Agudo Díaz, Ramón. Fusilado (Ilegalmente): 12/06/40 In Memoriam (24)

Fascismo español ( “Destinado” a conseguir un imperio colonial exterior, el fascismo español solo logró hacer posible durante años la explotación con métodos coloniales del pueblo español por una minoría): Falange.

El papel de la Falange en la guerra civil fue fundamental. Sin la componente fascista, la victoria de la coalición que se sublevó contra la república era imposible. Reducir, siguiendo la moda de hoy, el papel de la Falange al de instrumento sangriento de represión, al de portador de un folklore banalmente poético, al de fuerza política y militar auxiliar, de importancia relativa escasa respecto a otros agentes de la victoria franquista, elimina del contexto de la guerra civil la relación dialéctica entre tales agentes.. La guerra de clases que fue la contienda española y la derrota popular quedan reducidas a la categoría de fenómenos aberrantes, que solo pueden ser explicados desde el exterior de ellos mismos. Sin duda por ello la mayor parte de las historias de la guerra civil han concedido mayor importancia a factores no específicamente políticos para explicar las causas, el desarrollo y el desenlace de la contienda: potencia inicial de la fracción sublevada del ejército, influencia de la Iglesia, peso sociológico de la clase dominante, intervención fascista exterior, abandono del gobierno republicano por las democracias europeas. Algunos han añadido a esto la división política del campo republicano. Pero el proceso de unificación política de los rebeldes queda sin estudiar seriamente.

La ideología de la Falange, que tan superficial aparece hoy a todos y con razón, constituyó el mejor elemento unificador de un conjunto de individuos, de grupos con intereses profundos comunes, cierto, pero no por ello menos antagónicamente opuestos por ambiciones inmediatas. ¿Hubiera podido Franco “resolver” a su favor la cuestión dinástica que polarizaba, daba aspecto político a las luchas personales entre los generales rebeldes, sin la casi omnipresencia entonces de la ideología falangista?

De manera excesivamente genérica se ha acusado a la Falange de haber sido el gendarme, la fuerza represiva en retaguardia de las tropas mercenarias de los militares sublevados. La acusación es harto merecida, bien fundada en sus líneas generales. Sobre todo es un expediente fácil para encubrir realidades más significativas y para deshacerse de un enemigo o de un antiguo aliado que ya molesta, convirtiéndole en emisario de pecados comunes. Ni siquiera aumentando el terror más allá del grado a que lo llevó, desconocido hasta entonces en España, hubiera podido el pequeño ejército rebelde, sometido al desgaste de las operaciones bélicas, sostenerse durante el primer años de la guerra sobre la mitad dl pueblo español, según expresión ahora en boga, “como pez en el agua”.

Los militares rebeldes necesitaban una organización que asegurase, de manera automática, espontánea y con cierta coherencia discriminatoria que evitara que el medio se convirtiera en fin de si mismo, la policía postvictoria en su retaguardia. Es decir, aplicar una represión y una policía con criterios políticos rentables, y no un terror suicida. Otros grupos rebeldes cumplieron este papel tan cruelmente como la Falange, pero ninguno de ellos llegó a su grado de eficacia en esta tarea. Los generales rebeldes caminaban hacia su pérdida si no lograban reclutar fuerzas militares auxiliares que permitiesen el empleo intensivo de sus tropas de elite en la guerra ofensiva. Nadie como la Falange proporcionó fuerzas militares auxiliares, reclutadas – y el hecho es importante – incluso entre enemigos potenciales, cuando no declarados, de los rebelde.

La Falange proporcionó cuadros orgánicos, propaganda, consignas que canalizaran políticamente los sacrificios impuestos por la guerra. Incluso los que hoy atribuyen el apoyo popular que recibieron los militares rebeldes una importancia que nunca tuvo, esquivan afrontar las razones, denunciar el motor, de las manifestaciones de más o menos aparente entusiasmo popular que a lo largo de la guerra “sostuvieron” a los rebeldes. De manera preponderante, la organización que hizo posible tales fenómenos fue la Falange. Además de otros aspectos negativos, el carlismo, fuerza rebelde con una innegable base popular, tenía una implantación loca limitada. Los demás grupos políticos que contribuyeron a la sublevación tenían como carácter orgánico común sus modalidades de reclutamiento estrictamente selectivo, aristocratizante. No eran pues, instrumentos para el encuadramiento de masas. La Falange, grupo más joven, dotado de una demagogia pseudorrevolucionaria, separado de los otros grupos políticos por una pasado reciente de querellas violentas, animado de una concepción totalitaria de la sociedad española, era el único dispositivo válido para encuadrar y guiar, no solo a los indiferentes de siempre sino a los enemigos de ayer. Su éxito asimilador fue innegable durante la guerra civil. Este éxito hizo de la Falange la presa más codiciada por Franco para lograr a través de ella y en beneficio de él la unificación política de los grupos, clasísticamente homogéneos pero políticamente heterogéneos, de los sublevados.