo grupo, al de los sindicados, les mandaban marchar por el centro de la calle en dirección contraria; no habían dado diez metros cuando una descarga les hacía caer en tierra (...)”.
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isabel61 dijo
Siempre me ha llamado la atención José Antonio Primo de Rivera. Alto, moreno, guapo y buena labia, sus discursos se siguen escuchando o leyendo. Vestido siempre de azul, con las mangas remangadas hasta el codo y pantalon negro (moda fascista de la época).
Supongo que a Franco no le haría mucha gracia tener a alguien así que le hiciera sombra.
Se ha hablado mucho sobre si fue Franco quien se lo quitó de en medio o pudo o no salvarle. Hay testimonios diversos, y bastante contradictorios. Es curioso que Ricardo de la Cierva (el cuentista) en su libro 'Historia esencial de la guerra civil española' se refiera a un proyecto inglés que el gobierno de Burgos desautorizó, según fuentes del entorno de Juan de Borbón. Pero por otra parte parece innegable que el mismo Franco dió su visto bueno y financió el intento llevado a cabo por Agustín Aznar que, con un comando falangista, llegó hasta Alicante aunque tuvo que desistir de su empeño.
En fin amigo, que la cosa no está del todo clara, y convendría investigar este tema (cuántos cabos sueltos), para que aflorase la verdad y todos supiéramos definitivamente qué se hizo o no, o qué se pudo hacer realmente.
Si tienes información, comparte, que yo no entiendo qué hacen los dos juntitos en el Valle de los Caídos. Besos
18 Mayo 2007 | 12:39 AM